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NOTAS DE PRENSA

Nantes, Hugo


Nantes por Eduardo Vernazza

El pintor que es Nantes puede atreverse a audacias con el material, y más todavía con los conceptos. Uno y otro van aunados para certificar en sus obras ese inquieto panorama que define su personalidad.

A la superficie firme  y densa del esmalte, agrega una digitación que se verifica con distintos grafismos. Por otra parte, lo abstracto le involucra en sus composiciones y estructuras, las que toman relación con las ideas de la escultura en hierro, y dejan ventanas ojivales a los fondos neutros o ligeramente matizados.

Experimenta dentro de tal tesitura, hasta llegar a lo grotesco, donde aparece en parte la pétrea imposición de la figura. Esta razón de su nueva manera, implanta un enlace de grises y blancos que llegan dentro de una pincelada segura amplia y tonificada por rebordes o planos de negro.

Siempre renovándose, Nantes vincula sus últimas formas con estas que se despojan de la realidad, tocando en parte un aspecto surrealista, pero más que nada, incursionando en el retrato cuando ensaya la figura en un retablo de expresiones. Cabezas de singulares rostros de los que ya había adelantado, hace dos años en la Galería del Notariado, una colección muy interesante. Su abstracción, que creemos juega con el tema de una cabeza de animal disecada que tiene su principio en la escultura que abre la muestra, y que monta un elemento de tal carácter juntamente con otro, es una imagen de la cual la naturaleza es, en realidad, la principal creadora.

De allí parte todo este historial que se sumerge en la síntesis y en los agudos impulsos que detonan blancos-grises, con fuerte determinación plástica.

Agrega algunas esculturas con desechos de lo que tendríamos que repetir lo que ya dijéramos en otras oportunidades. Despojadas de lo accesorio y contraproducente, seria Nantes un buen escultor, ya que por la manera de modelar el carácter, adelanta destacadas posibilidades que anula en parte tras un complemento que burla la severa disciplina de dicho arte.


"Siluetas Ferrosas" por Jaqueline Lacasa

SILUETAS FERROSAS

La trayectoria del artista Hugo Nantes es un claro ejemplo de la riqueza y el talento en las artes plásticas uruguayas.  

Nantes es oriundo de San José, donde reside actualmente. Allí realiza sus primeros estudios en arte, en el Museo Departamental, y luego tiene como docentes a maestros de la talla de Edgardo Ribeiro y Dumas Oroño. Posteriormente, en la Escuela Nacional de Bellas Artes, estudia grabado con el profesor Adolfo Pastor.

A causa de su fructífera creación, a lo largo del tiempo es premiado en numerosas instancias, como en el Salón de Bellas Artes y en salones del interior del país. Asimismo, su tarea excedió el contexto local, extendiéndose a Argentina, República Dominicana y Estados Unidos, y representó a Uruguay en las bienales de San Pablo y de París.

Sus esculturas nos sorprenden en espacios públicos y privados como el Edificio Libertad, el Hospital Maciel, Galería del Notariado y Colección Engelman-Ost, entre otros. Sus trabajos como escultor y en particular sus “Esperpentos” (muchos de ellos creados entre los años 1975 y 1989), operan en el espectador como señales de alerta y de enfrentamiento, de admiración y, por qué no, de sorpresa intempestiva, cuando la figura se asoma con graciosa y misteriosa “rostridad”.

Estas imágenes sin duda se vinculan con la trama social traumatizada que dejó la dictadura militar de los años setenta en Uruguay y que, entre otros motivos, llevó a que las obras realizadas por HN se vinculen con la soledad, con la crítica al sistema represivo y a “Mirar más allá de nuestros días”, como planteó en su momento otro gran artista de su generación, Manuel Espínola Gómez.

A través de su prolífica producción encontramos diferentes visiones sobre temáticas y técnicas, profundizando siempre en torno a materiales que, como ya se mencionó, forman parte de una búsqueda interminable, entre recolección, selección y transformación. En su obra pictórica, la superposición de capas y la síntesis que se manifiesta en la forma, figura y fondo de la trama constituida en imagen deja entrever una composición intensa con el tratamiento del color negro y sus fugaces espacios de luz.

En la realización de sus collages el material sobresale, se despega del plano, generando tal vez zonas de tensión, entre cabezas de muñecas, objetos plásticos circulares y pelos que se disparan del lienzo. Cabe resaltar el trabajo de sus óleos en lo referente al paisaje, en obras como Paisaje Andino, Venecia, Tapera, Iglesia, Figuras y Caretas. Yesos, alambres, chatarras, hierros, deshechos mecánicos y hasta dientes reales, combinan la realización de austeras figuras donde ojos de mujeres y hombres parecen espiar desde algún punto, en completa complicidad con su creador. Un claro ejemplo de sus esculturas es “Alienada”, una pieza que representa a una mujer y que impacta por su exactitud expresiva, tanto en sus facciones como en su atuendo. Las siluetas ferrosas de sus “Esperpentos” nos alertan sobre una esencia “demasiado humana”, tan actuales como las figuras humanas que cargan la verdad y los secretos demasiado humanos de todos los tiempos.

Amalia Polleri, artista, crítica, curadora y una de las más relevantes figuras de las artes plásticas que ha tenido nuestro país escribió en su texto llamado “En el nivel esencial”, que HN era un escultor fuera de los cánones clásicos: “En su patria chica el hombre Nantes, de físico grande, voluntarioso, impositivo, plasma su sentido de lo dramático, lo ritual, lo cotidiano, lo ridículo, adecuados al gusto y al ethos del consumidor compatriota. Él mismo no está seguro de nada. Es un sensible ser humano que olvida los plazos, los compromisos, el efímero transcurrir de las horas, salvo el íntimo pulso entrañable que transmite su creación”.

Entre sus esculturas, la que cautiva hasta al espectador o transeúnte más desprevenido es “Jugadores de truco”, donde tres figuras sentadas para una partida de truco y una cuarta silla vacía (invitando a alguien a sumarse al juego) muestran la cadencia de los cuerpos, y en sus bocas se puede percibir una reserva de las estratagemas del juego. Otra pieza de gran importancia es el “Murguista”, de nariz prominente y expresión impactante de un rostro al evocar la figura carnavalesca.

A decir del crítico de arte Roberto de Espada en su texto”La pulsión del deterioro”, el artista genera “un lenguaje ceñido, formas bien perfiladas, ahorro sintáctico en el uso de los materiales, todo esto en perfecta transformación”.  Su obra sorprende por la inusual franqueza que trasmite, por su espíritu crítico y, sobre todo, por la profunda y comprometida cosmovisión del ser humano llevada al escenario de las artes visuales.

A través de sus más de ciento cincuenta exposiciones en Uruguay y en diferentes países, Hugo Nantes nos alienta a continuar construyendo espacios para reafirmar la convicción de que en el arte se encuentran gran parte de las herramientas fundamentales para la educación y la memoria viva de un país.

 

 

Jacqueline Lacasa


"Importante muestra de Nantes en el Parque Rodó", por Jorge Abbondanza Diario El País (Uruguay, 2008).

Talento. Se inaugura el jueves, con pinturas y esculturas

JORGE ABBONDANZA

El Museo Nacional de Artes Visuales abrirá el jueves a las 19 hs. una exposición de esculturas y pinturas de Hugo Nantes. La curadora es Ximena Oyanedel, que hace cinco años actuó en esa calidad para la retrospectiva de Nantes en el Macció.

Maragato nacido en 1932, este plástico ha crecido en las últimas décadas hasta ubicarse como figura mayor de la escultura uruguaya. Lo primero que impresiona en sus obras es la portentosa expresividad. Las figuras de Nantes se alzan, negras y desgarbadas como fantasmas, con un impulso vital paralizado por el golpe del artista en el punto donde el gesto facial, la inclinación de la cabeza, el ademán del brazo y la actitud del cuerpo alcanzan una marca imperiosa de comunicatividad. Uno se imagina a Nantes apremiado por la urgencia de atrapar ese gesto mientras sus manos impacientes moldean, doblan, atan y tuercen los materiales, en una búsqueda acelerada por el instinto infalible de los dedos.

Esas mujeres nocturnas de semblante erosionado, sobre el cual cae una ocasional policromía como si su descuido formara parte de los desgastes de la edad; esos viejos de mejillas chupadas, cuencas hundidas y boca abierta para el clamor, integran el desfile que nos obliga a mirarnos en el menos favorable de los espejos, pero quizá también en el más penetrante. Ese espejo, ahumado por el negro persistente que baña las obras, es el de lo deforme y lo decrépito como signo caricaturesco de una humanidad cuyos vicios, desvalimientos y monstruosidades brotan a través de esas figuras en un enardecido desdoblamiento. En la anticipación cadavérica de sus creaturas, el escultor instala la visión personal de una realidad cuya descomposición se hace carnal, mortificando esos cuerpos y atravesándolos con chapas, alambres y clavos que son también los estiletazos de un humor atroz. Detrás del dramatismo que subyace oscuramente en ese humor, y del alcance provocativo que el lenguaje del artista logra sobre el contemplador, está todavía la piedad, una suerte de mirada solidaria en negativo, la ferocidad de un amor al prójimo que se tantea en lo deplorable y lo desairado para sobrecoger y así despabilar al que mira, goyescamente. La deliberada falta de nobleza de los materiales que utiliza, es el adecuado pedestal de esa fauna. Porque los trozos de desperdicio también son un comentario irónico, cuyo poderío como herramienta de trabajo provoca gradualmente la admiración, hasta llegar a veces al asombro.

Pero la carrera de Nantes ha abarcado asimismo la pintura, otra disciplina que cultivó toda su vida y con la que llegó a obtener en 1963 el gran premio del Salón Nacional. Ha sido muy prolífico en ese terreno, particularmente en los paisajes, donde a veces se limita a aplicar un formidable oficio que denota la soltura derivada de esa obsesiva frecuentación.

La curadora Ximena Oyanedel, una chilena que vive desde hace décadas en el Uruguay, se ha destacado como cineasta, realizando documentales sobre figuras de la cultura nacional, desde Héctor Tosar o Manuel Espínola Gómez hasta el propio Nantes y Cabrerita, un trabajo que se encuentra en la etapa de producción, además de otras semblanzas filmadas sobre plásticos más jóvenes como Magali Sánchez, Marcelo Legrand, Jorge Soto o Gerardo Ruiz. Ahora, su labor como curadora en esta muestra del Museo -junto a un equipo integrado por Osvaldo Gandoy, Eduardo Muñiz, Alejandro Albertti y Raquel Pontet- permitirá internarse en el magnético universo de un escultor de primer orden.


"Murió el Pintor y Escultor Uruguayo Hugo Nantes", fuente: El Nacional.com (Uruguay, 2009)

El artista plástico y escultor uruguayo Hugo Nantes, de 76 años, murió en la madrugada de este martes 10 de marzo en San José, su ciudad natal a unos 90 km al oeste de Montevideo, informaron los medios locales.

El artista, referente del arte en Uruguay, se encontraba internado desde el sábado en un sanatorio de San José, y será enterrado este mismo martes en esa ciudad.

Nantes tuvo una larga trayectoria como pintor, escultor y ceramista, y sus obras, muchas de ellas monumentales, ocupan varios espacios públicos y privados del país.

Entre otros, es autor del monumento ubicado en la Plaza Armenia de Montevideo; o de una mesa de truco (juego de naipes) y sus jugadores en tamaño natural, que tiene una silla vacía para cualquier visitante, ubicada en el Edificio Libertad, sede de las oficinas de la Presidencia del país.

Nacido el 24 de enero de 1933 en la ciudad de San José, donde vivió y estudió con los maestros Dumas Oroño y Edgardo Ribeiro, y donde luego mantuvo su taller y enseñó.

En 1963 ganó la beca Anual de Jóvenes de la Comisión Nacional de Bellas Artes y viajó a Europa y Latinoamérica. En 1983 fue a Egipto, Grecia y nuevamente Europa.

Expuso individualmente en múltiples ocasiones en Uruguay y Argentina, y participó en Bienales de París y San Pablo.

El artista obtuvo numerosos premios, entre ellos el Gran Premio Medalla de Oro XXVII Salón Nacional, 1963; 1er Premio Medalla de Oro XXIX Salón, 1965. También recibió el Premio Figari del Banco Central en 1998.

Para sus trabajos, Nantes recurrió a materiales como chatarra, fibra de vidrio, fieltro, plásticos varios, alambre y madera, con los que este "Archimboldo postindustrial vehiculiza el pathos que marca una visión del mundo (...) a través de una articulación totémica y mágica", según define el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) en su sitio web.

Así, lo compara con el pintor italiano Guiseppe Arcimboldo (1527-1593), conocido por sus representaciones manieristas del rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales u objetos.


"Biennale de Paris 1963", por Jorge Páez Vilaró (extraído de Base Documentaire de la Biennale de Paris).

La représentation artistique uruguayenne qu'envoie la Commission Nationale des Beaux-Arts à cette nouvelle Biennale de Paris, sera composée des peintres Jorge Amendola Verdie, Jorge Damiani, José Gamarra et Hugo Nantes. II s'agit de quatre personnalités de valeur, parmi les jeunes, qui ont pris conscience des problèmes de l'art actuel, en cherchant avec l'appui d'un métier chaque fois plus solide, un langage propre dans l'immense et vaste concert de l'universalité. Amendola Verdie est la plus jeune et sa peinture spontanée donne une impression de franchise et de vitalité dans une attitude spirituelle directe et fluide. Damiani et Gamarra ont déjà participé à la sélection de notre pays à la VIIème Biennale de San Pablo. Nous montrons ici les dernières réalisations du premier, dans lesquelles il révèle sa nouvelle conception de la forme sévère et prédominante, en un dia-logue puissant ou règne le vide silencieux. Gamarra fait pencher son éloquence symboliste vers le discours sensible des signes et des formes avec lesquelles il décrit toute sa puissance imaginative, dans une esthétique d'évocation archaïque, ancestrale, avec des images animées et lyriques. Hugo Nantes, peintre figuratif, nous apporte, avec ses têtes statiques et muettes, la note expressionniste suggérée avec humanisme et douceur, en une synthèse du mouvement et du dessin avec une tonalité chaude et une atmosphère de trans-cendance poétique.

Jorge Paez Vilaro
Secrétaire de la Commission Nationale des Beaux-Arts

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Section arts plastiques
Peinture et dessin


Jorge Amendola Verdie
Né en 1938 é Montevideo (Uruguay)
Atlantique, 1963 (huile, 70x100)
Point Cardinal, 1963 (huile, 100x70)

Jorge Damiani
Né en 1931 à Gênes (Italie)
Imposition 1, 1960 (huile, 84x109)
Imposition II, 1960 (huile, 84x109)

Jose Gamarra
Né en 1934 à Tacuarembo (Uruguay)
Peinture M.63520,1963 (techniques diverses, 100x130)
Peinture M.63521,1963 (techniques diverses, 125x150)

Hugo Nantes
Né en 1932 à San Jose (Uruguay)
Figure 1, 1962 (huile, 50x40)
Figure 2, 1962 (huile, 50x40)


"Homenaje de la Comunidad Armenia al Uruguay", Monumento (Uruguay).


Homenaje de la Colectividad Armenia al Uruguay.
Autores: Arq. Oscar Ramos, Arq. Fernando Magnou y escultor Hugo Nantes, uruguayos.
Fecha de inauguración: 13 de noviembre de 1981.
Ubicación: Plaza Armenia (Rambla Armenia y Bvar. 26 de Marzo)
Material empleado: Bronce patinado respaldado por un muro en hormigón visto con inscripción en relieve.
Descripción: El muro evoca el Monte Ararat, símbolo del país armenio, la fuente representa al lago que está al pie del monte y el águila, símbolo universal de la Independencia, la Libertad, el Heroísmo y la fuerza que rememoran elementos históricos ligados a los orígenes de la comunidad, puesto que es el emblema de los reyes armenios.
Debajo de este motivo está ubicada una leyenda que dice "La Comunidad Armenia del Uruguay a la ciudad de Montevideo, en su 250º Aniversario , Octubre de 1981"
A la izquierda del motivo central figura la leyenda con símbolos del alfabeto armenio. "Armenia"

"Nadie debe dejar de verla", Diario "El Paí­s" (Uruguay, 1980).

En el espacio central de la Galería del Notariado tiene lugar una exposición de esculturas de Hugo Nantes que se convierte en otro ejemplo de su formidable poderío expresivo.  Los esperpentos -esas figuras humanas resueltas con materiales de deshecho, trozos de madera, hierros viejos, plástico y hasta zapatos en desuso- asumen nuevamente una dimensión caricatural capaz de atrapar al contemplador con su mezcla de humor descarnado y penetrante visión de la realidad.

Porque Nantes, igual que Goya, arranca a esa realidad los perfiles más terribles y golpea al observador con efigies de la decrepitud, la niñez desvalida, la vanidad no abolida por el paso de los años, la grotesca jactancia.

Es un desfile a cuyo hechizo resulta difícil sustraerse, en primer lugar porque Nantes imagina y levanta sus figuras con una soltura magistral, una capacidad de síntesis y una tensión vital que Rodin aplaudiría.

En la muestra donde figuran dos cabezas de sorprendente factura, el sitio principal está dedicado a una composición colectiva:  tres viejos que juegan a las cartas en torno a una mesa, cuya cuarta silla está vacía.  En su respaldo dice "Puede sentarse", y de hecho numerosos visitantes lo hacen, descubriendo así la magia de injertarse en el mundo alucinado del escultor. 

Al recurrir solamente a materiales de descarte, sus creaciones se convierten en obras de la pobreza, lo cual confiere una significación redoblada a la visión del mundo que se cuela por sus ejercicios de maestría. 

Con una carrera que comenzó en la pintura (con la que obtuvo más de un premio), Nantes se encuentra ahora en una etapa de plenitud que ya pudo advertirse en muestras recientes, como la de Cinemateca, y que asume una importancia adicional en un país donde la escultura ha sido el menos transitado de los territorios del arte.  Este maestro remedia ahora tales escaseces.


"Nantes", por Eduardo Vernazza (Diario "El Dí­a").

El pintor que es Nantes puede atreverse a audacias con el material, y más todavía con los conceptos.  Uno y otro van aunados para certificar en sus obras ese inquieto panorama que define su personalidad.

A la superficie firme y densa del esmalte, agrega una digitación que se verifica con distintos grafismos.  Por otra parte, lo abstracto le involucra en sus composiciones y estructuras, las que toman relación con las ideas de la escultura en hierro, y dejan ventanas ojivales a los fondos neutros o ligeramente matizados.

Experimenta dentro de tal tesitura, hasta llegar a lo grotesco, donde aparece en parte la pétrea imposición de la figura.

Esta razón de su nueva manera, implanta un enlace de grises y blancos que llegan dentro de una pincelada segura amplia y tonificada por rebordes o planos de negro.

Siempre renovándose, Nantes vincula sus últimas formas con estas que se despojan de la realidad, tocando en parte un aspecto surrealista, pero más que nada, incursionando en el retrato cuando ensaya la figura en un retablo de expresiones.  "Cabezas" de singulares rostros de los que ya había adelantado, hace dos años en la Galería del Notariado, una colección muy interesante.

Su abstracción, que creemos juega con el tema de una cabeza de animal disecada que tiene su principio en la escultura que abre la muestra, y que monta un elemento de tal carácter juntamente con otro, es una imagen de la cual la naturaleza es, en realidad, la principal creadora.

De allí parte todo este historial que se sumerge en la síntesis y en los agudos impulsos que detonan blancos-grises, con fuerte determinación plástica.

Agrega algunas esculturas con desechos de lo que tendríamos que repetir lo que ya dijéramos en otras oportunidades.  Despojadas de lo accesorio y contraproducente, sería Nantes un buen escultor, ya que por la manera de modelar el carácter, adelante destacadas posibilidades que anula en parte tras un complemento que burla la severa disciplina de dicho arte.

Eduardo Vernazza


"Hugo Nantes y su Escultura: El Adelantado del Truco", Diario "El Paí­s" (Uruguay).

HUGO NANTES Y SU ESCULTURA: EL ADELANTADO DEL TRUCO

 

Repantigado para atrás, una incontenible sonrisa por donde se cuela una encía desdentada, el gesto inconteniblemente alegre de quien tiene el triunfo seguro en la mano y en la mano las cuarenta, el viejo gordo del terceto está en las inmediatas vísperas de ganar el truco. En el aire flotan las flores y los contra-restos. Están sentados en una mesa de café, en una mesa cualquiera de un café cualquiera. Sobre la gastada superficie, y entre las manos de los participantes; circulan los naipes sobados por el uso. Son tres héroes del truco. Trasladados a los ambientes del Sorocabana no le llamarían la atención a nadie. Comparten un mundo propio que se interrumpe y se congela no bien se levantan de la mesa. Resulta obvio que la vida, para ellos, es ese atrapador juego de cartas y que no bien termine la última partida los espera el olvido, la congelada indiferencia, el abandono y quizás la muerte.

Quizás están demasiado descuidadamente vestidos o harto seniles para acudir al Sorocabana y su código, ese santuario que el respeto uruguayo deberá preservar para siempre. Tienen un aire como de cantegril (pero no, usan chaleco), o de casa de salud de la décima categoría. Pero es evidente que son seres libres, que se valen por sí mismos, aunque estén marginados. Lo que los mantiene vivos es el truco. Eso es evidente. 

 

Son los jugadores de truco que el genio de Hugo Nantes ideó en chatarra y pintó de aprobioso negro para que las cosas no le resultaran fáciles a nadie. El insolente uso del material, la irreverente casi procaz (con esa procacidad inquietante que a veces tienen ciertas formas de la ancianidad) actitud de sus creaturas, no limitan el vuelo  fantasioso, el poder creativo, el maravilloso movimiento que tienen los viejos jugadores  de truco realizados por Nantes, en lo que seguramente es uno de los puntos altos de la escultura uruguaya. Ahora que Dunbar, EL PAIS, Mundocolor y otros medios han organizado el Concurso de Truco Ciudad de Montevideo, la obra de Nantes adquiere súbitamente una significación especial. 

 

El mismo es la estampa del jugador de truco: hábil, mañoso, imperturbable, malicioso, mentiroso para cantar una jugada que no tiene y asustar a su contrincante, abierto y simpático pero capaz de utilizar métodos indebidos  (“me gustaría leer la nota antes que saliera, para evitar cualquier error”), comprador (“no es porque tenga miedo que Ud. me entienda mal, sino porque temo ser yo el que no haya dicho las cosas bien”), sabio como para apreciar hasta donde puede empujar (“bueno olvidemos lo dicho, no quisiera censurar nada, es que simplemente no me pareció mal que yo le pegara una “vichada” antes pero bien, Ud. gana, se hará como Ud. quiera y no se hable más del asunto”), rápido en la respuesta, suelto de lengua, humorístico, entretenido, sicólogo, cazurro, dialéctico, inteligente, bien informado aunque se oculte detrás de la tramposa máscara de pobre “canario” sin armas para defenderse de las artimañas del capitalino, dificil de pescarlo en un renuncio.

No lo quisiera tener enfrente en una mesa de truco. Habla durante todo el tiempo en el filo de la segunda intención, incluso cuando trata cosas serias. No le tiene miedo a las palabras y confía en la inteligencia de su interlocutor (como su obra confia en la inteligencia del consumidor y en esa confianza, en esa falta de menosprecio por la actitud ajena, se apoya uno de los grandes pilares de su éxito). Tres cuartas partes  de lo que dice son bromas  y la otra cuarta es de dudoso contenido. La seriedad hay que buscarla en el contexto de lo que se hace, no en lo irónico de lo que dice. Por eso es que después de decir varias cosas que evidentemente no pueden ser tomadas en serio, le entra el impulso coqueto de creer que se le interpretará mal. ¡Vamos, él, que siempre ha trabajado para un público adulto, no puede pensar de pronto  que será mal interpretado! Sabe a la perfección que los demás saben cuando juega y cuando no (generalmente juega siempre) y sabe también que aquel que malinterpreta una de sus declaraciones, lo hace porque quiere hacerlo. Que igual lo criticaría aunque no hubiera dicho eso que no dijo, pero que el piensa que dijo en serio. Porque se va a decir una sola vez y que quede bien en claro. Hugo Nantes es un tipo respetuoso del trabajo ajeno, conciente de las limitaciones propias (¿quién no las tiene?), pero también conocedor de su alcance. Es un trabajador, un profesional, un artista serio y responsable, un hombre preocupado por la gente y su entorno. Todo lo demás que aparece son las hojarascas que rodean una partida de truco. Y como tal deben ser interpretadas. El que las interprete mal, no merece ser tenido en cuenta y de seguro no podrá participar en el torneo organizado por Dunbar.

 

  

UNA BIOGRAFIA SUMARIA

 

Es de San José, como lo sabe medio mundo y allí permanece todavía, cincuenta años después de su nacimiento, aunque el medio siglo lo ha puesto algo inquieto y en estos momentos maneja un taller en su ciudad natal y otro en Montevideo, en el Prado, con periódicos viajes semanales y una vida medio a caballo entre las dos ciudades. “El hombre es producto del medio en que vive, pero las carencias existen en todos lados y San José  no está tan lejos de Montevideo como para imposibilitar un traslado cuando un hecho (que puede ser cultural o no), lo justifique. A mi me ha resultado más cómodo trabajar en San José, porque es el medio en el que me formé, el que conozco mejor, donde me conocen mejor. Pero también puedo trabajar en Montevideo, un medio que obviamente ofrece menos carencias que el Interior. En estos momentos estoy armando  un taller en Montevideo. ¿Para pintar solamente? Bueno, no del todo. Estamos con la idea de dar clases particulares junto con otros colegas. Intentaremos hacer una cosa diferente, sin con eso criticar lo que hacen los demás. Perseguimos algo distinto, aunque de pronto conseguiremos exactamente lo mismo. ¿Quién lo sabe? Lo que interesa, en el plano de enseñar, es lograr que el alumno saque a través  del aprendizaje, su verdadero aporte personal. Eso es lo que realmente cuenta”.

 

Pintor, escultor (luego se verá que es lo que eligiría si se viera absurdamente obligado a  optar por una única disciplina), grabador, ceramista, Hugo Nantes nació en San José en el 33. Realizó estudios en el Museo Departamental de San José con Dumas Oroño y con Edgardo Ribeiro. De entrada fue un pintor que vendió su obra (y lo sigue haciendo, en una obra expansiva en la que tiene escasísimos competidores a nivel nacional), fue profesor de dibujo de diversos institutos. Ganó varios premios (el Gran Premio de Pintura en el Salón Nacional del 64, el Primer premio en el Nacional del 65; fue seleccionado para representar al país en diversas bienales (Venecia, París, San Pablo), hizo varios viajes de estudio y ganó becas. Pero el afirma que llegó a la plástica por casualidad.

Se presenta en la primera exposición de San José y saca un premio. Y empieza a vender. Era un muchacho recién salido de la adolescencia. “Nunca fui chico”, dice y sigue con sus mentiras. “Primero hay que aprender a vender, y después a pintar. Yo aprendí a pintar. He vendido porque la gente afortunadamente tiene buen gusto. Claro, todos los grandes pintores hemos sido modestos. Y yo tengo la obligación de serlo.” Serán éstas declaraciones, obviamente dichas en broma, lo que la llevarán a intentar una abierta pero frustrada forma de censura del material durante la segunda entrevista.Tiene miedo de ser pasto de las fieras. Aunque en el fondo, sabe que siempre será pasto. Acaba de perder su primera partida de truco. Pero no perderá el partido.

 

EL JUGADOR QUE FALTA

 

Insisto, no lo querría tener  enfrente en una mesa de truco. Presentó sus primeras esculturas en la Asociación Cristiana de Jóvenes en el 78 y ya trabajaba con chatarra, aunque había operado  sobre otros elementos. Siempre le interesó el material de deshecho. Y siempre lo atrajo en grotesco, como una forma de sorprender los dramáticos niveles de la realidad. Trabajó mucho con el cartón y el papel de diario picado y mojado con que se hacen los cabezudos, esos testimonios deformantes del Carnaval. Todo ese costado de su obra se perdió por la fragilidad  de los elementos que utilizó. Ahora lo lamenta. “Lo podría haber pasado a fibra de vidrio”, se queja. Dentro de ese planteo, hizo un caballo grande con tres payasos sentados arriba.Aunque para entonces ya había pasado a elementos más duraderos.

 

Es la composición lo que lo desvela. Un día ideó a los jugadores de truco. Lo que hizo está muy cerca de ser una obra maestra (lo es). Al hacer la cuarta figura, se dio cuenta que se rompía el equilibrio, que se desajustaba el ordenamiento en torno al rectángulo de la mesa, que desarticulaba la frontalidad. Ya había hecho el cuarto jugador, “medio caricaturesco, como los demás, a punto de gritar truco”. Ese jugador hubiera completado el cuarteto, lo hubiera hecho mas real. Pero como le molestaba desde el punto de vista de la composición, lo retiró. Y así quedó la famosa silla vacía. Que no fue dejada vacia de gusto, sinó que apareció casualmente. Y de la casualidad salió un mayor grado de participación. Porque el jugador faltante funciona como una especie de invitación para que el espectador se siente en la solitaria silla. Una forma de aumentar el grado de participación del espectador, sin llegar a las falsas (para el medio) propuestas del “happening”. Esa silla vacía con cartel que invita a sentarse, completó la obra y la volvió más rotunda y más provocativa. El ojo avizor de Nantes apreció rapidamente las ventajas las ventajas que le proporciona esa puerta abierta  a la integración. Y ahora trabaja en el proyecto  de unas parejas de bailarines de tango, colocadas de tal forma que la gente circule entre ellas y en cualquier momento unos compases de Troilo condundan irremediablemente la ficción con la realidad.

 

 

NANTES EL ESCULTOR  

Puesto a elegir (un absurdo), optaría por la escultura “Quizá porque he trabajado menos en ella y por lo tanto tendría por delante un camino más pleno de ilusiones, con más problemas  por resolver (debería ser un matemático). Además la escultura me gusta más porque exige una actividad más intensa. Es un trabajo más dinámico, que me obliga a moverme más y se condice mejor con mi temperamento. Me exige un mayor esfuerzo físico. El trabajar con clavos, con alambre, con lata, cansa, y el cansancio me hace bien. Va mejor con mi personalidad (desbordante). Quizá cuando sea viejo, me veré obligado a optar por la pintura, esa postura más pasiva. Pero ahora quiero hacer obras de grandes dimensiones. Quisiera irme a la sierra de Mahoma y esculpir grandes piedras. Hace un tiempo que  me traje unas piedras  coloradas de Rivera e hice una cantidad de figuras. Las vendí y las regalé a todas. No conservo ninguna de ellas. Lo realmente terrible en mi profesión es la falta de tiempo. Porque es evidente que en la medida que uno maneja mejor su instrumento expresivo, logrará mejores resultados. El dominio del oficio, posibilita la expresión. Pero vuelvo a los del oficio ingrato. Porque no solo se trata de dibujar bien un árbol y que ese árbol ofrezca un aporte personal, que hable con un idioma propio. Se trata tambíen que se aprenda a pintar al árbol y se le de un lenguaje personal, pero al poco tiempo no solo el árbol es distinto, también lo es el pintor. Y el pintor debe cambiar, adecuarse a uno y a las circunstancias que lo rodean. En la medida que uno cambia, debe cambiar la pintura.Yo paso en estos momentos por una época notable, terrible y depresiva que me lleva a cambiar constantemente.

Y eso lo obliga a redoblar el esfuerzo de su trabajo. “Porque si algo tengo, es disciplina. De repente me pongo a trabajar a las  siete de la mañana y son las 12 de la noche y sigo en lo mismo. Cuando uno se da cuenta que el trabajo es fundamental para lograr una mejor comunicación, no se lo puede abandonar. Es la ventaja del esfuerzo contínuo para ayudar a encontrar cosas. ¿Si he tropezado con cosas mías que no me han gustado? Con miles. Pero no las destruyo, ni las destruiría. Porque cada obra hay que ubicarla en su verdadero contexto, porque pueden  servir como material de consulta, porque son una referencia para ver lo que se debe mejorar,   en que grieta se debe profundizar mejor” .

 

Nantes multifacético que sería solo escultor si tuviera que elegir, aunque no tiene que elegir y hace todo lo que le gusta. El autor del Quijote de la Galería del Notariado y sobre tod del espléndido grupo escultórico de los jugadores de truco. El autor del monumento emplazado en la Rambla Armenia (un águila, símbolo de libertad y fortaleza), que le insumió seis meses de trabajo, fue hecho en yeso y luego volcado al bronce,   pesa 2.500 kilos, en una posición que Nantes no aprueba del todo, porque fue pensado para estar dos metros más arriba, menos encajonado y más alejado del muro, más proyectado contra el horizonte marino.

 

Nantes actual creador de una escultura que irá en el mausoleo que el arquitecto Amato proyectó para la Asociación de Escribanos en el Cementerio Central (“lástima de destino!”, dice el costado irreverente de este irreverente nato que es Nantes)., mientras Dunbar y sus  socios organizan un truco en donde no habrá una sola silla vacía y repetirá completo y hasta el infinito, el grupo ideado por Nantes. Aunque en esta ocasión sin su carga. Porque lo de ahora será una fiesta. Y los jugadores de Nantes vienen de la marginalidad, de los finales de la tercera edad, de la miseria y del abandono. Hechos con deshecho, con chatarra, en coincidencia con el destrozo interior. Y los puso a jugar truco, porque en ese juego vio la pequeña llama que les daba sentido a su vida.

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