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NOTAS DE PRENSA

Cattelani, Raúl


“Vigoroso colorido en los grabados y cerámicas de Cattelani-Easton”, por Eduardo Vernazza (Diario El Día, 28 de octubre de 1975)

En la Galería Boqui que do inaugurada la exposición de grabados de Cattelani y Easton. De esta última artista, solo tres piezas se exhiben. En ellas podemos atestiguar sus condiciones esenciales para manejar los planos y estilizar los temas. Logra de tal forma una representación figurativa muy simple y concreta.

En cuanto a Cattelani que también trata cerámicas afirma su ya reconocida condición en cuanto a la integración del signo, especialmente en sus orígenes primitivos de Centro América, con los que maneja una serie que ya es reconocida internacionalmente, al ser expuesta en muestras de tanta categoría como la Galeria Bardale, en Savoia, Italia, y las obras que figuraron en la Trienal Internacional del Museo de Suiza. Estos ejemplos sostienen la calidad de la composición y las estructuras, tanto verticales como horizontales. En ellas vierte el artista un reflejo fiel de los distintivos que aún perduran en la documentación histórica de América, y que contienen toda la vigorosa fuerza colorista que Cattelani ha sabido imprimirles con el brío y la síntesis justa a su dimensión original.

Los motivos son “Pájaros fantásticos”, “Figura humana fantástica”, “Estela jeroglífica”, símbolos que aperciben sobre el nacimiento milenario de religiones que perduran a través de los siglos y se convierten, aún en la era moderna en la más valorada significación de civilizaciones que tuvieron el más acrisolado esplendor.

Cattelani crea un estilo propio con tales cimientos, que descubrió, o mejor adaptó a su arte del grabado, en viaje hacia aquellos lugares en que pudo convivir con las verdaderas fuentes, que aún dejan oír el cristal de su viva decoración.

La técnica que emplea este grabador, se adapta totalmente, así como los colores  y las tintas que emplea, interpretan, sin llegar a ser copias, todo el bagaje artístico que las estructuras básicas que sabe componer con una muy eficaz riqueza cromática.


“Raúl Cattelani: En el camino de la nueva figuración”, por Maria Luisa Torres (Diario El País 17 de mayo de 1960)

Exposición de Raúl Cattelani en el Centro de Artes y Letras de EL PAIS.

Esta segunda exposición individual de Raúl Cattelani realizada luego de un lapso de dos años lo muestra ya en posesión de un camino personal. Sorprende la sostenida calidad de las quince telas expuestas que denuncian a un auténtico pintor.

Pese a ser Cattelani el gestor del Movimiento de Arte No Figurativo, surgido en el curso del presente año en Montevideo, y a los títulos de sus cuadros, referidos en gran parte al binomio espacio-tiempo: “Gran forma espacial”, “Espacio-tiempo construido”, “Estructura espacial”, “Espacio-tiempo”, y la alusión a elementos de índole geométrica, el plano, en piezas como: “Planos abstractos”, “Planos construidos”, “Planos encontrados”, todo lo cual haría pensar en un planteo puramente abstracto-geométrico, la emoción primaria que sustenta sus búsquedas es de naturaleza real, la ciudad.

Sus viajes a Brasil le descubren el hechizo de la gran ciudad, de los vastos espacios urbanos, y sobre dicha experiencia elabora su lenguaje. Muchos artistas contemporáneos han acusado el impacto de ese enorme monstruo de la civilización moderna, la ciudad.

Torres García escribe su libro “La ciudad sin nombre” y cristaliza en composiciones dinámicas y ligeras a Nueva York en la década del veinte. También Viera Da Silva retoma el tema ciudadano pero mientras ella nos sumerge en un mundo abigarrado y laberintico, el joven artista uruguayo nos ofrece una imagen de la ciudad límpida, liberada de aglomeraciones para predicar el imperio de la forma pura, plena de equilibrio.

Sortea Cattelani el parentesco con los Planos Urbanos por la originalidad de las formas que concibe, las que se repiten con pequeñas variaciones como si fuese una melodía que se desarrolla. Esa misma recurrencia formal otorga a sus obras un extraño poder alucinante.

Los edificios se suceden en una rara perspectiva vertical, sobre una superficie desprovista de sombras, donde el blanco y el negro empleados puros, sin medias tintas crean un contrapunto de formas fuertemente expresivo.

Una fría calidad sideral surge de esos fondos blancos y negros, donde los edificios como bloques hieráticos y rutilantes se elevan livianos habiendo logrado escapar a la ley de la pesantez.

Cattelani se inscribe a través de estos trabajos en la línea de “La Nueva Figuración”. Se trata de un movimiento surgido recientemente en Europa que parte de la observación de la naturaleza para transfigurarla de acuerdo a los nuevos conceptos de espacio y tiempo.

Nada más apto que la ciudad moderna, para proporcionar al artista un universo inmenso de posibilidades, en cuanto a las nociones espacio-temporales Bergson descubría en el tiempo un elemento de desintegración. El cambio de nuestra concepción del tiempo en que éste ya no es un principio de disolución y exterminio, ya no es el elemento en donde las ideas y los ideales se pierden sino que él encarna la forma en que nosotros tomamos posesión y nos volvemos conscientes de nuestra vida espiritual de nuestra naturaleza viva, se refleja en el lenguaje plástico a través de formas que pasan de la instantaneidad impresionista reflejo de la concepción bergsoniana a la versión totalizadora de ciertos pintores concretos. La ciudad pintada por Cattelani no es captada en el devenir sino en la intemporalidad que otorga valor absoluto a las formas y vivencias.

Es muy importante el esfuerzo que realiza Cattelani por alcanzar un lenguaje propio asimilando a la vez las conquistas de medio siglo de luchas a cargo de los pioneros de la plástica de hoy.

Las debilidades técnicas anotadas en algunas exposiciones anteriores producto de la premura, no existen en la serie presentada en la Sala del Centro de Artes y Letras. Aunque es riesgoso aventurar vaticinios sobre artistas que comienzan con brillo su carrera artística, pues muchos quedan a medio camino, la personalidad de Cattelani permite esperar una consagración dentro del ámbito nacional e internacional.


Raúl Cattelani en Portón de San Pedro (por Roberto de Espada, 8 de agosto de 1981).

Frente a las obras de hoy de Raúl Cattelani el crítico añora sus etapas de aguafuertista en la que lucía un austero y contenido mundo de signos de raíz precolombina. Ello no implica desmedro de su actual búsqueda avalada por muchos años de práctica y de seriedad, ni proclama el deseo de estatizar o anquilosar al artista en una imagen. Se puede observar que los intereses actuales de Raúl Cattelani se dirigen hacia la expresividad del color prescindiendo de lo que se ha tenido como especifico del grabado en madera: la utilización expresiva de la veta de la madera.

En el actual conjunto de Raúl Cattelani queda claro que eso no le interesa al artista y lo que si procura es conseguir un grado de refinamiento, de calidades y colores, de dibujo y de formas que pueden viciar su obra de algún grado de sofisticación vecino del decorativismo. Es destacable la sabiduría que Raúl Cattelani ostenta en la explotación de los recursos gráficos para obtener calidades y transparencias de fondo que si son de puro cuño de grabado; allí es donde juega la dirigida aleatoriedad de tintas y colores que hacen de cada obra una pieza única. Po lo demás la muestra ratifica la personalidad de quien fundó su expresión incorporando un sistema de signos de estirpe indígena que hoy retorna en una propuesta que puede impactar por sus rutilantes colores, por sus netas definiciones de dibujo y, más específicamente y legítimamente, por ostentar envidiables conquista técnicas, con lo que ello de peligroso implica.


Raúl Cattelani y su fantasía. (El País 6 setiembre 1981)

Lo grabado, grabado está…..

Su obra parte de las mismas fuentes primitivas de la decoración indígena. Y en esa línea es uno de los pocos grabadores uruguayos que han seguido, continúa y coherentemente, esa disciplina. En la Galería Portón de San Pedro, Raúl Cattelani en su serie “Pájaros y animales fantásticos”, revitalizó un lenguaje que no es más que el suyo. Y esa entrañable y verdadera vía expresiva fue captada por El País de los Domingos.

Es uno de los pocos plásticos uruguayos que eligió el gravado como vía expresiva y durante más de dos décadas ha sido fiel a esa disciplina. Una disciplina que tiene otra peculiaridad: bucear y bucear los contornos del hombre americano y sondear una mirada hacia el interior de ese hombre americano, que exalta su mitología y sus creencias en mundos fantásticos donde se entremezclan los exuberantes colores, los pájaros y los animales. El propio Raúl Cattelani se encarga de no desmentirlo: Mi viaje por México y por otros territorios como Colombia, Guatemala y Tikal me marcaron para siempre. Y ese deslumbramiento que encontré en lo que viví y en lo que vi, ha sido para mí una vivencia intransferible: la de toparme con vivencias humanas a lo largo y a lo ancho de esos territorios recorridos. Es por eso que mi obra siempre ha tratado de identificarse con el hombre americano y de expresar ese sentimiento.

Su nueva muestra de las últimas 20 obras, alimentadas en el 80 y 81, que exhibe la Galería Portón de San Pedro, no lo desmiente, con predominio de colores como el oro, el azul y el rojo, para anidar a una “Paloma”, que no es una paloma en sí, sino una recreación de una paloma a su manera: “El caracol emplumado”, que inserta vestigios de una cultura Maya, “El perro”, “El cocodrilo”, o “Una figura humana”, denotan que su fascinación estalla en una concepción fantástica de la realidad que ha visto, que vivió y que transfiere en un lenguaje propio, por conocido y sentido.

 

Un entrañable espíritu

El año pasado programó una retrospectiva de diez años de labor, y aunque él no lo reconoce, su nueva serie de grabados no desdeña su temática más entrañable que es la de captar y “re-captar” el espíritu Indoamericano. Si es cierto que su serie de ahora, denominada de “Pájaros y animales fantásticos”, no exhibe con tanta generosidad aquellos signos y jeroglíficos de su exposición pasada, no se ha desprendido de una simbología imaginaria en la que aparecen sus rasgos de grabador más evidentes. Inmerso aún en la fascinadora fuente pre-hispánica e indígena, busca y se rebusca en una expresividad tan propia como auténtica: Es que cuando visité toda la zona arqueológica, desde Yucatan a Tikal, en Guatemala, evoca, tuve la experiencia de vivir con los indígenas y  conocer muy de cerca todo el ámbito arqueológico de ese país, que para mí fue el punto de partida de una temática que siento como si fuera mi propia realidad.

 

En un terreno de verdad

Cuando se le pregunta porque no se ha dedicado a la pintura, Raúl Cattelani admite: No me dedico a la pintura porque el grabado me absorbe totalmente. Es cierto que conservo algunas pequeñas influencias de la pintura planista y abstracta del 65, pero fue allí que deje de pintar. Porque mi medio es el grabado. Creo que el grabado en el Uruguay ocupa el lugar que le corresponde porque está a la altura de la pintura. Hasta hace unos 30 años se le consideraba un arte menor pero ahora se ha ubicado en un sitial destacado. Es cierto que en Uruguay hay poca gente dedicada al grabado, como es el caso de Gladys Afamado y de Isabel Easton, mi mujer, pero en otros países y ciudades como Colombia, San Juan de Puerto Rico, Roma y Seul, existen Bienales de Grabado. Por ejemplo, Isabel Easton ha sido elegida para participar en la Bienal de Corea, en Seul, y el uruguayo radicado en Paris José Gamarra integra el envío de la Bienal de Roma. Admito que hay que sentir la vocación del grabado para ejercerlo, porque si no se está en esa situación, la tarea se hace difícil y solitaria; no existen maestros de grabado en Uruguay y tampoco existe una galería que, específicamente, se dedique a difundir las artes gráficas. En mi caso, reconoce, yo he tratado de mantener una línea coherente y continua en mi búsqueda expresiva y a lo que aspiro en esta muestra es a llamar la atención del espectador a través de mis pájaros y animales fantásticos.

 

Una proclamación que Raúl Cattelani asume con el esplendor cromático y madurez de oficio que solo los artistas que optan por una disciplina, porque es la propia, hacen que cada obra suya se fundamente en un terreno de verdad.


Cattelani: Lo primitivo en el grabado moderno. Por Eduardo Vernazza (El Dia 26/7/1981)

Raúl Cattelani es uno de los grabadores que ha logrado no solo verificar la técnica a color, sino el tema.

Decíamos en una nota (25/7/74), que Cattelani “es un estudioso de las cosas americanas. De sus viajes por América trajo elementos de sus estudios realizados en las misma fuentes primitivas de la decoración indígena”.

Hoy, el artista ha logrado insistir con éxito en la motivación suya que encontró el lenguaje que ya tenía asidero en su vital esencia plástica. La soltura y la síntesis mantienen una visión clara de los elementos y signaturas que componen las simientes de sus obras.

Porque Cattelani viajó y vivió dentro mismo del ambiente indígena. Allí busco la elocuencia de su propio arte en los símbolos. Y estos alternados en sus figuras y animales coronan una amplia decoración que trata en azules, blancos, rojos y amarillos, lo que el fondo de oro adquiere de sugerente y rica estilización, finísima en la belleza de sus matices.

Realmente es una motivación en la cual el pintor y grabador que hay en Cattelani, supera en su serie, bien presentada y mejor tratada, sus pasadas piezas, que siempre hallaron la vivaz aportación de su dimensión a tres colores, blanco , azul y otro. Puede ser un ejemplo de buena consistencia, resaltante de la simplicidad que depura lo que podría convertirse en algo más barroco y más dentro de lo que elaboran los indígenas.

Cattelani ha tomado aquello que bien le sirve para sondear su propia mentalidad de grabador. Y sobre esto, compone, trabaja con un sentido claro de manifestación plástica.

Deja lejos lo que podría convertirse en una misión histórica, documental y fría del universo descubierto.

Solo que supo abandonar aquello que en detalles adornaba los originales llevando a la plancha de madera o serigrafía su constante y madura técnica.

Por otra parte los espacios están dados con severa disciplina del plano.

Recorta la figura, cala con flores o signos algunos sectores de elementos decorativos y asoman como ventanas que dejan entrar los claros de la gubia, conformando un ritual que posee en parte, ya el valor simétrico, o la asimetría ordenada.

El corte de la figura se mantiene seguro y adosado a la silueta.

Cattelani se vale de ella en la fuerza de su creación.

Los signos y la combinación de los elementos estilizados mantienen la armonía principal, virtud de sus obras.


Su Obra más Cotizada en Bondu Scp, Fuente: Artnet.com

Raul Cattelani, TORRE DE BABEL
     
Artist   Raul Cattelani
Title   TORRE DE BABEL
Medium   Print silographie
Size   29.3 x 21.1 in. / 74.5 x 53.5 cm.
Sale Of   Bondu Scp.: Saturday, November 21, 1992
[Lot 76]
L'ARTISTE & L'ANIMAL

"I Biennale Italo Latino Americana Di Tecniche Grafiche -Nel Segno Dell´America Latina", por Dario Micacchi Diario "L´Unita" (Roma, 28/06/79).

Raúl Cattelani con le sue emersione di segni da profunditá storiche abismali.

Dario Micacchi

Diario "L`Unita", Roma (Italia)


"Cattelani", por Eduardo Vernazza Diario "El Dí­a" (25/07/74).

Es Cattelani un estudioso de las cosas americanas.  De sus viajes por América trajo elementos de sus estudios realizados en las mismas fuentes primitivas de la decoración indígena.

Eduardo Vernazza


"Exposición Pedro Figari", por Arq. Carlos Herrera Mac Lean (Comisión Nacional de Bellas Artes, 1965).

Raúl Cattelani, uno de los mas brillantes grabadores uruguayos, ha reunido en una retrospectiva de 22 obras , la labor de una década de permanente evolución de su desencantado oficio. Sus creaciones denotan una obvia entonación pictórica, que se nutre de una infrecuente, insoslayable eclosión de colores vivos. En el colonial recinto de “El Portón de San Pedro”, al inaugurar esta muestra personal, mientras exhibía cada obra suya, habló con El País de los Domingos.

Raúl Cattelani, no niega en cada obra suya, que el grabado ha sido su vocación más nítida dentro de las artes plásticas. Con tintas cargadas de imprenta  ha resuelto, en esta muestra, sus rasgos estéticos más evidentes y su temática más entrenable, como ha sido la de bucear en el espíritu indoamericano. Un gato blanco con planos de negro y dorado, se inscribe, de inmediato, en esa corriente de mitología americanista; lo mismo sucede en sus pájaros simétricos, en sus composiciones de signos y jeroglíficos, dotadas de un cabal sentido del dibujo y la composición.

 

O en esos inéditos –al menos para él- cuadros  de “Torres y Castillos” y “Fundación de Montevideo”, dos obras de reciente producción y donde la naturaleza del grabador se confunde  con la sabia entonación de un pintor.

 

El propio Cattelani señala: Prescindo de las figuras humanas y me he dedicado a los animales, ya sea un gato o un perro o los pájaros fantásicos. He estado buceando por una temática indoamericana, y he tratado sólo de captar animales, porque siento mucho amor por ellos, y además, son para mi, elementos de inspiración temática.

 

Integrante fundador del Grupo “La Cantera” –donde asistían el consagrado (hoy radicado en París) Gamarra, Grípoli,  Diecci,  Rodríguez  Arnao y  Aldama,  entre  otros desde 1954 hasta el 60, Raúl Cattelani hizo del grabado una profesión de constante, solitaria y permanente búsqueda expresiva. Fue en 1970, que becado por la O.E.A, viajó a México para radicarse por algo más de un año, y estudiar gobelino, e internarse en la fascinadora fuente prehispánica e indígena; “Visité toda la zona arqueológica, desde Yucatán  a Tical, en Guatemala –cuenta- y hasta tuve la experiencia de vivir con los indígenas y conocer muy de cerca todo el ámbito arqueológico de ese país.

Ahora reconoce: “Trabajo en la serie de las estelas en una continuidad de signos con remate arriba y otro abajo, y de esa influencia no me he desprendido. También, las “Torres y Castillos” son un homenaje a España y “Fundación de Montevideo”, mi fidelidad al México que conocí.

¿Donde están los grabadores?

Cuando se le pregunta por que no hay un rotundo movimiento de grabadores en Montevideo, como por ejemplo, lo hubo, sobre todo, hace una década, en el dibujo, responde: No hay un movimiento de grabadores en Uruguay. Y agrega: Atribuyo esa falta de grabadores a los medios escasos de trabajo que existen en el país. También el grabado es un medio de más difícil venta que la pintura. También esa carencia existe en la escultura.Pero admito que hay que sentir la vocación del grabado para ejercerlo, porque los materiales de impresión que se disponen son caros, y es muy difícil manejarse con el papel nacional. Tampoco existen maestros y no existe una galería que, especificamante, se dedique a difundir las artes gráficas; carecemos de material de información, y es por eso que, a mi criterio, hay poca gente que trabaja en artes gráficas; Eso no sucede  en otros países, considera. En Europa, se le da mucha importancia; se realizan frecuentes bienales de fácil traslado y se trata de invitar a todos los países del mundo. En Chile y en Mendoza, no obstante, existen Bienales de Grabado.

 

Para el 80, Cattelani, junto a los uruguayos Frasconi, Solari  y Gamarra, se  presentará en la “Bienal de Técnicas Gráficas”, en Roma..

A otros eventos Cattelani enviará obras suyas: “Intergrafic 80”, en Alemania; el Premio “Biella”, de Italia; “Frechen”, de Alemania, y la Muestra de Fredreisktad de Noruega. Las 22 obras que abarcan 10 años de trabajo, demuestran que Raúl Cattelani es un creador que ha hecho del grabado su enaltecedora, gratificante  e inspirada forma de expresión, para testimoniar con auténtica fuerza, lo que un artista americano asume como testimonio artístico.


"Mitología Indoamericana en los Grabados de Raúl Cattelani", por Berta Bueno Nadal Diario "El Debate" (10/04/81).

Hacemos un paréntesis con la pintura para visitar el taller del conocido grabador Raúl Cattelani, al cual nos une una amistad amplia y generosa, con ese don tan especial que posee para cultivar amigos y brindarse a ellos con gran cariño.

 

Nos recibe con una sonrisa, pero su perrito parece celoso, nuestra curiosidad nos lleva a tocar todo lo que vemos, entre cartulinas, pinceles, gubias, paletas, tallas y cerámicas realizadas por el artista hasta las más diversas colecciones de objetos antiguos, fuimos invitados a tomar un té rodeados de sus obras allí expuestas.

 

Conversamos sobre diferentes tópicos  - arte  por supuesto -  y posteriormente apreciamos sus últimos grabados, que serán expuestos en el mes de julio.

   

La lista de exposiciones es interminable desde 1958 hasta la fecha, sólo destacaremos parte de ellas. Cattelani cursó estudios de dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Su primera exposición individual la realiza en el Subte Municipal. Su obra es conocida tanto en el ámbito nacional como internacional, podemos decir que desde 1958 expone en forma ininterrumpida y sus obras están representadas en casi todos los museos del mundo; también interviene en bienales y eventos nacionales, donde es premiado varias veces con el Gran Premio en salones nacionales y municipales.

           

Fuera del país es invitado en la II Bienal Interamericana del Grabado de Chile, XII y XIV Bienal Internacional de Grabado a Ljubljana, 3th. Seoul International Print  Biennale, Korea, V Trienale de gravure sur bois (Suiza) girando por Europa, IV Bienal Internacional en Alemania entre otras tantas exposiciones de carácter internacional; en 1970 obtiene una beca de  la O.E.A para realizar un curso de Gobelino y Diseño de Arte en México. Es aquí donde el artista encuentra un nuevo horizonte  y a partir de entonces realiza esta serie de grabados que son un verdadero reencuentro con la mitología indoamericana.  La muestra que se inaugurará se denomina “Pájaros y animales fantásticos” (Mitología Indoamericana).

Son xilografías realizadas a todo color en una rica paleta donde predominan los rojos, negros, azules y dorados como fondo, los cálidos se logran por superposición de color dando así transparencias. Esta serie de pájaros y animales fantásticos está basada en una mitología indoamericana  que el artista  se interesa  desde 1957, estando en una búsqueda que lo identificará con el hombre americano. Los grabados están realizados con una técnica impecable y gran calidad, su color es impactante produciendo el efecto deseado. Son de una riqueza y fuerza expresiva extraordinarias. Cattelani es un  artista en contínua superación, el grabado habla por sí solo en una conjunción de formas y colores hipnóticos donde el espectador se siente atraído por estas realizaciones  muy valiosas y auténticas.

                                                                                  

Berta Bueno Nadal


"El Arte de Raúl Cattelani", por Alfonso Llambias de Azevedo (Crí­tico de Arte).

EL ARTE DE R. CATTELANI

 

El grabado en el Uruguay tiene buena tradición, desde las valiosas aportaciones de los primeros litógrafos formados por el italiano Godofredo Sommavilla en la antigua Escuela de Artes y Oficios. El impulso dado luego a otras técnicas por el Círculo de Bellas Artes y la Escuela Industrial, creó el ambiente apropiado para que surgiera la obra, muy depurada y representativa, de grabadores como Guillermo Rodriguez, Federico Lanau, Leandro Castellano Balparda, Domingo de Santiago y Adolfo Pastor. Posteriormente y como integrantes de un movimiento más individualista e inquieto en su temática y expresividad, corresponde recordar los trabajos de Carlos González y Antonio Frasconi.

No puede sorprender, pues, que un grabador como Raúl Cattelani (1927) en permanente actividad desde su primera exposición individual en 1958, recoja, impulse y aún supere ese proceso con el empleo de un lenguaje plástico siempre renovado al que mucho contribuye el conocimiento de otros climas y paisajes.

Me refiero al enlace de Cattelani con esas tierras calientes que recorrió, especialmente con Brasil y México. De hecho, Cattelani se ha ido introduciendo, paso a paso, en un espacio infinito y despejado que va integrando con formas  puras o absolutas.Esto es lo más difícil  y delicado de un artista, cualquiera sea su técnica: saber disponer  y ordenar las ideas plásticas. La obras del artista que alcanza  plenitud de logro es la consecuencia de su integración en la vida como creador, es decir, como un hacedor, construyendo no como un medium sino como un demiurgo, Para ello conviene recordar que Hegel requería al artista “una atención continuamente vigilada que grabe en el espíritu las imágenes variadas de las cosas, una memoria que conserve todo este mundo de representaciones sensibles”.

Cattelani es un grabador moderno. Esto quiere decir que marcha con el ritmo de su tiempo, que trabaja libremente, sin equívocos y bajo el signo de la autenticidad. Como ser auténticamente moderno que es , Cattelani trabaja al mismo tiempo que vive y actúa.

De la pintura pasa al grabado sin transiciones. Crece en inventiva y se sirve de variadísimas técnicas que le abren horizontes insospechados. A sus primeras realizaciones en madera, metal y litografía, dentro de un atractivo decorativismo, siguen idénticas técnicas pero más depuradas, alternando formas sin aluciones, imaginadas desde dentro, ágiles, nunca rígidas, de vivos colores, depuradas y expresivas.

En el otoño de 1970 Cattelani presentó una selección de los grabados de los últimos 10 años, en la Galería Moretti. Decíamos entonces que para llegar a ello utilizó el siguiente procedimiento: “hizo diapositivas de su obra y comenzó a estudiar cada una de ellas haciendo pequeños dibujos, ajustando el color y tratando de mantener los elemetos originales, aunque algunos, al cambiar de tamaño, sufrieron modificaciones  de color para mantener la calidad. De esta manera completó 37 minigrabados y comenzó la impresión de los mismos mediante cuchara, muñeca de badana y rodillo; siempre en busca de una calidad sensible que no fuera  solamente la que da la madera. Mediante estas experiencias logró un original conjunto donde, si bien Cattelani no ha revolucionado la técnica, va indepedizando el género de antiguas sumisiones. El sentido de su obra unida a su rica sensibilidad, demuestran una casi total madurez del arte que conoce en todos sus detalles”.

Más tarde, su viaje a México enviado por la O.E.A, le inicia  en la técnica del gobelino. Se entusiasma, asimismo, con el arte prehistórico, por su verdadera autenticidad; recorre las principales zonas arqueológicas, semillero de un arte robusto y ardiente; convive con los indios huicholis asistiendo a los ritos y ceremonias de sus comunidades; atesora un rico patrimonio artístico que trae consigo y que exhibe como prenda de su emocionante peregrinaje.

En el invierno de 1972 expone sus nuevos grabados en color: México de ayer y de hoy. Esta es ya una presentaión consagratoria que el público y la crítica valoran en toda su dimensión. En declaraciones hechas a un matutino montevideano, Catellani recuerda su estadia en México “en contacto con la naturaleza de la selva, con sus indígenas llenos de color de la tierra, rojos y amarillos que se fueron  apoderando  de mi sensibilidad. Allí es que nacen mis aves y animales fantásticos, vibrantes de color y que ultimamente he exhibido”.

Sus trabajos más recientes demuestran una elaboración técnica casi insuperable en la que dominan ritmos y representaciones plásticas de sugestiva y serena vibración.

 

Alfonso Llambias de Azevedo, crítico de arte uruguayo, es autor de numerosos trabajos de esa índole en su país.

 

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