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NOTAS DE PRENSA

Berdía, Norberto


Fallece Norberto Berdía

El domingo 13 de marzo de 1983, falleció en la ciudad de Buenos Aires el pintor, grabador y muralista compatriota Norberto Berdia.  Nacido en Montevideo el 6 de junio de 1900, Berdía cursó estudios artísticos en el Cirulo de Bellas Artes con el maestro  Guillermo Laborde y realizó cursos de perfeccionamiento en Buenos Aires, México y Europa, llevando a cabo, a la vez, numerosos viajes por el continente americano; conoció así los tesoros artísticos de México, Bolivia, Perú, Ecuador, Cuba y Paraguay.

Berdía fue impactado por la predica entusiasta de David Alfaro Siqueiros, uno de los más celebres exponentes del muralismo mexicano quien estuvo en Montevideo en 1933. Su personalidad y principios estéticos influenciaron a este pintor nacional interesado en el rescate de la temática americana y el desarrollo de la pintura mural.

El posterior viaje de Berdía a México en 1945, en usufructo de la Beca de Perfeccionamiento otorgada por la Escuela Nacional de Bellas Artes le permitió conocer personalmente las grandes obras del muralismo mexicano. Mientras estuvo becado en México estudió con Federico Cantú, uno de los seguidores del movimiento iniciado por Orozco, Rivera y Siqueiros, perfeccionando diversas técnicas murales y compenetrándose con el espíritu de ese movimiento medular para las artes americanas.

Entre las décadas del 30 y el 50, toda América Latina se vio influida por la estética muralista mexicana, de tal manera que se reestimaron las iconografías autóctonas y se vivió una fuerte corriente americanista; Berdía se adhirió a ese vasto grupo que deseaba rescatar la temática nacional a través de un lenguaje con proyecciones populares y universales.

Su postura fue bastante singular en nuestro país dado que pocos artistas han intentado abordar la temática vernácula, inclusive desde el punto de vista biográfico su historia personal es original, pues en lugar de ir primero a estudiar a Europa como lo hacía la mayor parte de los contemporáneos, prefirió ir a México.

A lo largo de su prolífica y heterogénea vida creativa, Norberto Berdía recibió numerosas distinciones, entre ellas cabe citar el 1er. Premio de Pintura Decorativa en la Exposición del Centenario, el 1er. Premio del XII Salón de Artes Plásticas en 1948, el 1er. Premio del 2do. Salón Bienal de Artes Plásticas en 1955 y el Premio al mejor artista extranjero en Buenos Aires.

Asimismo, participó en las Bienales de San Pablo, Pittsburgh y Córdoba y sus obras se encuentran en numerosos museos de América Latina, USA,  y Europa. Entre su producción cabe señalar dos grandes murales: “Libertad de prensa”, realizado para el diario El País y “América” que se encuentra en el Hotel San Rafael de Punta del Este.

A pesar de que gran parte de su producción está dentro de los lineamientos de la figuración, Berdía transitó también por lenguajes abstractos, tanto geométricos como informalistas. Sería interesante poder apreciar las diversas facetas de este artista nacional, a través de una retrospectiva que permitiera conocer su producción a las generaciones más jóvenes y a la vez posibilitar un estudio crítico y evaluativo de su obra.

 

 


"Berdía", por Alfredo Andres Diario "La Opinión" (Buenos Aires, Argentina; 1980).

Una buena colección de Berdía, en quien el constructivismo tuvo una señera influencia, se expusieron en buena hora en la Galería Sarmiento, ya que recién ahora se están conociendo en este lado del Río de la Plata, los quilates del artista aludido.  La obra de Berdía es la de un pintor -pintor, es decir, alguien que se expresa a través de los materiales propios de tal oficio, convirtiendo el tema en pretexto para dar su visión del mismo (un poco a la vez por el compositor Igor Stravinski).  Lo visto corrobora la buena factura de la obra de Berdía, en quien el aludido constructivismo, más que una fórmula neta (como ocurrió con los maestros de esa tendencia) o una propuesta a desarrollar (caso Marcelo Bonevardi), es un ingrediente, cierto toque no exento de finura, que el autor imprime en mayor o en menor medida, de acuerdo a sus intereses.

Alfredo Andres


"Norberto Berdí­a", por Rafael Squirru (Buenos Aires, Argentina, 1980).

Norberto Berdía pertenece a la categoría de los maestros del Río de la Plata.  Es una de las más nobles categorías a que pueda pertenecerse en este panorama movedizo del arte contemporáneo.

Fiel a sí mismo, la suya es una trayectoria de las que no conocen desmayos ni desvíos.  Se trata del devenir coherente de un estilo que desemboca en éstas, sus horas más maduras, en la exaltación del color, a través de paisajes en su mayoría nacidos en diálogo con los bosques de la costa uruguaya.  Así como nuestro Horacio Butler ha logrado que no podamos ver o pensar en el Tigre, sin que lo hagamos a través de su visión pictórica de este ámbito, así también será difícil recorrer los parajes de las arboledas hermanas sin que acudan a nuestra memoria estos paisajes de Berdía.  De rara solidez y de firme estructura son estas relas que no por el tamaño modesto de sus dimensiones dejan de encerrar la vastedad de un espacio, que sólo pueden atrapar las almas afines a su grandeza.

Impresiona en la obra de Berdía, la seguridad de sus armoniosas composiciones sin restar a la lucha implícita en cada una de sus telas.  Lo fácil en este tipo de planteo hubiese sido atenerse a una fórmula, debilitando los resultados.  El microcosmo de Berdía nos habla de lo contrario.  Cada trabajo se nos ofrece como solución a planteos formales, que no por parecidos, restan a eso que de lucha conlleva a la tarea plástica.

A lo dicho deberemos agregar la conquista de un color vibrante, que confirma aquello de Unamuno de que hay que ser viejo de joven, para poder llegar a las horas de madurez con semejante impulso juvenil.  Uno de los aspectos que más nos conmocionaron de esta muestra de Berdía es la tremenda energía juvenil que transmiten y uno de cuyos múltiples méritos es la fuerte dosis de alegría que logran contagiar.  Podría Berdía exclamar con Xul Solar cuando dejaba de pintar:  "Se terminó la diversión".

Reconforta pensar frente a esta sucesión de hallazgos pictóricos, que dodavía el arte de los pinceles puede deparar al contemplador la sana euforia que celebra la vida.

Rafael Squirru

Buenos Aires, 1980.


"Norberto Berdía", por Ernesto B. Rodrí­guez.

Desde San Telmo nos llegan visiones habituales y extrañas a la vez, pr medio de una técnica plástica, decantada, sólo posible cuando se ha tenido como Berdía una larga e intensa experiencia con los ismos que surgen del realismo y la abstracción, hasta llegar a concertarlos en un solo lenguaje plástico, su lenguaje.

Ernesto B. Rodríguez.


"Berdí­a", por Eduardo Baliari.

Norberto Berdía vinculado a la plástica argentina desde hace tantos años, que se adjudica un porteñismo de bien ganada adopción, vuelve ahora con una sorprendente indagación sobre el espíritu de la barriada Sur, mediante la audaz aventura de descubrirla en sus muros, que es como decir reencontrar al teimpo.  En esos muros descascarados por el tiempo, está indudablemente escrita una historia más propicia a la literatura que a la pintura.  Pero Berdía nos descubre el secreto de una potencialidad comunicativa sin hacer concesiones de aquel tipo, quedándose exclusivamente en la pintura.  Sin trampas, salvo la de tener que penetrar en ese casi misterioso mundo de una elaboración del color y de sus matices, extraídos de una pincelada densa cargada de un contenido pictórico que surge de ese contraste dramático entre la realidad y la invención, pero una invención que no desvirtúa su origen.  Varios cuadros muestran un estado especial de logro en la marcha de este artista, en quien el eimpo no vicia de facilidades técnicas sino de una sabiduría que se nos presente como juvenilmente espontáneo.

Eduardo Baliari.


"Berdí­a", por Osiris Chierico.

Hay en Berdía una evidencia, la sólida estructura conceptual que ha sostenido en todo momento su obra, sus distintas etapas, el proceso de su aventura expresiva.  Y esto último, es particularmente raigal en Berdía.  Ni siquiera cuando su pintura pareció acercarse con su acentuación a planteos plásticos puros estaba renunciando a la expresión como carga esencial, como objeto último.  La realidad como punto de partida, su transforamción a través de una alquimia personal condicionada sólo por sus problemas expresivos.  Desde sus figuras de la década del treinta, sólidas y sensibles, rematadas en la notable "Campesina" de 1940, que parece resumir todo ese período, hasta los últimos paisajes libres, dinamizados, enriquecidos con la lúcida captación de lo más valioso de la experiencia plástica contemporánea.

Osiris Chierico


"La obra de Berdía", por Vicente P. Caride.

Sin teorías intelectuales o experimentales, Berdía consigue siempre una forma de expresión que otorga derecho de existencia solamente a los problemas esenciales.

En los momentos actuales en que los excesos polémicos arrojan sus dardos sobre el "tema", como una requisitoria que denigra al artista, señalemos bajo la advocación augusta de Seurat, que "la anécdota no reside en el objeto elegido sino en la interpretación que le se le da".  Es a esta luz que Norberto Berdía bucea en la fisonomía espiritual del hombre y la tierra americanos, para ofrecernos las "trasposiciones plásticas" que reducen las vibraciones de un esíritu y la vigilancia de una atención inteligente, que participa de la vida de su tiempo;  y nos invita a entablar un diálogo con el paisaje y el hombre del nuevo mundo.

Vicente P. Caride.


"Norberto Berdía", por Sigwart Blum.

Cuando nuestro siglo, el XX, se escribía con dos ceros, el mismo día en qeu 414.773 personas visitaban la exposición mundial de París, los Estados Unidos de Norte América (USA) enviaban los cruceros "Indiana" y "Massachusetts" a China y León Tolstoi escribía su novela "Esclavitud" describiendo en ella la sacrificada vida del obrero ruso, en ese 6 de junio nació Norberto Berdía en Montevideo (Uruguay).

Era en ese mismo año, que un joven de 19 años llamado Pablo Ruiz Picasso llega a París, iniciando un nuevo siglo para el arte.

66 años después, intento escribir algunas palabras para acompañar este libro, consciente que con mis fuertes sentimientos de amistad pueda sobrepasar los límites que separan al hombre del artista.  Pero su encanto, su inteligencia vivaz, su humanismo sin fronteras... ¿no forma todo la materia prima de sus manifestaciones artísticas?

En su tránsito temprano por el arte no se distingue de la trayectoria de otros pintores de su generación.  Sus estudios al lado del profesor Laborde, visto con perspectiva, fueron muy valiosos, pues fue él quien le permitió una iniciación en el oficio libre de teorías, la "peinture pure" como dicen los franceses.

En el año 1937 Europa es para Berdía un aventura por primera vez.  Pero decisiva es una estadía de dos años en México, beca del gobierno uruguayo.

El contacto vivo con artistas como Orozco, Rivera o Siqueiros.  Más todavía:  el hombre, el indio en este grandioso paisaje, forma un arsenal de visiones que retornan plásticamente en sus motivos y son parte importante de su obra.  Berdía pertenece a aquellos pintores rioplatenses que sienten nostalgia por esa América, que habla su mismo lenguaje, y con la cual se identifica en sus problemas y sus anhelos.  Viajes a Bolivia, Perú, a Ecuador y Paraguay intensifican la búsqueda de nuevas expresiones.  Canta con sus colores la grandiosidad de aquel mundo del indio.  La estilización de las figuras y paisajes alcanza su culminación en estos años decisivos.  Color tierra, verde vegetal, se mezclan con azules suaves y tonos amarillentos.  Sus composiciones, de una fuerte monumentalidad y casi nunca sin un tono melancólico incluyen al hombre dentro del paisaje.  Siempre elige la naturaleza por modelo.  Incluso en su época abstracta, lleno de imaginación en formas y colores, la mayoría de sus trabajos se basan en experiencias visuales.  Es el mundo interno de la imaginación que lleva el artista consigo.  Partiendo de la vivencia visual, impregna su pintura con fuerza y pasión.  Y más:  con el curso de los años su paleta se hace movida, sus paisajes más luminosos, más coloridos, sus cielos más dramáticos.  La irrupción de su personalidad se transmite al espectados, y lo visible sirve de pretexto para sus juegos formales.  Sobrepujando la realidad, su fantasía tiene vía libre para dar a su pintura un acento propio.

Cierto es, que la obre tardía de Berdía es favorecida por las nuevas tendencias que influyeron su labor en la última década.  Podemos ver esta variabilidad estilística como un intento de no caer en esquemas, en repeticiones.  Es una forma de ejercicio, de liberación.  Algo definitivo para asegurarle su lugar al lado de los más importantes pintores del Río de la Plata.

Desde fuentes inagotables surge la obra, transfigurando lo visible en algo visionario.  Así crea Berdía sus imágenes, la estructura de sus formas, de sus colores.  No representan el sentimiento de un momento, sino la verdad, algo de lo eterno.

Sigwart Blum

"Berdía" Montevideo, 1968.


Bibliografía:

- Vicente Basso Maglio.-  El Pintor Berdía.  Revista ALFAR (Uruguay, 1931).

- David Alfaro Siqueiros.-  Catálogo, en su Exposición en el Palacio de Bellas Artes, México. 

- García Marotto.-  Norberto Berdía, en el Palacio de Bellas Artes, en Plata y Oro (México, 1946).

- Blanca Pastor.-  Ver y Estimar (Uruguay, 1949).

- Vicente Caride.-  Bredía, Colección de Arte Americano.  Editorial Pampa (Argentina,  1951).

- Celina Rolleri López.-  El Pintor Berdía, Revista ALFAR Nº 91 (Uruguay, 1955).

- José Pedro Argul.-  Pintura y Escultura del Uruguay.  Historia Crítica.

- F. García Esteban.-  Panorama de la Pintura Uruguaya (Uruguay, 1958).

- Romualdo Brughetti.-  Revista, Cuadernos Nº 53, Octubre 1961.  Arte Latinoamericano.

- Ernesto Heine.-  Once Pintores Uruguayos (Uruguay, 1964).

- Reproducción en color del cuadro "Vibración Primaveral", Revista Humboldt Nº 32.  (Hamburgo, Alemania. 1968).

- Ramón Rivero y Marassi.-  Se realiza el film Integración, en 18 mm. con pinturas no figurativas de Berdía y música de Bela Bartok, 1962.

- Edición Galería Wildenstein.-  "Berdía", Buenos Aires (Argentina, 1968).


"Su obra más cotizada en Sotheby´s (New York)", fuente: artnet.com.

Norberto Berdia, CAMINO CON CARRETA Y RANCHO
     
Artist   Norberto Berdia
Title   CAMINO CON CARRETA Y RANCHO
Year   1935 -
Medium   Oil on Canvas
Size   27.5 x 27.6 in. / 69.9 x 70.2 cm.
Misc.   Signed
Sale Of   Sotheby's New York: Wednesday, November 16, 1994
[Lot 249]
Latin American Paintings, Drawings and Sculpture, Part II

"Anatomía de un cuadro, El Éxodo según Berdía", por Ruben Losa Aguerrebere.

Al cabo de una larga trayectoria artística, elogiada en todo el continente, por su sobria belleza  y su sabiduría  pictórica, Norberto Berdía, al borde de los ochenta años, emprende una obra magna: pintar el Exodo del Pueblo Oriental, en un friso de enormes dimensiones, al que El País de los Domingos accedió en sus toques finales, en el taller del pintor. De esa visita guiada a la historia de ese cuadro mural, habla la siguiente nota.

 

Ahora, mientras espera su octogésimo aniversario, el pintor Norberto Berdía, aguarda sin ansiedad alguna. Es que ha concluido una de sus obras mayores, de esas que perduran por años en el corazón del artista, primero de manera vaga, apenas entrevista, lanzando sus destellos intermitentes desde ese rincón en penumbras y luego de noches y días innumerables de pronto, sin explicación, se torna perspicua ante los ojos del creador. Y ahora está ahí con sus  vastas dimensiones (tres metros de caballete giratorio, muy antitros, por uno sesenta y cinco, montada sobre  un cagud enorme, lujoso, y comprado  hace ya medio siglo por el maestro (envidia de otros artistas y que Jorge Páez aspira heredar).

La luz desciende sobre la tela de manera indirecta  y ha sumido en las sombras el resto del estudio, en el cuarto piso que da hacia Agraciada. Desde algún rincón, levemente la música (¿Malher?) va inundando el “habitat” y se diluye por la ventana en la noche abierta de par en par del verano.

Tintinea un vaso sobre la mesita ratona, mientras el pintor sirve el whisky, fijos sus ojos en el cuadro.

 

El nacimiento de un cuadro

Berdía tiene un rostro suave, modelado por los años, y en él pueden más los ojos vivaces que la sonrisa. Orienta sobre la tela que reproduce el Exodo del Pueblo Oriental, las luces, piensa un minuto y dice:

-         Es posible  que el nacimiento de este cuadro date de unos diez años, cuando mi amigo el Profesor Larrobla me invitó a exponer un conjunto de cuadros  en el salón de actos de una escuelita en la calle Piedra Alta. Ese día se habló del Exodo. El abogado  cordobés  Rodriguez Araya hizo el inflamado elogio de Artigas y, cuando se refirió al éxodo, es un hecho doloroso y enérgico dibujo, calificándolo con toda su admiración, que yo quedé impresionado.

En la contemplación de ese hecho, impulsado por aquellas palabras, en la mente del pintor, fueron cobrando formas todas las figuras. Luego –agrega Berdía- volví a leer sobre el Exodo. Entre tantos libros y documentos me impresionó la preocupación de Artigas, en un mensaje a su Lugarteniente, Otorgués, cuando le dice que comunique a sus buenos paisajes que el éxodo es un hecho doloroso y que deben pensarlo antes de seguirlo. Este pensamiento me ha dado la medida de la sensibilidad del jefe de los orientales y lo tomé como pintor, como punto de referencia para la construcción de mi cuadro.

Se pone de pie, se mueve hacia la tela, con la mano extendida.....

  

La larga marcha

 

.... Y señala la figura de Artigas, que detiene su caballo azulejo (desde niño recuerdo las palabras –dice el pintor- finales de Artigas, muriéndose, que mencionaba su caballo moro, y por eso lo pinté  montado sobre él, presente en este hecho maravilloso de nuestro pueblo) en el centro del cuadro..

-         Aquí, Artigas –señala el maestro Berdía- observa la partida de esta pareja, que lleva un chiquillo en brazos, despidiéndose de lo suyo. Y de esta anécdota –dice- parte de lo que quisiera comunicar, como motivo, a las carretas, que van por los campos ondulados de la patria: un contenido de ese hecho único que significaba dejar todo para seguir a su jefe.

El pintor se mueve hacia un extremo y con largo ademán repasa  un árbol seco y unas ruinas, se vuelve y comenta: Dejan devastados sus campos, quemando sus ranchos, para no dejar nada en pie al invasor portugués. En cambio sobre el extremo opuesto, ello no ha sucedido aún y el árbol está en pie, hay vegetación viva y hay un rancho.

Berdía se retira  de su inmensa tela, se sienta y desde allí, con lentos movimientos de su mano, dibujando en el aire, proporciona otros secretos técnicos: Sobre la base  de un diagramado de encontradas diagonales, que buscan crear un agitado tramado, busqué que el cielo y la tierra se confundieran, para crear un cierto dramatismo de líneas y de colores en la escala baja, que pudieran dar el clima de trascendencia que tiene este episodio histórico.

 

Las técnicas del mural

Sonríen sus ojos primero, luego el rostro y nuevamente se pone de pie y se mueve hasta la tela. La he realizado pensándola como un mural, manteniendo la verticalidad del muro, evitando toda sensación de profundidad  real. Cierro la composición con dos verticales, los dos árboles, uno a cada  extremo y contenida entre ellos, la anécdota, ya que –concluye-  un mural siempre cuenta una cosa, una revelación de hechos dentro de un dibujo cerrado.

La tarea esta concluída. La comenzó en enero, junto con el año, y trabajó ahincadamante, como si luchara contra el tiempo, ese enemigo que mata huyendo según la certera definición de Quevedo. Y el maestro se siente feliz y aliviado de haber saldado  una larga deuda para consigo mismo.

 

-          Ha sido un verano de felicidad –comenta, bebiendo un sorbo de whisky- renaciendo cada día en el gusto de pintarlo.

Y en su rostro resplandece la alegría; brilla en sus ojos que pueden más que sus sonrisa.

 

Ruben Losa Aguerrebere


"Centenario de Norberto Berdí­a", por Miguel Carbajal Diario "El Paí­s" (16/08/04).

Una Retrospectiva del Plástico Destacado que supo ser Muralista de Primera está abierta en agosto.

Un mural en la Redacción del Diario "El País" (Montevideo, Uruguay), una obra que alcanzó grandes éxitos en el mercado argentino y un trayecto mexicano de enorme impacto.

Es un pintura cuyo nombre suena poco en los revisionismos que cada tanto pretexta la historia de la plástica nacional y que tampoco aparece mucho en la mecánica de los remates de pintura y menos en las galerías (a excepción del Portón de San Pedro).  Y no por falta de méritos.  Más bien por un cúmulo de circunstancias.  De seguro Norberto Berdía no figura en la primera línea sólo destinada a los grandes maestros o los creadores mayores.  Pero también es seguro que puede incluirsele con holguera en el elenco medio donde la plástica nacional demuestra su solidez y su gran nivel para despegarse de la mayoría de los otros países del continente.  En ese núcleo seguro y sentado debe aparecer con destaque la obra de Norberto Berdía, quien en parte de su trayectoria adquiere un valioso interés y lo muestra, con sus propios puntos de vista y su propia sensibiliadad en la línea de una volumetría generosa implantada casi como sello de fábrica por los mexicanos al estilo de la que también hizo, aún más acusado, Seade.

La conididencia que parte de la obra de Norberto Berdía con la pintura mexicana no es casual, ni buscada.  Y menos debe verse como una desventaja a su favor.  Es obvio que su estadía en México y su amistad con Orozco, Rivera y Siqueiros hacen de él un artista distinto al que era.  Pero su preocupación social apareció siempre y siempre se ocupó de registar la realidad más desguarnecida.  Como anota Argul opta por subir por América en lugar de ira a Europa cuando llega el feliz momento de viajar.  Aunque también irá a Europa y volverá a ella en sus últimos años cuando es un octagenario vital y dueño ahora de una paleta más viva.  El eterno enamorado vive su último idilio, en ese entones, conuna pintora argentina y París es el escenario de encuentros que no resultaron precisamente otoñales.

 GRUPO LATINO.  Norberto Berdía nació en 1900 en medio de una familia de inmigrantes.  Su padre, gallego, vino al Uruguay muy joven, formalizó matrimonio con una descendiente de italianos y cuando Norberto es un niño, se siente enfermo, regresa a su país con la pretensión de curarse y termina muriendo en su propia patria.  En Montevideo lo esperaron infructuosamente su viuda y sus cinco hijos.  Norberto era el menor.  Apoyado en el carácter mediterráneo de la madre la familia salió adelante.  Norberto mostró de niño condiciones para el dibujo y en su momento fue puesto a prueba.

Trabajó durante algunos años en una firma importadora al tiempo que estudiaba en el Círculo de Bellas Artes donde expone por primera vez en el Salón de Primavera en 1924.  Un año más tarde ya se ha radicado en la Argentina.  Allí reside permanentemente entre 1925 y 1930 integrándose al ambiente artístico de ese país y exponiendo varias veces en Buenos Aires y Rosario.  Al tiempo se gana la vida como dibujante de la Facultad de Medicina enlas jornadas de disección y en las operaciones quirúrgicas.  Dirá después que esos años le resultaron decisivos para articular un dibujo rápido y preciso.

En 1930, Berdía regresa al país, pero durante el resto de su vida seguirá viajando y residiendo en la Argentina por tramos largos, hasta el punto que adquiere allí un apartamento, tiene en Buenos Aires su principal mercado comprador y en mucha bibliografía hasta figura como pintor argentino.

En años posteriores ganará el Primer Premio Pintura Decorativa del Salón del Centenario, el Primer Premio del Salón Nacional de 1948 y el Primer Premio para la realización de un mural en la Facultad de Arquitectura (Montevideo) que luego, sin embargo, llevará a cabo Joaquín Torres García.  Tendrá, no obstante, varias oportunidades de sacarse las ganas de una pasión que se le despertó durante su estancia en México.  En ese país realizará un mural en la Escuela Lorenzana Rosales y luego repetirá la experiencia en un mural del Hotel San Rafael de Punta del Este y lo que seguramente es su obra mayor:  el mural que relaiza para el Diario "El País", en la pared lateral del segundo piso donde funciona la Redaccicón del Diario, efectuado a finales de la década del Cincuenta.

Ganador de la beca Gallinal visita América y Europa y sale motivado de México, pero también sus recorridas por Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguy con una visión indigenista y populista de gran fuerza y paleta baja donde el verde vegetal se mezcla con azules sueves y tonos amarillentos, en trabajos donde se detecta a veces la presencia de la melancolía.  Pero el berdía total es mucho más que eso, es además el modernista discípulo de Laborde, que en cuadros como el Puente del Paso Molino también debe ser un planbista;  el retratista y paisajista de fuste, el pintor que luego termina siendo abstracto aunque la figuración nunca desaparece del todo o siempre vuelve a ella.  En el Centenario de su nacimiento, con obra mayormente cedida por su sobrina se ha armado una muestra retrospectiva de Berdía en el Salón de exposiciones que tiene la planta alta de la Librería Central.  La muestra cuenta con la curaduría del Licenciado jorge Moreno y tiene en Estomba un entusiasta promotor.  Se inauguró la semana pasada, estará abierta durante todo agosto, y es una buena oportunidad para tener una visión global, aunque escueta, de un pintor importante y poco difundido.  Es un homenaje que se le debía.

Miguel Carbajal


"Norberto Berdía", por la Lic. María Jesús García Puig.

Ese horizonte es el que Berdía fue encontrando en el correr de su amplia evolución pictórica.  Consiguiendo, como rasgo latente, dotar de una especial y particular vitalidad a sus creaciones.

 

Síntesis formal, con movimiento y ritmos curvos, y uso libre del color exaltando y matizando la paleta, constituyen los firmes y constantes valores que desde su madurez logró Norberto Berdía.. Características que unidas a su particular trato reflejan un sentimiento por la vida en todas sus creaciones, una vida  y una juventud de la que Berdía no obstante sus casi ochenta y tres años gozaba, y de las cuales nos permitió y nos seguirá permitiendo gozar gracias a su testimonio artístico.

 

                                                                                                     

María Jesús García Puig

Licenciada en Historia del Arte 

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