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NOTAS DE PRENSA

De Arzadun, Carmelo


"Carmelo de Arzadun, Pintor de la Luz", Raquel Pereda (Uruguay, 1990).

Hacia 1916, Carmelo de Arzadun regresa a Uruguay después de largas estadías europeas.  Permanencias en París, donde ha estudiado con Anglada Camarasa y Van Dongen.  Permanencia en Bilbao (España) –la tierra de su padre- donde trabaja y expone.

A su llegada a Montevideo su obra denota su preferencia por la pintura impresionista, por la materia rica en empastes, por una paleta de alto colorido.

Su arribo coincide con un momento especial de la pintura nacional.  Por un lado, el ambiente de las artes plásticas está bajo la influencia de Pedro Blanes Viale, cuya maestría y calidad son indiscutibles.  Ha deslumbrado al medio artístico con su arte de puro cromatismo volcado en los paisajes de Mallorca y de las Cataratas del Iguazú que exhibe en este mismo año.  Por otro lado, una generación más joven, a la que pertenecen Arzadun y su gran amigo José Cúneo, de prolongada formación italiana y francesa, dejan atrás la temática europea para volcarse a lo exclusivamente nacional.

A su retorno al país en 1914, Cúneo había descubierto el paisaje nativo:  el campo uruguayo.  Además, poco después, dará comienzo a una renovación de la plástica uruguaya:  creación del planismo.

Arzadun hace lo propio, pero tal vez, sin las oportunidades de su amigo, reclamado por otras responsabilidades y por afición propia, debe buscar y encuentra sus temas no solo en las vastas extensiones de tierra adentro sino en la ciudad.  Su labor se nutrirá, de aquí en adelante, de ambos aspectos de la realidad nacional.  Se irán alternando a lo largo del tiempo.  Por unos años adherirá al planismo, luego proseguirá –para no abandonarla- la vía impresionista.

Sencillo, para nada grandilocuente y más bien callado, gustador de la vida simple, Arzadun, en las horas y en el tiempo libre que le dejan sus obligaciones docentes, se dedicará plenamente a su tarea creadora.   Para él, el motivo compulsivo para la creación está al alcance de su mirada.  No necesita de los grandes temas;  se complace con los distintos aspectos de la vida que fluye a su alrededor.


La compañía humana le es imprescindible.  Cuando su mirada se detiene en el paisaje de campo, por ejemplo, pocas veces lo representa deshabitado;  el hombre o la huella de su paso quedan consignados:  un rancho, una enramada, un carrito.

Atento observador de la vida diaria, Arzadun se deleitará morosamente con captar los rasgos particulares del barrio en que reside:  sus calles profusamente arboladas en primavera o en pleno invierno, casi desoladas, atravesadas por escasos transeúntes y los proveedores con sus mercancías;  el Parque Rodó y los juegos infantiles, la vecina Playa Ramírez en la temporada veraniega y el Río de la Plata;  ese mar a cuyo borde se extiende Montevideo, azul o amarronado, según predominen las aguas oceánicas o las de los ríos Uruguay y Paraná.

Hombre de su familia, retrata repetidamente a su mujer, a sus hijos.

Su casa en el Balneario Las Flores, donde transcurre las vacaciones en los meses de verano a partir de comienzos de la década del 40, se transforma en otro lugar de trabajo.  Arzadun descansa pintando.  Nace así la incomparable serie de paisajes costeros, verdaderas composiciones, finísimos trabajos de estudio lumínico.

Su obra es un canto de reconocimiento a la poesía –no vista u olvidada- de la vida de todos los días.  Rescata sus momentos de belleza, serenidad y encuentro del ser humano consigo mismo y con la naturaleza, sea esta la urbana, la campestre o la costera del Río de la Plata.

Arzadun reproduce lo que ve, es pintor de la realidad;  no representa mundos imaginarios.  Apego a la realidad, pero en cierto sentido a una realidad poetizada de donde están ausentes las manifestaciones violentas, distorsionantes, o las angustias.  Nada de eso le interesó en ningún período de su trayectoria.

Arte que evita lo imaginario, y sin embargo, exige en permanencia al espectador internarse con su imaginación y su memoria en las imágenes que el artista presenta.  Contradictoria sensación para el observador, aquella de compenetrarse de la visión propuesta por el artista y en simultaneidad evadirse para entender y aprender más cabalmente lo que nos quiere expresar.

Pintor de la luz diurna, Arzadun ha sabido magistralmente captar la cambiante luminosidad de nuestro cielo, el variable cromatismo de nuestro mar en calma o tormentoso, las transiciones del paso de las estaciones, de las horas del día. Sus cuadros son finísimos estudios del color y del tono en un determinado lugar, a una cierta hora.

Adhesión al mundo de la realidad.  Sereno lirismo emana de su obra y le hace comunicarse sin trabas, rectamente, con el espectador.

Arzadun no vivió de espaldas a la realidad o ignorándola;  simplemente prefirió rescatar para sí y para su arte, que es lo mismo que decir para los otros, el lado positivo del existir.  Su pintura tiene la plenitud de lo humano en su momento de armonía con el universo.


"Discurso de M. Koí chiro Matsuura "Carmelo de Arzadun"", Organización de las Naciones Unidas UNESCO (París, Francia 13/03/2000).

Excellences,
 
Mesdames, Messieurs,
 
 
C’est pour moi tout à la fois un honneur et une joie d’inaugurer ce soir, dans
la maison de l’UNESCO, cette magnifique petite exposition consacrée aux œuvres
inédites du peintre uruguayen Carmelo de Arzadun, organisée par la Délégation
permanente de l’Uruguay auprès de l’UNESCO dans le cadre de l’Année
internationale de la culture de la paix.
 
Il suffit d’un regard sur ces œuvres pour comprendre qu’elles portent en elles
un message de paix. On y perçoit immédiatement, à travers la douceur du jeu des
couleurs et des contrastes, l’élément harmonieux et pacificateur. Les tons pastel
associés au tracé ferme et serein rendent une atmosphère d’intimité qui exprime,
avec conviction et douceur, la vérité du peintre.
Cette vérité, c’est celle qui conjugue des origines latino-américaines avec la
culture européenne dont il a hérité à travers l’histoire du mouvement artistique dans
lequel il évolue : ses voyages l’entraînent en France, en Italie et en Espagne, mais
son art s’exprime en Uruguay. On perçoit ici de manière particulièrement flagrante
combien la peinture est un art qui peut transcender les frontières du temps et de
l’espace pour s’adresser à une sensibilité universelle.
 
C’est précisément cette ligne mélodique qui, à mon sens, se dégage de cette
exposition : on est pris dans le jeu d’une esthétique tranquille, confiante en sa
destinée, qui aspire à la création et à la beauté. Les biographes de Carmelo de
Arzadun insistent sur l’autonomie d’expression qui nourrit son œuvre. On voit bien,
en effet, que les influences artistiques qu’il reçoit sont intégrées dans un système
personnel de représentation et qu’elles viennent enrichir sa pensée et le tracé de son
tableau sans jamais les modifier et les altérer.
 
Chacun sait qu’il est très difficile de subir des influences tout en gardant une
personnalité propre, car l’intégrité en art comme en toute chose est une ligne
médiane qu’il n’est pas aisé de conserver toujours droite. Carmelo de Arzadun a
réussi cet exploit. C’est précisément cet aspect de son caractère et de son message
qui me paraît le mieux illustrer les idéaux la culture de la paix.
 
Je suis profondément convaincu que seule la confiance et la connaissance
approfondies que chaque individu a de sa propre culture, de ce qu’on appelle à
l’UNESCO le « patrimoine matériel et immatériel » qui lui a été transmis par les
siens, dans son milieu d’origine, peut forger dans l’être humain une conscience
sereine de ses possibilités et de ses aspirations.

.


"Designación a la Escuela Nº 40 de pueblo Fernández (Salto) "Carmelo de Arzadun", Cámara de Representantes del Poder Legislativo (Uruguay).

Poder Legislativo / República Oriental del Uruguay

Comisión de Educación y Cultura
Carpeta Nº 754 de 2000
Anexo I al
Repartido Nº 408
Julio de 2001

Designación a la Escuela Nº 40 de pueblo Fernández,
departamento de Salto

 

I n f o r m e


Comisión de
Educación y Cultura

INFORME

Señores Representantes:

Carmelo de Arzadun nació en Mataojo Grande, departamento de Salto, el 16 de julio de 1888 y falleció el 16 de octubre de 1968.

Comienza su formación artística en la ciudad de Salto; la continúa en 1904, en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. En 1910 viaja a París, donde estudia con Kees van Dongen y Anglada Camarasa, donde vive y reflexiona de cerca sobre la marcha y las transformaciones del arte europeo, elaborando estas influencias de una forma muy independiente y personal. De regreso en Montevideo, conforma con José Cúneo, Humberto Causa y otros, en medio del clima intelectual y artísticamente tan estimulante de los años 20, el planismo, que convierte el lenguaje pictórico internacional de vanguardia en una lengua vernácula. Las pinturas que surgen en este período ordenan y doman la superficie.

De Arzadun no sigue ninguna ley general o abstracta de la armonía, sino que libera su propio valor en relación a la composición en su totalidad. El color no debe tampoco expresar o significar nada más allá de sí mismo; no lleva cargas simbólicas sino que, como recurso primario de la pintura, hace surgir la manifestación desde la superficie: creación y expresión son idénticas.

En 1934, ya un artista maduro y reconocido, retorna nuevamente a sus estudios en la Asociación de Arte Constructivo Torres García, hecho que da muestras del carácter generoso y abierto de Arzadun: con un gran dominio y seguridad en sí mismo, se ocupa de una corriente artística completamente diferente. Como consecuencia de esto surge una serie de trabajos abstractos que, a diferencia de Torres García, presentan un colorido más vivo, más lleno de contrastes, tal vez como reminiscencia de un estudio del círculo en torno al fauvismo parisiense, con sus colores luminosos y nítidos.

Ha sido un sello de calidad intelectual y pictórica de nuestro país en el extranjero. Ganador de innumerables premios nacionales e internacionales. Hoy día sus obras ascienden a valores siderales.

Creemos que la designación de una escuela tiene que llevar consigo la valoración especial de personas de la zona, del departamento, que sean ejemplo para las generaciones futuras de probidad, ética, tesón, estudio, trabajo, disciplina, don de gentes.

En este entendido consideramos oportuna y proponemos a la Cámara la designación "Carmelo Arzadun" la Escuela Nº 40 de pueblo Fernández, departamento de Salto.

Sala de la Comisión, 11 de julio de 2001.

MARIELLA DEMARCO
Miembro informante
NAHUM BERGSTEIN
HUGO CUADRADO
GABRIELA GARRIDO
HENRY LÓPEZ
GLENDA RONDÁN

 

PROYECTO DE LEY

Artículo Unico.- Desígnase "Carmelo Arzadun" la Escuela Nº 40 de pueblo Fernández, departamento de Salto, dependiente del Consejo de Educación Primaria (Administración Nacional de Educación Pública).

Sala de la Comisión, 11 de julio de 2001.


"Carmelo de Arzadun", Serie Pintores Uruguayos -Sello conmemorativo de la Administración Nacional de Correos del Uruguay.

La Administración Nacional de Correos se suma con este sello conmemorativo a una serie de eventos entorno a la vida y obra de Carmelo de Arzadun.
Los reconocimientos incluyen la edición del libro " Carmelo de Arzadun: la escencia del Uruguay" escrito por el periodista Miguel de Carbajal.

Nacido en la ciudad de Salto en 1888 y fallecido en 1968, ha sido hasta ahora el gran ausente de las ediciones de arte, según el autor del libro.
Figura, sin embargo, dentro de los mejores nombres de la pintura nacional y su reconocimiento ha llegado lejos: en el Museo del Vaticano hay un importante ejemplo de cómo era el artista y su pintura.

El Papa Juan Pablo II recibió del Presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, un cuadro de Carmelo de Arzadun. La obra representa a Cristo crucificado rodeado de un grupo de trabajadores con ropa de estos tiempos.

Además de las exposiciones realizadas en nuestro país durante el año 1996, está prevista para marzo del 97' una exposición retrospectiva en Washington, en la sala de exposiciones del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.


"Sobre la obra de Carmelo De Arzadun", por Fernando García Esteban (Crítico de Arte).

Quienes miran la apariencia quizás no lo adviertan.  Quienes saben ver la pintura gozarán del asombro que siempre produce descubrir tanto donde parece haber tan poco.


"Carmelo de Arzadun: Música y Paisaje", por Ma. Jesús Garcí­a Puis Lic. en Historia del Arte.

Dos palabras, música y paisaje, que salen de la paleta del pintor y que merecen ocupar un primer puesto al configurar la esencia de su extensa producción pictórica.

"Música" porque toda su obra la lleva implícita de una u otra forma atendiendo a la propia evolución del artista y que, como dijo de él en 1938 el Maestro Joaquín Torres García, en una conferencia pronunciada a raíz de la Exposición de Carmelo De Arzadun en los salones del Ateneo:  "Su finísima retina, dejando el aspecto real, entra en la descomposición de la luz para encontrar una vibración armónica, es decir: música" y esto lo iría desarrollando cada vez más durante los treinta años siguientes de su vida, sobre todo en sus conocidas playas como analizaremos con posterioridad.

"Paisaje" porque la mayoría de sus óleos están dedicados a este tema, siendo además lo mejor de su creación en cuanto a calidad se refiere.  Pinta todo lo que se ofrece ante sus ojos:  desde su querida calle Ibiray, Parque Rodó, Playa Ramírez, sus famosas playas de Las Flores...hasta llegar a convertirse en exquisito difusor de la belleza de nuestras vistas.  Aunque también refleja -y no con menos maestría- los lugares que conocía bien tales como París, Mallorca y Ondárroa (Vizcaya).

Para llegar a un mayor acercamiento de Carmelo De Arzadun seguiremos el extenso concierto de su vida artística, desde sus orígenes hasta su fin, marcando a grandes trazos su serena, pero firme trayectoria por el Arte.

Nace en Uruguay en 1888 y tras sus primeros años de estudios escolares y posterior inicio en la pintura -1902-, nos encontramos como fecha de interés 1904;  es entonces cuando se radica en España, concretamente en Bilbao y sigue ya serios cursos de dibujo y pintura en la Escuela de Artes y Oficios.  De ahí la influencia de la pintura española asimilada durante el período inicial de su formación.  Contando 21 años de edad regresa a Montevideo y empieza a exponer pequeñas notas de la ciudad, pero en 1911 se marcha a Europa para disfrutar de una beca de estudio, la cual le dará la oportunidad de residir en París, concurrir a grandes y reconocidas academias artísticas (en una de ellas tendrá como profesor a H. Anglada Camarasa) y completar su educación visitando los museos franceses, italianos, ingleses, españoles y belgas.  A su regreso, en 1915, después de pasar en Ondárroa (Vizcaya) varios meses, se suceden las exposiciones, primero de sus notas europeas, paisajes en su gran mayoría, y luego en 1917 en adelante, se reflejan ya aspectos de la tierra uruguaya, tales como los que podemos observar en esta retrospectiva titulados "La Tranquera" y "Paisajes de Cerro Largo".  Desde este momento ya podemos hablar de un estilo determinado;  hasta ahora Carmelo De Arzadun estaba en el aprendizaje, pero su vuelta de Europa es el punto de partida, el firme inicio de su continuada labor de pintor.

En este primer tiempo situamos su pintura en la corriente que nacida en Europa deriva del Impresionismo y se conoce como Planismo.  Esta tendencia tiene como finalidad el hacer objeto al tono plano de color;  y sus principales características son:  firme expresividad, rebelde luminosidad y vigor en la síntesis.  Visualmente es una pintura que muestra los violentos colores de las cosas así como una esquemática generalización de las mismas en superficies de tonos yuxtapuestos.

Es en esta pintura "a planos" donde Carmelo De Arzadun inicia su investigación, su experimentación del paisaje que durará siempre.  Pone de manifiesto la inclinación que siente por el luminismo español (de Anglada Camarasa).  Los óleos de esos años son un estallido de color, de paleta clara y caliente, con violentos tonos contrastados que aparecen como reacción al claroscuro.  Ejecutados dentro de un planismo simple, de elemental esquematización, carecen de modelado y el dibujo se reduce al capricho de los contornos, las formas están fuertemente delineadas con gran concreción y sintetismo, abarcando en su interior amplios planos de color, usando como el tratamiento de las formas con toda libertad, no importa la disonancia.  Pese a ello los cuadros de  De Arzadun resultan violentas sinfonías de paisajes con motivos de campo, de bosques o llanuras repletos de la alegre visión de la luz que otorgan el uso del violeta de cobalto, carmines, vermellones y cadmiun amarillo.  Todo dentro de este primer contacto firme con el paisaje que toma carácter de lucha.

 A medida que pasan los años va perdiendo esa violenta fuerza, fruto de la evolución y de su enorme capacidad de estudio, paciente y constante.  Prosiguen las exposiciones;  en 1925 viaja a París y en 1931 construye su casa y taller en la calle Ibiray.  De esos años son sus telas con escenas familiares (sus hijos jugando...) vistas con gran ternura pero que no son en cuanto a su calidad lo mejor de su producción;  en general en las figuras no logró el nivel y relevancia que consiguieron los paisajes.  No obstante interesan por la captación ágil -sobre todo de los niños jugando-, hay ritmo que hace integrar tales figuras al ambiente de fondo.  Sus retratos directos están faltos de fuerza y expresividad en los rostros;  quizás el más conseguido de los que se exhiben en la muestra sea el de su madre, fechado en 1929.  Como excepción que confirma la regla hay que mencionar sus tablas de indígenas realizadas en 1961 a raíz del viaje que en 1955 hizo al Ecuador;  en ellas se trasluce el dominio técnico, la soltura;  no son retratos sino manchas de color que con volumen y mucha gracia exhiben la vestimenta, instrumentos musicales, etc., de los indios de esa zona.

 Es importante el hecho del cambio de domicilio a la calle Ibiray pues de allí aparecerán una gran serie de cuadros que reflejan la vida del barrio, vida cotidiana captada en momentos fugaces.  Muchas veces es lo que ve desde la ventana de la casa (de ahí telas de calle, primavera, etc.) y en otras ocasiones son resultado de sus paseos por los alrededores, como ocurre con las pinturas del Parque Rodó o de la Playa Ramírez.

Pinta tanto dentro del taller como al aire libre, y en ambos lugares va introduciendo como nota clave de sus composiciones el empleo de los matices;  bien por la unión de varios colores, como por cada una de las gradaciones que puede tener un solo color.  Llegará más adelante al pleno dominio de las matizaciones, captando la atmósfera y transfiriendo la intensidad y duración justa para alcanzar la armonía.

En 1934, cuando regresa el Maestro Joaquín Torres García a Montevideo, nuestro artista decide ejercitarse a su lado;  lo cual nos da un dato más del carácter de éste al asistir al Taller Torres García con toda la intensidad de un estudioso y con la fuerte personalidad que le permitió por un lado saltar la ola de rechazo que el Maestro tuvo a su llegada, y participar en la importancia del hecho de su presencia aquí.  Por otro lado no tuvo temor de que pese a ser ya un pintor reconocido por un estilo en el ambiente montevideano, su acercamiento al Taller le perjudicase.  Carmelo De Arzadun investigó y aprendió todo lo que se le iba presentando si es que lo consideraba de interés (no reaccionó así con los movimientos vanguardistas cuando residió en Europa).  En el Taller Torres García se le replantean problemas, averigua verdades y llegará a realizar algunas tablas de estructura organizada (de las que se exhiben dos en la muestra, fechadas en 1935) y que como las restantes de su breve estadía por el Taller son de valor documental.  Abandona este camino, pues no comparte el concepto básico del revisionismo formal que propone la "Doctrina Constructiva".  Su senda era otra y el cambio se daría en él naturalmente, devendría como su propia existencia.

Sus cuadros de los años siguientes ponen de manifiesto su paso por el Taller.  Después de veinte años desde sus primeros óleos, introduce el color negro en su paleta, seguirán finos agrisados y ocres;  en cuanto a la forma hay una densidad constructiva de la que antes carecía.  Baste para ello remitirnos a la obra de 1938 titulada "Avenida Agraciada" y a los retratos de su señora en 1940 "El Abanico" y de "Esther de Cáceres" en 1948.

En 1940 al construir su casa de veraneo en Las Flores entra el océano, la costa en sus temas, logrando una fuerte imposición como asunto interpretativo.  Incluso en sus últimas obras llegará a desentenderse del tema para lanzarse plenamente a pintar la luz atmosférica.  Es una etapa pictórica de importancia capital en la trayectoria de Carmelo De Arzadun.

Se especializa en la observación del cambiante paisaje del cielo, océano y arena, y cómo las variantes climatológicas y horarias le afectan.  Se vuelve sutilmente meticuloso, pero ya no hay lucha con el tema paisajístico sino una plena integración con él.

 Plasma atardeceres, amaneceres, reflejos del sol, sol del mediodía, días ventosos, días calmos...todo con una pincelada que acaricia las formas y expresa los detallados cambios del tono.  Nada escapa a su retina ni a su investigación;  prueba tras prueba domina la captación de la atmósfera la cual impregna su pintura, llegando a imponerse sin discusión como uno de nuestros mejores paisajistas.  Las playas casi siempre desérticas o con escasas figuras paseando están exquisitamente elaboradas, llenas de música profunda y suave a la vez;  son una melodía que deleita los sentidos.  Sus manos resultan ser el intérprete ideal de ese lenguaje de medios tonos repleto de gamas y matices siempre acordes y en consonancia con la estructura final de la obra.

Insistimos qu es en la serie de las playas donde mejor refleja su calidad y saber hacer, resultado de la propia personalidad del artista así como de sus recursos y hallazgos, faltos estos quizás del paso hacia búsqudas temáticas más imaginativas y menos cotidianas.  Hay en especial dos cuadritos de playas de la Costa Brava (España), fechados en 1964 durante su último viaje a Europa, que son un placer contemplativo, vivo colorido del mediodía difundido en manchas, conuna paleta espesa, con cuerpo.  Esto mismo ocurre en los paisajes de la Catedral de Palma de Mallorca y en el de Ondárroa:  exquisitos y grandes en su pequeño tamaño.

De sus viajes a París en 1949, 1959 y 1964 hay abundante producción, sobre todo referida a la Catedral de Notre Dâme, el Panteón, diversos puentes, el Jardín de Luxemburgo, etc., en todos ellos capta la luz atmosférica de la capital francesa y emplea de pleno todas sus habilidades, destacando los elegantes matices colorísticos y la fuerza en la estructura forma que reflejan las composiciones.

Para concluir el bosquejo de este prolífero e incansable pintor que fué Carmelo De Arzadun hasta sus últimos días, es necesario aludir al fino trabajo inconcluso que se exhibe en esta retrospectiva (fechado en 1968, año de su fallecimiento).  Con él el paisaje, la naturaleza, ganó un intérprete de calidad y el Uruguay un gran artista.


"Carmelo De Arzadun", por Alvar Núñez "Saber Vivir" (Buenos Aires, 1947).

Carmelo de Arzadun es un valor señero dentro de la plástica uruguaya y una viviente lección de amor al arte.  Si no fueran que lo consigna el catálogo, nadie habría de suponer que el autor de "Arroyo de las Flores" y "Médanos", se halla en los umbrales de los sesenta años.  Y es que si el individuo debió seguir inexorablemente toda la parábola de su tránsito exitencial, el artista ha podido mantenerse en la uclminación, gracias a esa virtud que parece innata en los pintores de la vecina orilla:  Figari, Torres García, De Arzadun, etc.

Su espontaneidad, que es el corolario de su ciencia técnica, no excluye imperativos de orden interpretativo.  Arzadun va en línea recta desde el centro generador de sus emociones hasta el propio mundo de sus paisajes, hasta el más profundo recoveco de su objetivismo intrínseco.  Ese es su característica mejor:  su estilo definido.  Pero ya que hemos hablado de subjetivismo digamos algo de sus soledades.  De esas soledades que aparecen en sus temas de playa y que son como la estructura de su clima.  "Reflejos", "Lluvia" y otros temas de costa y río y de especial manera "Cerro" son obras que lo definen como misántropo del paisaje.

Su hábil pincelar, su factura eminentemente plástica, su sentido de la armonía colorística son recursos honestísimos que configuran un lenguaje de excepción.  El retrato de la poetisa Esther de Cáceres, agrega méritos a esta muestra tan significativo de un artista que honra al Uruguay de la mejor manera:  Contribuyendo a que se le conozca mejor.

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