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NOTAS DE PRENSA

Ribeiro, Alceu


"A. Ribeiro: Mundo constructivo" por Juan Manuel Bonet (España, 2006).

El veterano pintor, muralista y escultor uruguayo Alceu Ribeiro reside desde 1974 en Palma de Mallorca, una isla que desde los tiempos de Rubén Darío ha atraído a los creadores latinoamericanos. Hace unos meses estuve en su estudio allá, en un viejo caserón laberíntico del centro de la ciudad, donde además de pintar, les enseña a otros los rudimentos del oficio. Disfruté de la contemplación de algunos de sus hermosos cuadros, y de algunas de sus piezas tridimensionales. También de su lúcida conversación, apasionada y apasionante, siempre salpicada de algo tan consustancial al carácter uruguayo, como es el humor.

En la placidez de Palma, Ribeiro rememora una existencia antaño errante, que se inició en Artigas, en la estancia “El Catalán”, en 1919, que prosiguió luego en Montevideo, y que ha estado puesta siempre bajo el signo de la pintura, una pintura que para él, como para la mayoría de los miembros de su generación uruguaya –incluido su hermano menor Edgardo-, se identifica con el Taller Torres-García, en el que ambos ingresaron en 1939, gracias a una beca.

Alceu Ribeiro, uno de los principales supervivientes de aquella trascendental aventura estética, que marca un antes y un después en el arte uruguayo y en términos más generales en el del continente americano, concilia, como su maestro, obras de carácter constructivo, muchas de ellas sobre soporte de madera, y en las que la realidad es reducida a símbolo, a ideograma, con otras de estirpe naturalista, algunas de ellas alusivas al grato paisaje que tiene hoy en torno, un paisaje mediterráneo, clásico, que bajo sus pinceles se nos revela –hay que ver en ello una nueva forma de la fidelidad del pintor al morador de “Mon Repos”- entrañablemente “noucentista” [...].


"El camino solitario del pintor Alceu Ribeiro" por Lourdes Alceu (España).

Cuenta una leyenda que un tuareg, cansado de peregrinar buscando agua de oasis en oasis, elevó la vista al cielo y preguntó a las estrellas: ¿Continuo? El parpadeo de Orión le indicó que siguiera. Desde aquel instante, el tuareg es visto solo, con el índigo de sus ropajes desteñido y con la mirada siempre al frente. Nadie recuerda ya la edad que tiene. Él tampoco. Sólo avanza. Bajo un cielo de estrellas, inmutable.

Alceu Ribeiro nació en una tierra de vastos pastos, en la hacienda El Catalán en el departamento de Artigas, Uruguay. De niño cabalgaba junto a su hermano Edgardo, dos años menor que él. No habían nacido para gauchos. Amaban la pintura de manera intuitiva. El magisterio de Torres García, artífice del arte constructivo, es patente en la pintura de Alceu, pero como aquel tuareg, el primogénito de los Ribeiro-Mendiondo sigue interrogando. Al firmamento de la tela.

Fuera hay demasiada luz y perturba la luz interior. ¿Por qué pienso en aquel beréber cuando miro a Alceu Ribeiro? Primero porque es un hombre azul, de indumentaria, y también de mirada. Sus pinturas derraman lágrimas que él enmarca o siluetea en un fuerte trazo negro como el tuareg se pinta el contorno de sus ojos con el köl. No es triste la pintura de Alceu, no nos equivoquemos. Sus cuadros, no los naturalistas donde él mismo apenas se identifica, sus obras constructivas, donde el ritmo, el tono, la síntesis del lenguaje aprendido, invitan a mirar a lo lejos. Más allá del primer plano que en su obra camufla el volumen. A Alceu no le interesa el volumen de los objetos sino el espacio que crean. El poso. Y ahí es donde yo veo esa lejanía, ese distanciamiento de la escena que sus cuadros ofrecen. Esa distancia es aquella vastedad de prados que de niño cabalgó cuando no quería ser gaucho de ganadería alguna. Es la misma distancia del tuareg que le hizo caso a las estrellas y siguió avanzando por el desierto. Es la mirada de la nostalgia, del que está sin estar en ninguna parte, en permanente movimiento. Quizá por eso algunos de sus cuadros se descomponen, rompen la lógica visual que pone espacio en la composición. La de Alceu es superposición, amontonamiento, rompiendo entonces la perspectiva  de gran espacio vacío.

La mirada lejana es esa lágrima azul que él deposita en una pincelada cargada de pigmento y, que, sin embargo, es generosa al hacerse mancha rotunda en los contornos.

Los tuaregs hacen el camino mirando al cielo, donde descubren signos y estelas que les permiten seguir. Son los números que Alceu pinta en sus cuadros, quizá con un mensaje cabalístico de quien se sabe solo sin querer la soledad. De ahí que la pintura de Alceu se convierta en mapa, llena de signos impresos, coordenadas, como las huellas que el dedo beréber deja en la arena cuando él traza la reproducción del firmamento en la tierra. Pintura que reflexiona sobre la fugacidad y que en el caso de Alceu se quiere construir metódica, con obstinada voluntad de permanencia. Ahí también veo yo nostalgia de aquel que mira cómo los barcos aguardan en el puerto la llegada del pasajero. Los barcos de Ribeiro son una constante. ¿Por qué? ¿Qué intención los sitúa en la tela? La gran nostalgia de este tuareg gaucho que ya no volverá a los pastos, al Uruguay de tierra adentro, el de esa luz interior que no quiere ser perturbada. Las islas son el reverso de los oásis, tierra en el medio de un vasto lienzo de agua. Supervivientes en su aislamiento y a la vez con la mirada puesta en un horizonte que no se alcanza aunque se sabe finito. Esas son las telas de Alceu Ribeiro que en Mallorca se hicieron firmes, aunque la pintura no real, su pintura mental se hubiera manifestado en cualquier lugar. Lo dice él. No sé si creerle. El tuareg viejo que se ve a lo lejos sólo tiene sentido contemplado en la soledad del desierto. Alceu beréber de Uruguay requería habitar una isla para tender miradas pictóricas llenas de nostalgia, del que no está en ninguna parte.

Como no está en el estudio. Su espacio mental trasciende el taller, donde Alceu acude a buscar refugio, como la "cueva" que él denomina una y otra vez. Desde el principio el taller fue para el pintor de Artigas un lugar de encuentro, donde fraguar hermanos corales como se hicieron él y su hermano Edgardo, asistidos por el magisterio de Torres García. La pintura deviene entonces en instrumento de comunicación que permite, por unas horas, distraer la tremenda nostalgia de Ribeiro, sustraerle por un momento de su encuentro ya inevitable con el espacio de la tela. Es ahí donde se encuentra el taller. A sus 86 años volvió a cambiar de estudio, se trasladó a un barrio obrero y quedó atrás la escuela-taller de la calle Danús en el centro de Palma. Tuvo miedo de encontrarse solo al alejarse del corazón de la ciudad, de ser abandonado por los amigos, de no ser visitado. Sonríe satisfecho porque aún siguen acudiendo a su lado para compartir charla, rodeados de sus cuadros, colgados en bodegón como se hizo hasta mediados del siglo XX. Acude cada mañana a la calle Trobada, (en catalán significa encuentro) -ya ven cómo es el destino de contumaz y expresivo-.

Desde la mudanza, apenas pinta. Imagino su mirada a un espacio que al igual que el anterior tiene forma de túnel, alargado, con un foco de luz exterior procedente de un pequeño patio al final de ese pasillo. Le imagino recostado en una mesa cercana a la entrada del taller dibujando en esas hojillas de cuaderno de contable viejo donde en su reverso están los números de la suerte que semana a semana le hacen soñar con ganar quinielas. En una minúscula zona de cocina donde hierve el mate, cuelga un compás  con el lapicerillo prendido. Una foto en blanco y negro de Torres García le revela al "maestro" profeta; parece un Moisés. A la derecha la pared llena de cuadros, de distintas épocas, algunos de sus alumnos. Sí, Alceu sigue dando clases; ya digo que su taller no está ahí sino en su pintura mental que luego brotará en la tela. Viste azul, una rebeca de lana pulcra. Mira atento al objetivo del fotógrafo -Alceu tiene una elegancia innata, es alto y sus manos largas-; es coqueto. Alceu apenas pinta pero sigue construyendo como el viejo tuareg al que la leyenda ve subido en su camello, mirando a las estrellas, buscando en su aritmética la estela de un territorio que no está en ninguna parte. Sólo en sus sueños.


"Encuentro con Alceu Ribeiro en el Museo", Diario El País (Uruguay, 2007).

El artista vive en Mallorca desde hace varios años.

Hoy a las 19 hs. en el Museo Nacional de Artes Visuales hay un encuentro con el pintor Alceu Ribeiro, destacada figura de la plástica uruguaya, radicado desde hace décadas en Mallorca. El artista mantendrá un diálogo con el público para hablar de su carrera y de sus actividades en las Baleares.

Nacido en Artigas en 1919, Ribeiro llegó a Montevideo a los 20 años y junto a su hermano menor Edgardo comenzó a estudiar pintura con Joaquín Torres García. Formó parte del taller durante la década siguiente, hasta la muerte del maestro, viajando además por Perú y Bolivia.

Luego de integrar numerosas exposiciones colectivas de esa escuela fundó el Taller El Molino, desde el cual desplegó la docencia y una variada actividad cultural, realizando murales de mosaico en grandes edificios públicos y privados, como el Palacio de la Luz y el Sindicato Médico. Profesor en la Universidad del Trabajo, viajó por Europa y Sudamérica en misiones oficiales y de intercambio, hasta que en 1974 se trasladó a Palma de Mallorca para incorporarse al taller de su hermano.

La cita con el artista de 88 años es en Julio Herrera y Reissig y Tomás Giribaldi (tel. 711-60-54) y la entrada es libre.


Catálogos:

 
 
     
   
   
       
     
   
 
     
   
 
         
 
       
     
 
 
   
 
     
   
     
 
   
 
 
 
 
   
 
     
 
 
     
   
     

"Entrevista a Alceu Ribeiro", por Irma Sanche­z (España, 2006).


"Ay del desgraciado que dice: ´He llegado´
"Pintor"


Tengo 86 años. Nací en Artigas (Uruguay) y vivo en Palma de Mallorca desde 1975.  Enviudé y me casé con una mallorquina y tengo dos hijos.  En el taller siempre hemos tratado de no hablar de política, pero yo soy de izquierdas. Soy un ateo respetuoso, para mí la muerte es un gran interrogante.  Expongo en la sala Dalmau de Barcelona.


- ¿Qué habré hecho con los 86 años vividos?
- ¿. ..?

- Pasan a una velocidad vertiginosa. Creo que en el proceso del tiempo se nos ha asignado menos de un soplo; eso es la vida.

- ¿Los años nos cambian mucho?
-  Yo siempre le pregunto a la gente: "¿Tu corazoncito se quedó donde lo pusieron mamá y papá o el tiempo lo fue desplazando hacia el lado conservador?". Algunos me contestan y otros no.

- ¿Cuál es su propia experiencia?
- Tengo dos palabras para definir la actitud humana, una positiva: solidaridad, y otra negativa: privilegios.

- ¿Usted sigue siendo el que fue?
- De niños nos pasábamos el día dibujando a nuestra familia: los gauchos, los caballos, los cerdos, las vacas, los perros. Pero nuestro recuerdo capital fue haber aprendido con el gran maestro Torres García.

- ¿Por qué habla en plural?
- Éramos dos verdaderos hermanos, se murió hace unos meses y me falta. En el proceso vital y pictórico siempre estuvimos juntos.

- ¿La vida nunca se le ha hecho insufrible?
- Me resulta un poco frívolo contarlo, pero siento que tengo dos duendes, el positivo y el negativo. Cuando me siento muy deprimido digo profiriendo palabrotas: "¡Al diablo el duende malo!", y llamo al bueno.

- ¿Viene?
- Sí. Uno puede pasar ocho días lamentándose, pero ni uno más sin tomar una actitud de lucha. Sigo siendo un viejito muy activo.

- ¿De dónde le viene tanto positivismo?
- Mi padre, que tenía nueve hermanos, era hijo de un terrateniente, un viejo jugador brasileño que cada tanto mandaba un telegrama diciendo que vendieran 200 o 300 cabezas de ganado y que le enviaran el dinero.


- O sea, que a su padre le llegó poco.
- Un día nos reunió: "Estamos sin un real, ¿qué hacemos?, ¿nos ayudamos?", y nos abrazamos todos. Mi padre acabó a los cincuenta y tantos años convirtiéndose en lo que le gustaba de niño: carpintero.


- ¿Qué ha sido lo más difícil?
- Lo sigue siendo: dar con la pintura. Yo todavía tengo esperanza de decir "éste es mi primer cuadro", pero ay del desgraciado que dice "he llegado".

- Diez años con un maestro ¿no son demasiados?
- Demasiado pocos, porque Torres García era un hombre y un pintor excepcional, nunca nos cobró nada, y si nos faltaba un color, abría su caja y nos daba el suyo.


- ¿Nunca se rebeló contra el maestro?
- La verdad de Torres era imposible negarla y el constructivismo ha sido mi lenguaje.


- ¿Cuándo se separó de él?
- A su muerte. "Cuando se sientan desanimados - nos decía siempre-, vengan al taller y les daré una inyección de optimismo. No se encierren en su dolor, se volverán huraños".

- ¿Cómo es que son todos tan buenos?
- Mi padre siempre nos decía: "Mire, mi amigo, cuidado con la palabra bueno porque es sinónimo de tonto. Yo lo fui toda la vida y ustedes llevan mi camino". No se equivocó.


- ¿En serio cree que los buenos son tontos?
- Creo que el ser humano nace puro, y algunos en el rodar de la vida cogen el camino erróneo, otros resistimos. Pero lo que es el bien y el mal, eso lo sabemos todos. Me horroriza que en la actualidad la paz haya sido cambiada por la guerra. Por suerte, siempre hay personas que se juntan para hacer el bien y van salvando a la humanidad.


- ¿Se podía vivir de la pintura en los años cincuenta en Uruguay?
- "El Flaco Ribeiro - decía la gente- es como el caballo del ajedrez, come un día sí y dos no; come salteado".


- ¿A quién imitaba usted?
- A Cézanne.


- ¿Se le pasó?
- La pintura comienza donde la imitación termina. Uno despacito va adquiriendo conocimiento de las cosas. Yo nunca encontré una definición de arte, pero hay una frase de Matisse que me interesa mucho: "Volver a ser niño pero con conocimiento", ése sería mi concepto. Y Stravinsky decía que el arte es lo contrario del caos.


- Eso es muy constructivista.
- Sí, y hay una frase de Georges Braque que Torres García incorporó como propia y nos transmitió a sus discípulos: "Amo la regla que corrige la emoción". El constructivismo es el juego dual de pasión y razón, una actitud en cierto modo clásica.


- Su segundo matrimonio ocurrió hacia los 60 años, ¿se ama distinto a los 20?
- No creo que la intensidad varíe, pero el amor de la madurez lleva la simiente de la experiencia. A los 20 lo intuyes, a los 60 sabes con certeza que el amor hay que alimentarlo.


- ¿Y cómo lo hace?
- Mi mujer tiene demasiado carácter, pero la sé llevar y mimar. El otro día le decía: "¿Sabes?... A mis 86 años sigo queriéndote muchísimo, pero además te necesito. Necesito el amor de la compañera que sé que está si la necesito". A mí me emociona pensar que eso lo estoy viviendo.


- ¿Ya ha superado al maestro?
- No, qué va, pero ya soy independiente. Me dejó un concepto y lo he hecho mío. Y a mi vejez he alquilado un local. Me lo miro y me digo: "No es mío pero sí lo es", lo pago con la jubilación. Siempre estuvo la cuestión de cómo llegar a fin de mes.


- Eso es duro.
- He condicionado mi vida a la pintura.


- ¿Qué le gusta por encima de todo?
- La gente que lucha por la vida.


"Alceu Ribeiro, un Constructivo", por Mariana Draper (Barcelona, 2000).

Durante los últimos meses de 1997 mi padre y yo conocimos personalmente a Alceu Ribeiro.  Hasta aquel momento sabíamos de su trayectoria por ser parte importante del Taller Torres-García, por la magnífica monografía editada por el Gobierno Balear o por el catálogo del Museo Reina Sofía (Madrid, España) dedicado a la Escuela del Sur.  Hacía tiempo que su trabajo nos interesaba y cuando por fin tuvimos ocasión de coincidir, un vínculo muy especial nos unió no sólo a la obra sino también al personaje.  Poco tiempo después exponía en nuestra galería siendo aquella su primera muestra en Barcelona.

En esta nueva exposición en la Dalmau, hemos querido destacar de una manera especial sus "maderas", como él las llama.  Auténticas joyas vanguardistas traídas de otra cultura.  Obras en las que se conjuga un primitivismo indígena pletórico de ingenuidad con un deje de modernidad indiscutible.  Obras que por su factura y por su pobreza de medios causaron escándalo en el Montevideo de los 40 y que ahora se nos antojan de una vigencia absoluta.

El tiempo con su inefable tamiz ha dado definitivamente la razón a la labor de un hombre que sin prisas y sin miedo ha sabido "hacer su obra", ha sabido ser fiel a sí mismo manteniendo a la vez el poso de su formación torresgarciana.  Ha sido fiel no sólo a una forma de pintar sino también a una forma de vivir.  Como preconizaba su maestro, ha sabido vivir el Constructivismo.  Toda una filosofía.


"El constructivismo es ir a lo seguro, yo prefiero jugármela", por Javier Lyonnet Diario "El País" (Uruguay).

Alceu Ribeiro, uno de los discípulos vivos de Torres García más importantes vino a Uruguay para inaugurar una escultura en Artigas. Museo de Artes Visuales planea una muestra de su obra.

  

Es uno de los discípulos rebeldes del taller Torres García: se abrió del constructivismo, tuvo sus propios talleres (junto a su hermano Edgardo) emigró a España y este mes vino a Uruguay para cumplir una promesa: una escultura en su Artigas natal.

 

La última vez que Alceu Ribeiro había viajado a Uruguay lo dijo casi al pasar: "al final de una charla -no sé hablar, comienzo tartamudo y acabo más o menos libre- y les dije a los artiguenses, `me gustaría hacerles una donación, tengo una maqueta, me gustaría que fuera una escultura`. Me aplaudieron. Y enseguida salió una señora a comprometerme: `que se lleve a cabo, le tomamos la palabra`. Y yo me comprometí en serio".

 

Ese compromiso se cumplió el 13 de octubre de este año. Lo que empezó como un dibujo en Palma de Mallorca terminó como una mole de hierro de 1.000 kilos de peso y tres metros de altura en la Plaza del ferrocarril de la ciudad de Artigas.

 

"Al principio lo miraba y casi no lo creía, porque de una estatua de un metro y pico a un monumento de más de 3 metros, impresionaba, me producía un sacudón fuerte. Creo que la gente, metiéndose en un mundo mental de cosas no figurativas, siempre le va a buscar "una cara", es el afán de Juan Pueblo de verle forma real a una cosa no figurativa", comentó a El País sentado entre cuadros de su autoría en la Galería Portón de San Pedro. En el mismo lugar en el que cambió su vida en 1974 cuando su hermano menor, Edgardo, también alumno del Taller del Sur, lo "conminó" a emigrar a Palma de Mallorca.

 

La inauguración del monumento fue el único motivo que trajo a Ribeiro a Uruguay, a sus 87 años. Pero el Museo de Artes Visuales reaccionó rápido y le organizó un homenaje, mientras que la Intendencia de Montevideo lo nombró ciudadano ilustre. "Me horrorizaba la idea de ser la figurita a la que se dirigen todas las miradas", dijo, sin embargo, no considera que eso sea un signo de modestia: "No soy humilde, no quiero parecerme a los de la escala media. Miro hacia arriba, soy un pretencioso, quiero estar arriba".

 

Paisanos y Vanguardia

Alceu y Edgardo tenían facilidad para dibujar. Habían nacido en la estancia El Catalán y, como dice Alceu, "vocacionalmente éramos definidos, vaya a saber de dónde". De las vacas, los caballos y los gauchos del fogón hay un largo trecho hasta que en 1939, becados por la Intendencia de Artigas, los hermanos Ribeiro aterrizan en el taller Torres García en Montevideo. Alceu tenía 20 años. Aprendería allí durante los siguientes 10, hasta la muerte del maestro.

 

"Don Joaquín nos acogió sin ninguna condición, nunca nos cobró nada, siempre con una generosidad y un cariño enorme", relató.

 

"El constructivismo", analiza Alceu, "tiene unas normas que son previsibles. Uno cae en la tentación… si te atienes a las reglas va a salir un cuadro que te queda correcto. Ahora, dijera el hijo catalán, Augusto (Torres), si haces una estructura, un trazado geométrico con el compás de la sección áurea, una relación de tres a cinco, `y ya está el fantasma de mi padre detrás`. Y es una gran verdad. Una estructura bien hecha, siguiendo una serie de principios te da un buen resultado. Que eso es una crítica a los integrantes del taller Torres: está bien que lo hagas de vez en cuando, pero juégate un poquito más, eso es ir a lo seguro".

 

Por eso, dice el pintor, "yo prefiero jugármela". El estilo, eso sí, "siempre es hijo de Torres, aunque siempre salen unos hijos medio rebeldes. En Palma me dicen que ven un cuadro mío en cualquier parte del mundo y lo reconocen".

 

Desde que dejó Uruguay, Ribeiro ha tenido relativamente poco contacto con Uruguay. Su única exposición en 34 años fueron unas maderas en Punta del Este, en la galería del extinto Gustavo Tejería.

 

Ahora, luego de esta visita, parece activarse una muestra en el Museo de Artes Visuales. Así lo mencionó la directora de la institución, Jacqueline Lacasa. "Ya se está hablando, y eso me horroriza, de una futura exposición", dice Alceu y pone cara de que se va a dejar ayudar y convencer. La muestra sería "no muy amplia pero sí muy seleccionada" según convinieron informalmente el artista y el ministro Mariano Arana.

                                                                                                                          

El estilo:  "Siempre es hijo de Torres, aunque salen unos hijos medio rebeldes", afirmó.

                                                                                                                          

Ribeiro habla con soltura de su cotización y no está conforme con los precios que se paga por su obra en Uruguay, comparándolos con España. Para un hombre que vivió toda la vida -excepto un mes- de su pintura, está incorporado el concepto de que la pieza es también una mercancía. Pero mientras habla de esto, recuerda episodios que parecen decir, que el fin y al cabo, todo es tan relativo. Como éste: "Yo podría haber tenido 10 cuadros de Torres, algunos de jerarquía. Cuando Torres vendía los cuadros a 200 y 300 pesos, a mí me habían dado un premio en la UTE de 7.000 pesos. ¿Te das cuenta? Si podía haber comprado Torres. Además, si voy y le digo a Don Joaquín, hubiera tenido la fortuna de que me ayudara a elegir los mejores cuadros. Pero teníamos todos los cuadros que se nos ocurría a disposición y nunca tuve un Torres. Hubo otros compañeros que fueron más vivos… mi hermano tenía dos Torres".

 

Ahora, además de los cuadros falsos, le fastidia mucho "que comienzan a aparecer en remates obras que eran ensayos, que mal o bien no me representan, y además se prestan a la falsificación".

 

Un monumento que demoró 7 años

 

Parecía fácil pero llevó siete años de idas y vueltas, e hizo falta que la galería Portón de San Pedro pagara los gastos, pero el monumento de Alceu Ribeiro ya está en su ciudad natal. Como él quería, cuando donó la maqueta que la municipalidad de Palma de Mallorca quería comprar para instalar una escultura en la isla. Sofía Loureiro, directora de Portón de San Pedro, y el escultor Ruben Fernández se movieron para que el homenaje, en vida, se pudiera realizar. Para financiar su construcción, tres réplicas de la escultura constructiva abstracta serán puestas a la venta. "La maqueta la hice para mí, fue un ensayo", cuenta el artista: "tener un dibujo, encontrar en la calle un cartón grueso, sólido y decir, vamos a hacer una experiencia. Y una vez hecho empezó a despertar curiosidad. Uno que vino al taller quiso hacer un vaciado en hierro. Y allá marchó. Cuando la vi en hierro impresionaba".

"Es casi un honor que me falsifiquen"

Vio obras falsas con "su firma" en Punta del Este.

"Han falsificado a todos los grandes, es casi un honor que me falsifiquen a mí", se ríe Ribeiro.  El ejemplo que encuentra más a mano es algo que le pasó en Punta del Este.  En una galería.  "Había dos Ribeiro.  Estaban bien hechos, pero no eran míos, el tema era algo que nunca hubiera hecho.  Además estaban firmados A. RIBEIRO, todo en mayúsculas, que nunca en mi vida.  Entonces le dije a la muchacha:  "están casi a mi nivel, pero que haga el favor que se fije como firmo".  Quedaba horrible".  Además de dos cudros falsosn había dos auténticos.

"Y al cónsul en España" -agrega- "le vendieron un cuadro grande, con una ventana, que yo pinto tanto.  Y le habían agregado una hoja gigante.  Le dije a la galerista (española), que esa obra no era, y me dijo que había que decírselo pero yo no me animé".  Ribeiro nunca pudo rastrear el origen de cuadros falsos.

A parte de eso, señaló:  "Es curioso, generalmente los cuadros que van  a remate, son los cuadros que has regalado no importa a quién".

La Familia Real de España en su taller

En un retrato los representó en su casa de Mallorca.

La esculutra de gran tamaño, como la que se instaló en Artigas, no es una constante en la obra de Ribeiro.  "Ahora me está gustando hacer obra de mayor dimensión", contó.  "En tela, hice un retrato hace poco en España de la familia real de 2 metros por 2,90". Cuando se lo encargaron, le pidió consejo a su marchand:  "sal del Palacio Real, no le pongas sillones ni cortinas.  Sácalos a la playa, donde se te ocurra", fue la sugerencia.  "¿Y si los llevara a mi taller?", se le ocurrió a Alceu.  Así, el Rey Juan Carlos, la Reina Sofía, el Príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina "visitaron" el taller en Palma del pintor uruguayo.  "Los reyes llegaban a mi taller, a mirar el boceto que estoy haciendo  de sus tres hijos.  No están posando mirándome a mí, están de perfil mirando otro cuadro.  Quedaba bastante original, fuera de la reiteración.  Y cuando lo vio el principito -yo me enteré porque me dijeron- lo encontró muy sobrio".


"Retrospectiva de Alceu Ribeiro", por Juan Luis Calabarro Diario "Última Hora" (Palma de Mallorca, España).

 31 mayo 2006

El constructivismo como sacerdocio

 
Alceu Ribeiro. Retrospectiva - Casal Solleric

En tanto que corriente artística de vanguardia, el universalismo constructivo mantuvo evidentes lazos con el creacionismo huidobriano y, a mi juicio, supuso un perfeccionamiento del cubismo en lo que se refiere a la capacidad de transmitir la idea de estructura, de obra autónoma y desvinculada de la realidad referencial. En su célebre taller de Montevideo, un Joaquín Torres-García ya anciano pero en una intensa fase creadora y docente transmitió en la década de los cuarenta todo lo aprendido durante su estancia en Europa, su técnica y su doctrina a un grupo selecto de discípulos, de entre los que destacó y destaca Alceu Ribeiro (Artigas, 1919), mallorquín desde 1974 y protagonista hoy de una espléndida muestra.



Como su maestro, Ribeiro se mantiene activísimo a una edad muy avanzada y firma cuadros en los que vibra la misma energía que lo empujaba a pintar cuando llegó con su hermano Edgardo a la capital uruguaya. Dejando aparte las obras que él califica de naturalistas, la línea constructivista seguida por el artiguense le ha valido ante la crítica la comparación con Walter Deliotti y, naturalmente, con el mismo Torres-García. Cabe señalar que el constructivismo es para sus seguidores, más que un estilo, un sacerdocio: a Ribeiro no le ha interesado tanto labrarse una originalidad propia como difundir –con su obra y a través de su actividad docente– el ideario constructivista en el que valores éticos universales van inseparablemente asociados a los estéticos. Pero la sinceridad, mejor que la originalidad, afluye a las manos del genio bajo especie de una poderosa personalidad. La paleta y cierto tratamiento de los contornos, por ejemplo, hacen inconfundible la obra de Ribeiro entre las de sus otros colegas. Otros rasgos son compartidos: la anulación de la perspectiva, el sacrificio de la forma al ritmo de la estructura, el empleo de signos, la disposición ortogonal de los elementos... Algunos temas permiten exprimir al máximo la técnica constructivista: los espacios portuarios, en particular, como ámbitos de enorme profundidad y de cruce de perpendiculares en que la quilla de un carguero en movimiento supone una aprovechable ruptura de líneas. El ejercicio de someter todo este conjunto a un plano de frontalidad resulta extraordinariamente sugestivo.

"El Krekovic expone obras de 5 sudamericanos residentes en la Isla", fuente elmundo-eldia.com (Islas Baleares, España).

Alceu Ribeiro, Cándido Ballester, Rafael Amengual, Jorge Pombo y Angel Boldovino muestran 25 obras de diferentes estilos del arte contemporáneo .


MARCOS TORÍO

PALMA.- Kristijan Krekovic pasó cuatro años de su vida viajando por Perú, interesado por los ancestros del pueblo sudamericano. Después, en los 60 llegó a Mallorca y desarrolló su carrera en la Isla. El museo Krekovic continúa estableciendo paralelismos entre la vida del artista croata y las exposiciones que presenta, por eso, muestra, desde hoy mismo y hasta el 7 de enero, 25 obras de cinco autores sudamericanos afincados desde hace décadas en Mallorca.

La crisis política y social obligó a Alceu Ribeiro, Cándido Ballester, Rafael Amengual, Jorge Pombo y Angel Boldovino (nacidos en Argentina y Uruguay) a abandonar sus países. Se instalaron en Mallorca y su obra se entiende como producto de «las experiencias de ese cambio y las consecuencias de enfrentarse a una nueva vida», explicó la comisaria, Pilar Serra.

Serra destacó que los cinco artistas tienen trayectorias diferentes e individuales y pertenecen a distintas corrientes del arte contemporáneo. Amengual se inscribe en el Informalismo; Ballester, en el Surrealismo; Ribeiro, en el Constructivismo. Pombo se decanta por lo figurativo y Baldovino por el arte abstracto.

La comisaria recordó que Mallorca ha sido tradicionalmente «un lugar de encuentro» para los artistas sudamericanos y citó, como ejemplo, al grupo de artistas argentinos que formaban la llamada Escola de Pollença.

Los artistas participantes en la exposición reconocieron «el ambiente y los paisajes hermosos y luminosos» como fuente de inspiración.

La consellera de Cultura del Consell de Mallorca, Dolça Mulet, anunció que se está trabajando para que Artistes d'Amèrica del Sud: Tres dècades a Mallorca pueda exhibirse en el Espai Mallorca de Barcelona.


"Se Declara Monumento Histórico Mural de Alceu Ribeiro", fuente: Presidencia de la República (Uruguay).

19/12/02 – SE DECLARA MONUMENTO HISTÓRICO MURAL DEL ARTISTA ALCEU RIBEIRO

 

VISTO: la gestión promovida por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación para que sea declarado Monumento Histórico el Mural del artista uruguayo Alceu Ribeiro que se encuentra en e! edificio del Sindicato Médico del Uruguay. CASMU No 1, sito en la calle Colonia esquina Arenal Grande de la ciudad de Montevideo

RESULTANDO I) que se trata de una producción artística del célebre artista uruguayo Alceu Ribeiro realizada en 1954

II) que es un mural de 6 metros con 68 centímetros por 2 metros con 78 centímetros con técnica de mosaico y estilo constructivista de alto valor estético

III) que Alceu Ribeiro junto con su hermano Edgardo, fueron de los primeros integrantes del Taller Torres García y el mural referido en esta oportunidad, es un claro testimonio de la obra muralista propia del taller del Maestro Torres García

CONSIDERANDO I) que la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación entiende necesaria la preservación como Monumento Histórico de esta obra del artista nacional Alceu Ribeiro como un importante testimonio de la cultura nacional y de la trayectoria del taller de Torres García;

II) que el Poder Ejecutivo animado del propósito de rescatar para el acervo nacional expresiones artísticas como la referida, accederá a lo solicitado y declarará Monumento Histórico el Mural realizado por Alceu Ribeiro que se encuentra en el edificio del Casmu N° 1 de la ciudad de Montevideo

ATENTO: a lo precedentemente expuesto, a lo informado por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, a lo dispuesto en la Ley 14.040 del 20 de octubre de 1971, y en el Decreto Reglamentario 536/972.

EL PRESIENTE DE LA REPÚBLICA  

RESUELVE:

1.- Declarar Monumento Histórico el Mural con técnica de mosaico y estilo constructivista realizado por Alceu Ribeiro de 6 metros con 68 centímetros por 2 metros con 78 centímetros emplazado en el Edificio del CASMU N° 1 en la calle Colonia y Arenal Grande de la ciudad de Montevideo

2.- El mural deberá ser cuidado por el propietario. y cualquier acción de preservación deberá ser previamente autorizada por la Comisión del Patrimonio, debiendo el propietario tomar las medidas de salvaguarda respecto del Mural en caso de la realización de trabajos en el edificio que pudieran afectar la integridad o dañar al Monumento Histórico

3.- Comuníquese al Ministerio de Educación y Cultura, al Ministerio de Transporte y Obras Publicas, a la Intendencia Municipal de Montevideo, a la Junta Departamental de Montevideo, a la autoridades del Sindicato Médico del Uruguay, a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación

4.- Cumplido, remítase a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, para su registro y archivo.-


"Alceu Ribeiro", extraído del Libro "Artigas, de los aborí­genes cazadores al tiempo presente".

Alceu  Ribeiro
Nació como su hermano Edgardo en el Catalán (Artigas, Uruguay), el 13 de diciembre de 1919. Ambos ingresan en 1939, al taller del maestro Torres García en usufructo de una beca. Allí realiza estudios de dibujo, arte constructivo y cerámica y pronto se destaca como uno de los alumnos más aventajados. Al año siguiente es premiado su óleo "Paisaje" en el Salón Municipal de Montevideo. Nuevamente es distinguida su obra en los salones de los años 1942, 1945, 1946, 1958 y 1959. En los salones nacionales reciben premios sus obras en 1941, 1942, 1943 y 1945. 

Ha desarrollado una vasta obra como muralista. En 1949 realizó el mural del Palacio de la Luz, mosaico ganado por concurso; otro en el Sindicato Médico del Uruguay; en 1961, en el edificio "El Malecón", de Pocitos; en 1962, el mural de bronce del edificio Seré y el ejecutado para el Altar Mayor de la Iglesia de las Hermanas Carmelitas, entre otros para residencias particulares. (Plásticos uruguayos, tomo II). Por largos anos participa en las muestras colectivas e individuales del Taller Torres García. En 1951 integra la exposición antológica "La Figura en la Pintura Uruguaya". Ese mismo ano su obra es representada en la "Exposición de bocetos y estudios de pintura mural de artistas uruguayos", organizada por la Sociedad de Arquitectos en el año 1951. Dos años después expone sus obras, individualmente, en la Facultad de Arquitectura. 

En 1963, en uso de una misión oficial del Museo de Bellas Artes del Uruguay realiza un viaje de estudios por diversos países de América Latina y de Europa. Ese mismo año funda, con el apoyo de la Intendencia Municipal de Montevideo el taller "El Molino", para la enseñanza de pintura, del que surgieron conocidos artistas como Andrés R. Montani, Neder Costa, Haude Sonia Gobby y Manuel Raúl Deliotti. Fue asimismo profesor de dibujo y pintura en la Universidad del Trabajo. 

Ha expuesto sus obras, en Montevideo y en diversas ciudades del interior. También en Argentina, Venezuela, Colombia y Holanda. 
Está representado en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, Museo de Cea, de Medellín, Colombia, Municipalidad de San Pablo, Brasil y en colecciones particulares de Uruguay, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Checoslovaquia y Alemania. En el álbum "Artigas – la tierra – El hombre – Revelación y destino"; que dirigiera el autor de esta obra en 1968, dijo el crítico de arte José Pedro Argul, refiriéndose a la pintura de Alceu Ribeiro: "Actúa en la tradición de Torres García. Color y grafía señalan esa ascendencia, pero su tonalidad no es tan grave como la del antecedente y sí, más liberada. En cuanto a la utilización del grafismo – el imperecedero grafismo de Torres García que no obedece a los recorridos objetivos, sino que desprende un lenguaje de sugestión y expresividad propia – se distingue en su discípulo por lo enérgico, seguro y contundente". Radicado actualmente en Palma de Mallorca (España) Alceu Ribeiro, en 1985, en una visita por poco tiempo a Montevideo, expuso en maderas su nueva obra. 

Al respecto ha manifestado, refiriéndose a su elaboración: "Muy interesante para mí, ya que la pintura exige una descarga muy concentrada de la tensión: es un trabajo de poco tiempo. La madera es más lenta y más imprevisible. Cuanto se ha cortado y compuesto en la superficie que la soporta no es nada, todavía, o es simplemente una madera que no trasmite nada. Para que diga algo hay que trabajarla, hacerla sufrir y pintarla encima de forma que el color no arruine la sensación de volumen. Todo este proceso exige una tensión muy dosificada a lo largo del tiempo. Quiero decir que sin el oficio sería imposible construir estas obras, pero que lo que queda de ellas, al final, no es su factura sino lo que trasmiten". 
A su vez, Eduardo Vernazza, ha dicho de su obra actual: "Indudablemente se trata de una original puesta en composición. Tablas o lingotes que penden y como cuadros-escultóricos quedan allí, frente a la pared, para que puedan observarse todas sus cualidades en la proyección de las sombras y en la belleza de los ritmos". 
 
 

   "Pez rojo" (acrílico y madera) - 1990 Naturaleza Muerta (acrílico y madera) - 1981

 

Fuente: ARTIGAS, DE LOS ABORIGENES CAZADORES AL TIEMPO PRESENTE por Aníbal Barrios Pintos
Editado por: Ministerio de Educación y Cultura


"Alceu Ribeiro: El Proto-Taller", Diario "El Paí­s" (Uruguay).

Conoció al Maestro en el 39 y formó parte  con su hermano Edgardo de la generación que abrió las puertas al famoso grupo de los 7 discípulos. Hoy es tiempo de reencuentros.  

 

A los 82 años, de paso por el Uruguay en una estadía que amenaza repetirse en setiembre, Alceu Ribeiro recuperó con su sola presencia el lugar de privilegio que ocupa dentro de la pintura nacional. Es uno de los grandes del Taller, junto con su hermano Edgardo, pero un cúmulo de circunstancias lo apartó de la gran vidriera y lo alejó de las luces. No se lo incluye dentro de los famosos siete discípulos que supuestamente heredaron el cetro de Torres y eso lo apartó del dorado núcleo. Pero el número de siete fue una simplificación.También pudieron ser nueve,  o diez, o doce, aunque siete es un número razonable. Se apartó muy rápidamente del constructivismo y eso para la cúpula torresgarciana resultó  letal aunque de todos los discípulos solo Pailós y Matto siguieron practicando. Se le vio como uno de los líderes del paisajismo y el paisajismo casi pasó a ser mal visto en los años del despotismo abstracto. Aunque los suyos fueron bien planteados, estructurados, hermosos paisajes. Estuvo diez años con el Maestro, casi un récord pero se apartó luego del Taller para  moverse en ambientes propios y ese gesto independentista tampoco lo benefició desde el punto de vista de la ortodoxia. Se fue del Uruguay en el 74 y en el 76 se instaló definitivamente en España. Durante esa larga ausencia, casi cortó sus vínculos con el país: no volvió para realizar muestras. Hasta que lo rescató Gustavo Tejería hace tres años no tuvo un galerista oficial que lo trabajara  y lo difundiera. No figuró en ningún envío, se olvidaron de él en Figari. Fue como si no existiera. Incentivado por Tejería ha vuelto. Una exposición suya de maderas en el verano puntaesteño demostró la vigencia de su calidad y de su frescura: es un maestro que reclama legítimamente su espacio plástico. Le deben una gran retrospectiva y también un par de metros cuadrados en el Parque de las Esculturas. Pero todo eso se acerca. El 2002 es para Alceu Ribeiro el año del reencuentro.

 

GENÉTICA ESCONDIDA

Dos hermanos que vienen  del Interior  en 1939, de Artigas precisamente, becados por la Intendencia de ese departamento para estudiar pintura en Montevideo, no es un hecho frecuente aunque en esos tiempos existieran más gratificaciones oficiales que ahora. Una beca en yunta es una rareza. ¿ De dónde vienen los antecedentes artísticos de los hermanos? ¿Fue la genética?

-  En todo caso una genética escondida. Mi padre tocaba la guitarra y le gustaba cantar, afinaba muy bien y tenía pasión por la buena música pero de pintura no sabía nada. Era un excelente carpintero y dibujaba bastante bien. De ese codo pudo haber salido el “injerto”.

 

¿Cuántos hermanos eran?  

-  Eramos cuatro: tres varones y una mujer. Mi hermano mayor  fue el primero en venirse a Montevideo para estudiar arquitectura y sus contactos nos abrieron puertas.

 

¿Tuvieron enseñanza plástica en Artigas? ¿ Cómo accedieron a la beca?  

-  Supongo que tuvimos una compartida inclinación natural con Edgardo. Nos hacíamos los carboncillos y dibujamos sobre las hojas de periódico. Hicimos exposiciones, la clase de exposiciones que se hacían “tierra adentro”, ( “dice en el español semi castizo que le ha dejado su residencia en Palma de Mallorca”).

 

¿No existió ningún profesor en particular, alguna influencia notoria?  

-  Bueno, estaba don Eladio Dieste que tenía una biblioteca que era el referente artiguense. Su hijo, el Ingeniero Eladio Dieste fue compañero de Edgardo y en algunas vacaciones, Chiquitúa como le decíamos nosotros, llegó a ir al pequeño campo de pesca y correrías a caballo.

 

El detonante fue la biblioteca de Dieste. ¿ Dieste era algo así como el humanista del pueblo?  

Exacto

 

¿Su familia tenía campo?  

En la época de mis abuelos, los Ribeiro y los Brum eran algo así como los dueños de medio Artigas, exagerando. Estaban en la región del Catalán. Después la cosa se fue yendo a menos.  

 

DOS PREDESTINADOS 

¿Ribeiro es un apellido portugués?

-  Si, mi abuelo era brasileño.

 

Edgardo y Ud. se vienen en el 39, Ud. con dos años de liceo hechos, y se insertan  en el medio plástico. Dos canaritos recién llegados, dicho con el mayor respeto, que logran rápidamente establecer el mejor contacto posible. ¿Cómo lo lograron?

-  A través de Florio Parpagnoli, que había sido profesor de mi hermano. Se suponía que íbamos a entrar a Bellas Artes,  se le muere la hija a alguien importante de la institución, las clases se demoran y Florio,  para ganar tiempo, nos conduce hasta Torres.

 

Llegan a Torres por casualidad.

-  Por casualidad pura.

 

O por destino

-  Por destino, seguro.

 

¿Dónde se produce el encuentro?  

En la calle Mercedes.  Torres estaba ahí entonces y nosotros vivíamos en Guaná, a a pocas cuadras. No tiene sentido que le hable de la excepcionalidad de Torres. Nunca nos cobró un peso. Nos sacaba un peso con disculpas, solo para editar el Removedor, y luego nos dedicaba un ejemplar a cada uno. A mi hermano y a mi. Llegó un momento que lo fastidiábamos tanto  que tuvo que poner sus límites.Un día nos dijo: “¿Saben una cosa? A mi también me interesa pintar. Le voy a fijar dos días para corregir los trabajos. El resto de la semana quedo enteramente a  las órdenes de Uds. pero los quiero para trabajar en mi obra”. Para entonces ya estaba en Abayubá.

 

¿Quiénes eran discípulos  de Torres cuando Ud. lo conoce.Porque en el 39 estaba  lo que podría llamarse el proto-torresgarcianismo?  

-  Entre los discípulos y seguidores estaban Alfredo de Cáceres, Héctor Ragni, Canizar, Alvarez Márquez, Rosa Acle (es importante susurra) y la mujer de Felisberto Hernández (informa por Amalia Nieto este uruguayo tan mallorquin que en algunos casos se ha quedado en el pasado).

 

¿Eran todos discípulos?  

Eran discípulos, pero pintaban ahí.

 

Ud. y su hermano integran la segunda camada. La que después vendrá a ser la más importante. La que integran las estrellas del Taller.

Cuando nosotros llegábamos solo hacíamos constructivismo. Torres estaba en pleno entusiasmo constructivista entonces y no admitía otra cosa. Después se flexibilizó. Estábamos nosotros, los Ribeiro, Alpuy que llegó de la mano nuestra, Jonio Montiel, y los hijos, claro. Y empezaron a llegar los otros.los que contemplaron el núcleo central: Fonseca, Gurvich, Matto y Pailós, que creo,  que fue el último de la gran serie.

 

Estaban en pleno constructivismo entonces.

-  Torres no quería enseñar naturalismo.  Pero bajo cuerda, con Agusto (Torres) comenzamos a practicarlo, le llevábamos algunos cuadros y él los corregía.  Mi verdadero maestro fue Augusto en realidad, con el visto bueno de don Joaquín.  Yo nunca le dije maestro, creo que fui de los pocos. Le pedí autorización para decirle don Joaquín.  Y con su cortesía de siempre me dijo: “Llámame como quieras”. Con Augusto salíamos a pintar las quintas.

 

 

OTRO ENTORNO 

¿Las del Miguelete?

-  No, eso fue antes.  Las de Carrasco, íbamos a las de Mendizábal, que era hermosísima, a la de los italianos, a una que quedaba al lado y la conocíamos como la de Don Bachicha, que era el nombre del dueño. Y a la famosa quinta de los caballos que estaba justo en los Portones. El dueño iba a buscar el estiércol para su quinta a Villa Doloresy se traía del zoológico todo lo que tiraban hasta las osamentas. En el terreno había una enorme montaña de esqueletos de caballos.

 

¿Ud. y su hermano seguían viviendo en el Cordón?

-  No, fuimos unos verdaderos gitanos.  Pasamos por todo Montevideo.  El segundo lugar donde nos fuimos fue a un apartamento en la Calle Caiguá, despúes que pasa frente a la iglesia de Jackson sube la cuesta y desemboca en Máximo Gómez.  Allí era donde salíamos a pintar las quintas del Miguelete.

 

¿ Que era un arroyo limpio?

-  Era un hilito de agua, pero limpio es cierto.

 

¿ Quién lo acompañaba en esas excursiones?

-  Salíamos a pintar con Manolo Lima.

 

¿Manolo fue del taller?

-  Por lo que me consta no, aunque Torres lo corregía a veces, Manolo siempre fue un rebelde out-sider. El Taller encorsetaba su espíritu libre.

 

Tocó un tema clave, ¿se sentía mucho el peso del Taller? ¿Dolía tanto la mirada del Maestro?

-  Mire, el Taller tuvo dos épocas. Estuvo el Taller sin reglamento y el Taller con reglamento.

 

¿Cronológicamente en que orden?

-  No existía un reglamento cuando éramos pocos. Luego, al ser más, se estableció un reglamento con estatuto y todo. Los que se valieron más de él, como suele suceder, los que más lo utilizaron y hasta abusaron de su poder, fueron los mediocres. Cuando la gente aumentó fue evidente que se hacía necesario un reglamento. Y hasta San Vicente, que también era de Artigas, casi llegó de mi mano y se convirtió en un fanático de la Escuela, al pasar a ser el Secretario, no tenía mas remedio que aplicar el reglamento.

 

¿Ud. llegó a tener algún problema con el Reglamento?

-  Con los que manejaban el reglamento, no con Torres. Me presenté a un concurso sin pedir permiso y me echaron.

 

¿Quedó fuera de la Escuela?

Me fui a hablar inmediatamente con Torres y le explique lo sucedido. ¿A Ud. le interesa el Taller? ¿Le sirven mis clases? me preguntó.  Y a  mi se me cayeron las lágrimas. Observe, se lo cuento ahora, más de medio siglo después y se me quiebra la voz. Me quitó la sanción desde luego.

 

Está emocionado es cierto. Medio siglo después se sigue emocionando. Cual era la trama donde  se asentaba el poder sin límites del Maestro? ¿Era la pasión que ponía en sus cosas? ¿La entrega que sentía por el arte? ¿La absoluta concordancia entre lo que predicaba y lo que hacía? ¿La dimensión de su obra?  

-  Era todo junto. Era una trama como de Ud.

 

¿Llegaron a ver la obra que hacía?

-  Nos la mostraba toda. Era de una enorme generosidad. Pintaba un cuadro y lo exponía para que lo comentáramos. Le importaba la opinión de todos, era sincero, o ingenuo, no se. A éste no llegó, le decía. O este me gusta mucho. Alguna ve me atreví a hacerle alguna observación.

 

No parecía ser muy dócil en ese sentido.  

-  Era de un honestidad total.  Volvía al tro día y decía: “Ud. tiene razón en lo que me dijo”, o lo contrario. “Lo que se ocurrió decirme  estaba mal y pasaba a explicarme porque yo me había equivocado.  Siempre estaba en la enseñanza.

 

 

LA PROVOCACIÓN

Pero no me diga que era un hombre dócil porque no se lo creo.

-  Bueno no diría que dócil.  Un día estábamos con Spósito que iba en un mal día.  Y empezó a criticar sin empacho toda la Obra de Torres, sin mirarlo y pateando despacito los cuadros.  Torres no abrió la boca y cuando se despidieron lo citó para una fecha determinada.  Como fuera de serie que era, entre los dones que tenía estaba la buena educación.  Ni bien se fue Spósito nos llamó y nos dijo que le evitáramos una repetición de esa visita, dado lo ocurrido.  Pero Spósito volvió creo, y se disculpó y todo.  Pero no integró la Escuela.

 

Proporcióneme las fechas de su ciclo con Torres.

-  Desde el 16 de marzo de 1939, cuando lo conocí y asistí a mi primera clase hasta su muerte en el 49. Pero yo no lo quise ver muerto. No lo fui a ver. Preferí atesorar la imagen del Torres vivo.

 

¿Cuáles son sus pasos despúes del 49? ¿Empieza con las clases?  

-  Había empezado antes. Yo le había pedido permisos a don Joaquón. Nos ofrecieron clases en Secundaria, a mi en Salto y a mi hermano en Minas. Para entonces ya corrían los cincuenta. Mi hermano se va a Minas y yo me hago cargo de su Taller. Tenía un grupo de 8, 10 alumnos. Mi hermano fue un verdadero funda-talleres.

 

¿Era el Taller del Molino?

-  No, eso fue después. Era en la calle Médanos. Luego conocimos al Dr. Germán Rubio, el médico de don Joaquín, que nos dio una mano y nos alquiló una casa en Malvín. La utilizaba para caerse. Por ahí llevaba incluso la comida porque era un sibarita, y se iba para la playa. Después mi hermano se casó. Yo me fui con mis padres que habían venido a Montevideo y finalmente me casé yo también y me instalé en Punta Gorda.

 

¿De que vivía en los primeros tiempos?

-  En los primeros y en los últimos, siempre viví de la pintura y de las clases. En los 50 ya vendía algo. Y siempre sacaba algún Premio. Nos tiraban con algún mendrugo. Una vez -eso fue antes- me dieron uno de 150 justo cuando a Torres lo rechazan. Yo fui a decirle que lo iba a devolver porque era injusto. Me lo impidió, “ lo que Ud. ganó está bien, es justo. Lo injusto es lo que me hicieron a mi”, me dijo. Después ganó el Gran Premio con un Paisaje del Mentón y a causa de eso estaba autorizado a exponer al año siguiente obra fuera de concurso. Al año siguiente ocupó la pared central del Salón Nacional con una serie toda constructiva. Fue el regocijo total. Había ganado la batalla.

 

 

 AÑOS DUROS

¿Se podía vivir de la pintura en los años cincuenta?

-  Como poder, no se podía. Yo viví temporadas enteras de puré y berro. Antes de casarme. Después me tuve que organizar, pero tenía la ventaja de que no pagaba alquiler porque la casita pertenecía a mi suegra. Para entonces vivía en General Paz casi Rivera. Excepto un mes de mi vida, siempre fui fiel a mi vocación. –en una oportunida conocí a un vendedor de seguros de ómnibus y me tomó para llevar y traer expedientes a la Caja de Jubilaciones. Era una empresa Argentina, “La Itálica”, y se fundió al mes. Me quedé sin trabajo.

 

Tuvo mala suerte.

-  Tuve suerte.

 

Me corrijo. Hablé desde el duro corazón el mercantilismo. Alceu, cómo funcionó el grupo del Molino de Pérez?  

-  Fue una linda época. Cómo pasa en cualquier burocracia, el trabajo se reparte mal y sólo trabajan unos pocos..Alfred Aristigueta era un organizador nato. Era el alma del Molino. Teníamos el Taller, hacíamos actos culturales y también reuniones inocentes pero ruidosas. Como los vecinos se quejaron del ruido, solucionamos el problema invitándolos. Había una estufa enorme y se hacían parrilladas.

 

Con algo de vino  

Algo de vino, pero  no demasiado

 

¿Quiénes estuvieron en el Molino?

-  Hubo un grupo muy bueno. Estaban Deliotti, que ahora ocupa un lugar de destaque, y su primo Raúl, Juan Storm, Pepe Monte, Stewart, Tito Paravís, que es un  pintorazo, Aude Gobbi y muchos más.

 

Ud. y Deliotti han termionado siendo los exponentes torresgarcianos de las maderas actuales.

-  Me han encantado siempre las maderas. Es un material que me provoca mucho y me llevo muy bien con ella.  Cómo dicen los mallorquines: soy muy “manita”, tengo habilidad manual.

 

Salió a su padre. 

Es cierto.

 

¿Qué vino después el Molino?

-  Nos corrieron del Molino porque lo iban a refaccionar. Tuve una pelea brutal con el arquitecto porque lo quería revocar y yo le decía que le quería quitar el tiempo, la historia del ladrillo viejo, el musgo. Finalmente nos fuimos. Aristigueta nos consiguió el Tajamar de Carrasco y allí estuvimos otros años. Luego enviudé, me estaba divorciando. Andrés Percivalle nos consiguió unos cursos en la Escuela de Artes Aplicadas.Por un tiempo viví en Atlántida, en un chalet que me prestó Ricardo Barbé. Y como corolario final llegó la dictadura. Yo no tuve nada que ver con los episodios que sucedieron pero el país no era el mismo y mi hermano se hacía idea de ir ya para Mallorca en el 73.

 

 

TRAMO ÚLTIMO

Y le siguió los pasos y retomó la antorcha de sus talleres

Algo así.  Un día estaba en el "Portón de San Pedro" y Julián Murguía llamó a Edgardo por teléfono y lo puso en habla conmigo. Quería venirse a tomar unas vacaciones al país, buscaba un sustituto, me dijo que tenía una hermosísima casa para ofrecerme y que además podía ganarme unos buenos pesos. No le contesté de inmediato. Me costó irme. Finalmente Luis Baitler me consiguió el pasaje y partí hacia allí. Con resquemores. Pensar que un sudamericano subdesarrollado le fuera a enseñar a los europeos no era una idea fácil. Pero la verdad es que a las dos semanas de estar en Mallorca ya me sentía cómodo.

 

¿Se fue en el 74 y se quedó?

-  Primero fui cinco meses y me volví. Pero Edgardo insistió en reincidir con su visita uruguaya, y tuve que volver a ocupar su lugar. Para entonces había mas alumnos, se habían formado dos grupos y me quedé un año completo. Me volví a enamorar, me casé de vuelta  y en el 79 me instalé en Palma de Mallorca para siempre.

 

¿Cómo está integrada su familia?  

-  Tengo un hijo, Diego, que es médico Psiquiatra y vive en Uruguay.  En Palma están mi mujer actual, Isabel Aleñar, y mi hijo Oscar.  El menor tiene 15, vino ahora conmigo al Uruguay, y se volvió por las clases, y quedó enloquecido con el país.

 

¿Dónde tiene el Taller?

-  En Danues 3, primero. Y vivo a unas pocas cuadras. Voy caminando. Como tuve un infarto, me hace bien caminar.  Volví a tener el viejo Taller que tenía Edgardo Es una preciosa casa.

 

¿El que Ud. dijo que fue Monumento Nacional?

-  No, ésa fue el piso superior de la droguería Corbella, que Edgardo consiguió al ponerse de charla cuando fue a comprar unas pinturas y terminó armando un grupo.

 

Lo concreto es que Edgardo se vino y Ud. se quedó en Palma aparentemente para siempre. Pero con planes de un intercambio constante. Era hora. No le quiero criticar el encanto de Palma. Pero tiene deudas a pagar con el Uruguay. ¿Retorna en Setiembre?

-  Prometí una escultura para ser erigida en Artigas.

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