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NOTAS DE PRENSA

Cabezudo, Fernando


Fernando Cabezudo: Talento excepcional (por Amalia Polleri, 11 de diciembre de 1981).

Fernando Cabezudo es un grabador y pintor de gran destaque en el panorama del arte nacional. Vive en Mercedes, en cierto modo aislado de promoción y publicidad, enteramente dedicado a la creación artística. De vez en cuando viaja a Buenos Aires y ha hecho dos, tres viajes a Europa. España e Italia son los países de su predilección.

La evolución de su talento asombra por lo genuina y completa a pesar de la falta de estímulos del medio. Una permanente atención a los gérmenes del futuro lo induce al cambio de una manera natural, sin nerviosismo, en una pesquisa que ignora la sedante autosatisfacción que embarga a tantos artistas impidiéndoles por el mecanismo de la reiteración expresiva. Acorde con la presente necesidad de comunicación colectiva, ni hermético ni anticuado.  Cabezudo responde con potente sutileza moderna al afán del público por interpretar a través del lenguaje grafico-plástico las claves actuales de la vida.

Fernando Cabezudo expone en el Portón de San Pedro un conjunto de obras. Figurativo sin naturalismo su motivación es amplia. Paisaje nuestro, de su Río Negro, el ser humano joven y viejo, vacas, caballos, perros, las lejanías de campo, agua, cielo. “El hombre del mate”, “Paisaje con cañas”, “Ave”, “Diálogo son hitos para la admiración en esta muestra que contra nuestra orientación europeizante cabe en lo universal por medio de la fijación de lo autóctono.  La realidad se vuelve poética y plástica, casi abstracta por la libertad con que utiliza  sus elementos.

La composición armada con primeros planos y profundidad espacial, se sustenta en estructuras geométricas casi invisibles. Algunos lienzos participan de una visión tomográfica o sea cortes verticales y horizontales, como en un desdoblamiento interno de la visión, tal espejo biselado repitiendo aspectos del tema. El pintor maneja magistralmente los semitonos de una paleta baja. Suele trastrocar la ubicación usual de los tonos cálidos en la luz y fríos (azules y grises) en la sombra, como se observa en la magnífica tela de joven mujer con sombrero oscuro.

 

De Soriano fueron Pedro Blanes Viale y Carlos Federico Sáez. Ahora Cabezudo.


Fernando Cabezudo; Poema Simbólico (por Eduardo Vernazza 2 de diciembre de 1981).

Pautas Surrealistas en Temas del Campo.

La pintura nacional poco se ha ocupado de llegar al fondo de ciertos aspectos que plásticamente se observan en el campo. Son los personajes de rancho y, los pueblos que circundan los caminos que llevan a las ciudades. Y también el paisaje agreste. Pero mirado bajo otro punto de vista que el naturalmente objetivo.

La sugerencia es patrimonio aparte, indudablemente que Fernando Cabezudo, un pintor que conoce la melancolía del campo, sugiere en sus telas y cartones la vivencia poética de aquellos lugares.

Porque quizás no sean en propiedad ubicables, o si, lo lógico es ubicarse frente a estas obras, y encontrar el carácter que ha deseado inculcarles el pintor. Ya en sus pasadas obras Cabezudo respondía con una técnica de fuertes y notables artistas, a este requisitoria del tipo determinado por el ambiente.

Justamente ahora depurando las versiones anteriores, fustiga la elocuencia de su propio sueño, y llega a la nebulosa ejecución en una clara intención de neutralizar el corte afirmativo del dibujo, por el contorno neto.

 

Escenas de la campiña.

Esa magia que asoma en el pincel de Cabezudo, emerge de una incuestionable condición innata. Que persiste desde aquella magnifica “Res”, obra cumbre del pintor, que comentáramos hace años. Cabezudo ha seguido cultivando la citada técnica y teoría.

Pero ha decantado aquella primera sensación clave con este desarrollo casi lirico del campo y sus accidentes, sus escenas y el misterio que asoma a los ojos o a la fuerte realidad que enmudece el pintor con la sensible esencia de una esfumatura creada por el color gris generalmente, y fuera del acento afirmado por otras definiciones menos atentas al poema espiritual, sin dejar de escapar la realidad viviente y humanizada. Creemos que la magnificencia del símbolo acude con su presencia a volcarse en favor de sus criaturas. De sus concepciones, y de estas claras escenas a cielo gris. Y son los detalles que refuerzan la simetría de la idea.

 

Símbolo y Sugestión Surrealista.

Existe en la obra de Cabezudo una tenue inspiración surrealista. Que no llega a concretarse como derivada de ninguna escuela, sino que nace de la propia creación del pintor. Porque el símbolo que reúne pueblos y personajes, animales y cielos, naturalezas insinuadas y verificadas mediante la subyugante riqueza de la imaginación, da la estampa surrealista, que nace así a la pintura del artista con fantasía y propia determinación.

 

La exposición se inaugura en el Porton de San Pedro.


"Fernando Cabezudo, del realismo a la abstracción", por Carlos Reyes Diario El País (Uruguay, 2008).

Una muestra del gran artista plástico redimensiona su obra

CARLOS REYES

El jueves a las 19.30 horas se inaugura una exposición del artista plástico Fernando Cabezudo (Montevideo, 1927), consistente en unos 15 grabados y pinturas de diverso tamaño, que van desde obras grandes (de más de un metro y medio de lado) hasta dibujos pequeños (de 25 centímetros). Las técnicas de las obras son óleo sobre fibra (y una sobre tela), estampa y técnica mixta.

"El criterio para armar la exposición -contó a El País Enrique Badaró, artista plástico que en este caso oficia de curador- fue trabajar sobre el pasaje en Cabezudo desde lo narrativo a la abstracción. En unas pinturas se reconocen figuras, animales, árboles, y luego se nota como se introduce en la abstracción hasta llevarla a la totalidad. Sin embargo en todos los casos predomina la capacidad para crear atmósfera por medio de color".

Las variaciones del color que se pueden apreciar en la muestra recorren la paleta baja, con muchos grises, pasando por los colores vinculados a la tierra (entre ellos el verde) y otros más fuertes, como el rojo y el naranja. La fusión entre el fondo y la figura es otra de las característica de algunos de estos cuadros, cuyas fechas van desde 1970 al presente.

Badaró señala que dejó de lado las obras de los períodos anteriores, principalmente porque quiso remarcar la fuerte actividad de este pintor ya en su madurez; además, no se trata de una retrospectiva. "Ya se hará una retrospectiva", anhela el curador, quien señala que las obras expuestas son todas del acervo del pintor, a quien sería bueno que la capital de Soriano le dedicara un museo.

Badaró viajó a Mercedes en tres oportunidades para elegir en la casa de Cabezudo los cuadros que integran la muestra, debatir el proyecto curatorial y pasear por la ciudad con el artista, para compartir su mirada.

Temáticamente, el curador señala que en las obras aparece todo ese mundo del pintor, destacando el rescate que hace de la marginalidad de los pueblos del Interior. "El murguista de pueblo, que no tiene nada que ver con el murguista montevideano de hoy, aparece con todo su patetismo. También imágenes de esperpentos, que trabajan sobre la monstruosidad. Pero en esos casos se rescata también la dignidad del pobre, la miseria con la dignidad de estar vivo".

El mundo acuático es otro distintivo de esta muestra, que según Badaró conjuga el expresionismo (con su crítica social y sus personajes sórdidos), con la abstracción latinoamericana y el realismo mágico. Otro referente es la madera, elemento que está presente en la vida diaria del artista en su taller.

"Él tiene por costumbre recoger maderas del río, a las que el agua le han comido la parte blanda. Las maderas rodean al artista en su casa, como si fueran esculturas, también las usa para hacer los grabados, o para pintar sobre ellas en las fibras. Es como un entorno para crear, muy referencial para él. Cabezudo toma esas maderas como metáfora del esqueleto, de lo que va quedando, de la muerte. Los buitres ante la carne de un animal, la osamenta, es otro de los temas de su obra, con una morbosidad que nunca llega a lo chabacano".


"Pintor Nacional con Proyección Internacional", Diario "La Mañana" (14/04/74).

FERNANDO CABEZUDO Y SU CULTA VISIÓN DEL PAISAJE URUGUAYO

Se inauguró en la Galería Portón de San Pedro una nueva muestra de óleos y grabados del pintor compatriota Fernando Cabezudo.  Artista de tremenda profundidad, desde su reducto de Mercedes viene creando un arte nacional con valores internacionales que interpreta los personajes y el paisaje vernáculo interpolando su obra con una alta visión intelectualista.

Cabezudo da conciencia plástica al instinto y maneja el pincel y el grabado en graduaciones de color que llegan a convertirse en muchas de sus obras en imágenes caleidoscópicas.

Con una visión que tiene un trasfondo cultural, subraya el paisaje, del río, el bosque, el monte, o la vida pueblerina de su campaña, logrando figuras plenas de misterio, que traducen la realidad circundante pero con el convencimiento de quien ve el mundo desde el ángulo de su siquis personal.

Sus lechuzones, sus palomas, sus peces y animales muertos o vivos, así como las visiones del río con sugestivas lunas, tienen la fuerza de lo autóctono y telúrico.

También Cabezudo maneja el grabado en madera con maestría singular.  Es como el director de orquesta que sabe el valor de cada instrumento, su tono justo, y armoniza cada uno de ellos para lograr luego la perfección en la sinfonía.

Vimos un selecto núcleo de esos grabados -los que muy pronto llevará a España- y en todos ellos está latente el virtuosismo de un gran creador.  Sus riñas de gallos, con la dramática visión del picadero y las figuras de los gauchos en torno, imágenes de la muerte y de la vida, son una versión criolla tan potente como los toros de Goya.  En esas creciones, Cabezudo juega con los vacíos y las zonas blancas, estilo que también practica en el óleo, donde algunos sectores de la tela tienen intactos sus fondos, agregando colores en contornos y mediante superposiciones de manchas y transparencias que producen imágenes provocadores de recónditas interpretaciones.

Próximamente, Cabezudo viajará a España, siendo su primera etapa Madrid.  Quiere penetrar e imbuirse en la pintura, fundamentalmente de Velázquez, Goya y el Greco.  Después expondrá en Alicante los 45 grabados sobre madera y linóleo, producto de diversas épocas en la vida del artista, entre ellos su más reciente experiencia:  una serie de imágenes sin definición formal donde se superponen sombras e ilusiones ópticas.


"Cabezudo: Revelación Intimista del Grabado", por M.V. Diario "El Dí­a" (junio, 1979).

Las técnicas del grabado acusan en nuestra época, infinidad de calidades y de yuxtaposiciones.

Además, implican el evolutivo aspecto de la propia pintura, ya que sus posibilidades superaron largamente los prinicipios en que se fijaba la tradicional fórmula de su oficio.

Este hacer, que deja paso libre a la inventiva, a la imaginación de cada artista, encuentra en los grabados que en "Club de Arte" exhibe Fernando Cabezudo, una nota de especial riqueza en sus entornos de luz y color.

Si bien el color entra en segundo plano, por ser regido sólo en aspectos de sordina, si en cambio el dibujo y el estilo de sobreposición de los elementos decorativos, funciona con buen talante y bella factura.

Por momentos, sólo la composición de unas letras se convierten en tema, en motivo para desarrollar un panorama de aguda observación.  Y más allá, en la xilografía recortada con seguro trazo, aparecen la flora y los peces, y se convierten en una intención manifiesta en cuanto a sondear los contrastes y los diversos valores que adjudican al grabado una razón preponderante en el mundo moderno de la técnica.

Por otra parte, la expresión no queda limitada a un tema, sino que se libera constantemente.  Cada plancha adquiere una fantasía única, que se da con el conocimiento del hacer en la herramienta y con el más importante del saber ejecutar sin que el oficio prevalezca por sobre el contenido plástico.

Indudablemente que cuando se dominan las formas, y se esparce su contenido en diversas maneras de interpretación, se da el caso en que el artista refleja su personalidad a través de todos estos modos de salir al encuentro de un lenguaje que posee abstracción y elementos naturales estilizados.

De allí que sugieran sus obras mucho más que lo que la vista se detalla con ese intercambio de trazos grises, ocres y verdes secos, en el montaje de ese universo que trasciende por sus efectos de ritmo informal, al tiemop que apunta con apoyo de los objetos simples, su más amplia vitalidad subjetiva.

Este aspecto de Cabezudo, que complementa su obra de pintor, lo presenta en un artista en que, como en su temática variada, atrae por el enigma que sostiene, y que se va descifrando a medida que  la observación penetra por la sensible aportación de sus más firmes cualiades.

M.V.


"Compromiso para Amantes del Arte", por M.L.T. Diario "El Paí­s" (25/04/74).

La muestra de Cabezudo una vez más nos enfrenta a un pintor de primera línea y a la vez exhuma una potencia que permaneció inculta en la modalidad cultural uruguaya, la extrema sutileza de la sensibilidad.  La leyenda deformada y agrandada por el tiempo de antepasados indígenas caracterizados por el ensimismamiento y la ferocidad charrúa y la transmisión de tales condiciones innatas al gaucho sobrio y sufrido, eliminaron de las fabulaciones culturales los excesos de refinamiento.

El arte nacional se erigió desde su surgimiento sobre los pilares de la austeridad en el decir y el control de las emociones.  El impacto que produce la obra sutil de Cabezudo más allá de los temas que trata, paisajes de su querida ciudad de Mercedes en su mayoría, está dado por la dimensión mágica que transmite, por el empleo inigualable de transparencias, a través de un color muy leve, con los que traduce una honda dimensión espiritual.

Toda esa carga poética la preserva Cabezudo en la avalancha de los movimientos de moda en las últimas décadas, abronquelándose en su caldeada soledad.  Las excelentes piezas que integran la exposición de la Galería Karlen Gugelmeier, nos presenta al artista en un tránsito de un neorromanticismo hacia el surrealismo.

Con este paso Cabezudo se incorpora positivamente a un movimiento generacional que marca una de las respuestas dadas por un calificado grupo de creadores a un fontorno que se ha tornado inhóspito y desolador.

Es muy significativo que el giro en la dirección estética vaya acompañado por una mutación en el tema:  la visión surreal es concebida por Cabezudo no partiendo del paisaje sino del hombre.  Y despliega su maestría ejemplar para diseñar con formas envolventes e ingrávidas el verdadero nudo gordiano en el que aquél se ve inmerso, mutilado, maniatado y ahogado.

Da rienda suelta así a una faceta inexplotada antes (la imaginación) y abre un ancho cauce al dramatismo.  Sortea entonces el peligro de anclarse en un orden demasiado personal y subjetivo, desgajándose de la coyuntura histórica.  Contribuye sin proponérselo, guiado unicamente por su intuición creadora al develamiento de la identidad nacional.  Así Cabezudo devuelve el goce de la contemplación, casi eliminado de muchas corrientes del arte contemporáneo.

En el Retrato, obra magistral del conjunto, realiza una fina captación de la idiosincracia nacional actual.  El proceso eruptivo y volcánico de los últimos años que puso de manifiesto un nuevo rostro del país, antes sumido en la mansedumbre y el prolongado regodeo de una siesta interminable y feliz;  y ahora el dolor, la tensión y el miedo que de pronto afloraron, queda resumido en ese universo que es una caja de Pandora, que puede abrirse en cualquier momento detrás de la sonrisa de cada uruguayo.

En definitiva la muestra de Cabezudo configura un compromiso ineludible para los amantes del arte.

M.L.T.


"Carpeta con Grabados a Color del Río Negro", por Eduardo Vernazza Diario "El Día" (27/12/70).

"Motivos del Río Negro", de Fernando Cabezudo.  He aquí una serie de grabados encarpetados en una edición fina y de buena dimensión.  Si tenemos en cuenta que este logro fue íntegramente realizado en la ciudad de Mercedes, tenemos que en el interior, se están haciendo impresiones de gran calibre, lo que ya adelanta un juicio promisorio para venideras promociones.

No encontrará el gustador de esta carpeta, vistas naturalistas y de imitativa belleza.  La interpretación ha jugado un rol preponderante en la obra.

El paisaje, al igual que simpre, inspira al artista, pero con sus elementos variados y en composición de imágenes.  Como si el poeta tomara el lugar para ensayar una de las más cálidas y concretas versiones de su fantasía.

De tal manera, Cabezudo trata sus xilografías en colores.

Árboles, animales, costas y pequeños detalles, que son al fin y al cabo la misma vivencia del río, entroncado en una fábula sin letras...

La luz, el color sin exaltaciones, dicen de una belleza pronta a la plástica, que Cabezudo sabe cómo llevar a la estilización sin caer en absoluto en ninguna exagerada visión expresionista.  La expresión surge en moderada fórmula.  Que tiene en la vertical la línea más dispuesta a la composición.

Hace cerca de un año en la Revista Nacional, José Pedro Argul, crítico de arte e integrante de la Comisión y Jurado del Salón Turístico Nacional, escribió algunos conceptos sobre Cabezudo, festejando su obra y proponiendo esta carpeta que hoy luce en todo su valor.  "Cabezudo, tras encontrar una buena senda, oyó nuestros deseos de que reuniera algunos de sus trabajos en esta temática (Río Negro) en una carpeta que, sin perder ni una sola de sus condiciones artísticas pudiera popularizarse y servir de propaganda al País en una de sus más "estéticas" zonas, ofreciendo al visitante extranjero algo puro del lugar".  La muestra está en el Sálón del Recuerdo Turístico (18 de Julio y Andes).  La Comisión Honoraria del Salón, la forman el Sr. José Pedro Argul, presidente;  Fernando O. Assunçao y el Arq. Fernando Buquet.  El Presidente de la Asamblea General, Dr. Alberto Abdala, adquirió diez ejemplares para los visitantes distinguidos del Palacio.

El grabado en madera o la xilografía, como se le llama, se ha convertido en los tiempos modernos en algo más que la simple vivencia de la herramienta y el resultado que, según su uso, pueda vivificar el trabajo agregado a la impresión.

Cabezudo es un buen dibujante.  Que desde los tiempos de los primeros Salones del Interior de San José, reveló su independencia de intérprete en temas que la imaginación desarrollaba unido a la técnica sumamente personal.

La línea en sus manos cobraba eso que se llama carácter y que es difícil de sustentar.  Además, una ebullición surgía de su temperamento arrollador, que se vislumbraba en cantidad de líneas que seguían la fantasía de su interesante idea plástica.

Esta carpeta, que resume su nueva obra reducida a diez hermosos paisajes del Río Negro con su vida según lo ve el artista, nos da otra característica de esa obra grabada que Cabezudo comenzara desde tiempo.

La depuración, la estilización, el ritmo de la composición, demuestran que Cabezuda ya ha transado en aquellas sugerencias escondidas entre una maleza de trazos.  Y que hoy ve con la limpida sugestión de un artista del grabado, que incluso el color sobrio intenta complementarlo con acierto.  Una carpeta más, que se integra a las pocas ediciones que en este caso sostiene una tradición que deja sellada una de las temáticas más importantes y características de tierra adentro.

Eduardo Vernazza


"Cabezudo: Cualidades y Transparencias", por Eduardo Vernazza Diario "El Dí­a" (13/04/78).

ALIANZA URUGUAY - ESTADOS UNIDOS (USA)

CABEZUDO: CUALIDADES Y TRANSPARENCIAS

La muestra que exhibiera hace algunos años Fernando Cabezudo se complementa con esta de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos inaugurada ayer.

Tanto de la figura humana como del paisaje, el pintor recoge la motivación que explora en una comunión con las transparencias y con la más importante función del arte que es la expresión.

Porque en su serie actual, Cabezudo deja sentada una potente realidad subjetiva que llega incluso, en algunos cuadros, al surrealismo.  Un surrealismo que no llega a desligarse de la base armónica que conjuga ese don tonal, que va elaborando con pasajes limpios en los colores y gamas, ocres, tierras rojas, hasta los plateados y blancos platinados. 

Existe la principal faceta:  el sentido creativo.

Y de aquella famosa "Res" que consideramos una de las mejores obras modernas pintadas en nuestro medio, deriva toda la búsqueda.

El paisaje, que tiene su primera visión en la naturaleza se adapta a la manera del artista.  Y las diagonales y verticales así como horizontales, quedan en una relación que se desliga en el laberinto de ricas combianciones;  curvas que rehacen el tema y lo personifican con el pintor.

El drama surge en los personajes, algunos de ellos con elocuentes planos sumidos en la luz difusa o en región de misterio.  La envoltura que va cerrando las figuras, deja los claros de pequeñas valoraciones, usando el "frotis" suave que desliza los grises y los hermana con un cromatismo tonal qeu se identifica sustancialmente con el hacer del pintor.

Los barnices, el cuidado de la materia ensayan en estos cuadros nuevas posibilidades.  La teoría deja paso a la instintiva fuerza espiritual.  Y la interpretación es la lógica consecuencia de todo ese universo tan sugestivo que maneja Cabezudo con el movimiento de trémulas secuencias unas veces, y de seguras fórmulas planas otras.

Estamos ante un destacado pintor, un artista que maneja las calidades con total solvencia y anida en su temática (de nuestro país) eso que aleja toda posibilidad directa con el motivo en su faz objetiva y lo convierte, no ya en lo anecdótico, sino en el resultado plástico.

Eduardo Vernazza


"Proceso de las Artes Plásticas del Uruguay", por José Pedro Argul (Montevideo, 1975).

Concretan un ejemplo paradigmático de este apartado que hemos titulado "últimos figurativos con interés novedoso" en cuyas obras más logradas -nos repetimos- muestran en su mundo figurativo una libertad que es casi desasimiento abstracto a la vez que por el contrario, cuando tratan el arte no representativo se imponen y articulan como algo ya conocido, las obras del mercedario Fernando Cabezudo que en un mismo cuadro fuende de manera ambivalente, a igual interés de acierto y recia unidad, las dos posiciones en las que durante muchos años hubo gran escisión polémica entre figurativos y abstractos.  No es extraño que el crítico Eduardo Vernazza, ttenaz defensor del arte de representación, al juzgar la primera exposición personal que el artista hiciera en Montevideo (1971) y que unánimemente le fue aprobada, le cursara un cálido elogio, destacando en la crónica el cuadro "Res", que por su acierto analítico nos permitimos copiar en parte:  "Su cuadro "Res" lo consideramos como su mejor obra.  Como una de las más importantes que se hayan pintado dentro de latesitura moderna en nuestro país, por la descomposición del tema en valores finísimos, estirados en transferencias que mantienen empero el valor y la sustancia colorista.  Por la grisácea vida que emparentan motivos geométricos y asimetrías de libre contenido.  la armonía de grises y ocres es una hermosa confirmación de retazos que se hilan can calidades preciosistas".  Esta perfecta fusión de elementos reconformados en ese tema de la res colgante, es algo muy diferente del eclecticismo, acierto que se reitera en otras de sus obras.

Conviene situar las circunstancias que permitieron estas conquistas que causaron extrañeza en su presentación metropolitana:  son el resultado de un ámbito aquietado, semirural o comarqueño, durante el lapso en el que se procesan en los agitados laboratorios mundiales la novedad una inquietud sin par en la historia del arte, y que al mismo Cabezudo afiebró en sus años mozos.  Uno de los comentaristas de la citada y única exposición anota que "sus temas pertenecen al ámbito incontaminado y puro del hombre de campo.  Es cierto lo que estas líneas transciptas escriben sobre el uso de la temática de su entorno para sustento de su poesía.  En él vivió su cultura propia, de su misma experiencia los años de fervor del arte no representativo en el que el mirante de un cuadro buscaba empeñosamente una imagen que entendía poder descubrir como oculta intención del creador y más tarde el proceso inverso, cuando la mirada del hombre cualquiera ya acostumbrado a la plástica autónoma de motivaciones objetivas, nada había de preocuparle más que las puras expresividades del artista.  En los ambientes del interior pueden permitirse los artistas inteligentes, por menos ajetreo de solicitaciones intelectuales que reciben, la sedimentación fructífera que cosecha nueva verdad en la conjunción central de los contrarios.  La única aventura viajera de Fernando Cabezudo fue la de su nacimiento en Montevideo (1927);  a los seis años lleváronle a Mercerdes y allí permanece.

El arte uruguayo débele a la bella ciudad del oeste haber dado nacimiento a pintores tan poderosos como Pedro Blanes Viale y Carlos Federico Sáez;  la ciudad de Mercedes ya le está debiendo a Fernando Cabezudo el haber sido quien le ha comprendido mejor las más sensibles intimidades de su pensamiento lugareño.

José Pedro Argul


"La Obra de Fernando Cabezudo", por Alfredo Torres.

Cierta vez revisando los famosos envíos mensuales conservados en el acervo de Club de Grabado, descubrí un par de viejas xilografías realizadas por Fernando Cabezudo.  Más allá del valor de imágen existente en ambas, de la sutileza en la proposición temática, de la destreza técnica, me deslumbró el entramado de líneas que el buril había instaurado en el taco de madera.  Un juego de enlaces, trazos curvados, insinuaciones ortogonales o balbuceantes diagonales.  El desarrollo xilográfico de esa trama nerviosa y expresiva, sustituía perfectamente al claroscuro, establecía toda la organización de las estampas.

Después de tanto en tanto, el vigor expresivo de ese entramado, reaparecía en sus pinturas.  A veces, casi como un enrejado opresivo, trágico, que se imponía sonre la figura protagónica, que la sometía a agitado cautiverio.  Otras, dinamizando el vínculo entre el o los personajes protagosnistas y la profundidad sin perspectiva de los fondos.

Cuando visito su hermosa casa-taller de Mercedes para seleccionar las obras de esta muestra de cámara, me vuelve a deslumbrar un entramado similar al que se rescataba en aquella narración formal.  Solo que ahora es más despreocupado, más libre.  Se ha desentendido de toda sumisión al tema, incide determinantemente en la estructuración del juego abstracto entre formas y colores.  Estableciendo continuidad sutil busca identidad para impregnar cada pintura de rasgos musicales.  Es ritmo que establece toda la obra en movimientos sinfónicos y sin embargo se desfibra en la orfebrería de una sonata.  Pero es también melodía que evoluciona, crece y decrece en las intensidades tonales, en la confección de cada una y todas las zonas cromáticas. 

Cabezudo luego de una larga y prolífica trayectoria, recupera esa musicalidad no sólo para diseñar las nervaduras de sus telas.  También para que su paleta se enriquezca en las exigencias de la abstracción.  Contrapuntos, armonizaciones, despliegue de matices, iluminan su pintura.  La paleta ya no es predominantemente baja, penumbrosa, amarronada, apenas atravesada por blancos atizados o tonos apastelados.  Esplende en la densidad de verdes y azules.  Apenas se opaca para atenuar la estridencia de los colores más vivos.  Confluyendo o participando en la configuración del matiz, la presencia casi imperceptible de valores negros y blancos.  También en el color ritmos y melodías.  Como si el mundo transmitido por las imágenes de Cabezudo quisiese quebrar la clausura del silencio y deslumbrar con la fuerza de inesperadas sonoridades.

Alfredo Torres


"El Mundo de un Artista", por Elisa Roubaud Diario "El País" (08/11/80).

El MUNDO DE UN ARTISTA

Si un pintor reproduce secreto del subconsciente y reveló sus sentimientos a través de la pintura, también en el análidid detenido de la obra se encuentran elementos que sintetizan lo subjetivo en la realidad que lo circunda:  mundo interior y mundo exterior plasman una realidad disstinta en la que los valores se desprenden bajo la forma de significados nuevos.  A veces el espectador sensible los capta, y recine así los mensajes del artista.  Otras veces quedan por el camino, atrapados en la tela, fijados por el color.

ASI VIVE Y ASI PINTA CABEZUDO

Un árbol enorme señala el lugar en que vive Fernando Cabezudo en la ciudad de Mercedes sobre la calle Brasil.  Se llama "Anacahuita".  Crece libre como todo lo que nace en ese jardín, como el aire que atraviesa las paredes de vidrio de la casa, como la huerta del fondo donde las lechugas se reparten entre los amigos porque no se sabe qué hacer con tantas.  Generosa, la tierra devuelve los cuidados recibidos y la calma en que se alimenta y se nutre, como si el ambiente recogido de trabajo y de investigación también se filtrara hacia las raíces de plantas y verduras para agregarles fertilidad y color.  Así vive Cabezudo en la calma mercedaria de la vida familiar.

Prepara exposiciones en los Estados Unidos (USA) y en Europa, estudia y pinta, prueba colores y collages, ensaya nuevas técnicas para el grabado y la serigrafía.  Vive su propio mundo en un silencio cargado de recuerdos y presagios.  Acelera el tiempo para poder concretar las ideas antes de que se las lleve el viento.  Apresa la vida por miedo a perderla en manos del tiempo siempre escaso que tiene para pintar.  Así crea Cabezudo.

VIDA Y TIEMPO EN LA OBRA

Los cartones se desparraman por el suelo, por la mesa, contra las paredes.  La escalera ha quedado libre.  La casa pierde forma todo se olvida y da paso a la imaginación que dibujos y colores han excitado.  En un cartón una viñeta resalta entre las otras, su reproducción está en una obra mayor, como elemento básico de figuras más elaboradas.  Un mundo nuevo se va revelando mientras Cabezudo muestra dibujos y primeras pruebas de los últimos grabados que preparó para una reciente exposición en Montevideo.  Vacas y mujeres se forman y se deforman hasta parecer seres completamente nuevos, productos de sueños o pesadillas, armados en el silencio que todo lo agranda, nacidos de la urgencia de crear, pintados y dibujados con el oficio y la técnica de muchos años.

Sila vida es constante evolución biológica y espiritual al paso del tiempo, también el arte que es vida y que vive por ella, responde de la misma manera.  Hay un pedido de auxilio en los seres que hoy llenan los cartones que pinta Fernando Cabezudo.  Buscan un norte o un tiempo para vivir.  Siguen surgiendo de una mente impulsada a producir.  Incansable trabajador.  Cabezudo produce ininterrumpidamente y con pasión constante.  Su propio mundo es el motivo y es el motor de su quehacer.  Es la manera de enfrentar una carrera contra el tiempo impuesta a sí mismo desde hace mucho tiempo.  Es la pasión de un pintor que se vale del silencio para hundirse en las raíces profundas del ser de la tierra, y de allí suge claro con la vida en las manos para seguir pintando.

Elisa Roubaud


"Un Pintor Interrogado", por Carlos Caffera.

El cuestionario que luego del texto transcribimos le fue presentado al pintor y grabador Fernando Cabezudo, residente en la ciudad de Mercedes, por la red del sistema computacional que opera en nuestro país.  Recoge sus respuestas y reflexiones acerca de su labor artística, en ocasión de exponerse sus pinturas en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura.

Nacido en Montevideo en 1927 afincó desde joven en Mercedes donde permanece y tuvo lugar su autoformación artística.  Desde 1958 hasta 1976 cumplió tareas de docente de dibujo en Enseñanza Secundaria.  Paralelamente como artista plástico, realizó varias muestras individuales de sus trabajos, siendo además, un activo participante de numerosos concursos de arte nacionales y del exterior.  Señalemos que en ellos tuvo destacada actuación, al ser distinguidas y galardonadas sus obras en varias oportunidades.  Sus realizaciones pictóricas y de grabado, sin dudas han dado a conocer sus aportes al arte mediante panoramas de singular enriquecimiento que se mantienen en el tiempo sin endebleces.  Artista ajeno a las novedades, persevera en su línea de trabajo que resuelve por la eficaz alianza de sus figuras y relaciones que les otorga al distribuirlas en el lienzo y papel:  su enlace interno es eficiente, sin pérdidas.  Se caracterizan por la concentración en sí mismas, con la consecuencia de desprender gran vigor, robustez que no arremeten al observador.  Algo en ellas reverbera con pujanza y brío, y todo esto se siente no exclusivamente se visualiza.

Viajero reincidente por países europeos, en varios momentos de su trayecto estuvo en España, Francia, Italia y Grecia, en procura de ampliar su horizonte de conocimientos.  Con tenacidad aplicado a pintar, también abordó el hacer grabados en madera.  Lo cual propició otra apertura en su expresión de singular relevancia:  pintar y grabar constituyen la pareja portavoz de su decir en el arte.

Invitado a participar en 1989 en el certamen patrocinado por el NMB Bank;  intervino con un grupo de pinturas de rasgos un tanto fantasmagóricos, representativa de su hacer.  Lo integraban imágenes de una amazona harapienta en corcel blanquecino a través de un tupido entramado, la de un caballo alado en vuelo por un espacio oscuro, y lo que tal vez sea una figura de la muerte, también cabalgando por la maraña sobrevolada por varios pájaros hostigantes.-

CUESTIONARIO AL PINTOR Y GRABADOR FERNANDO CABEZUDO:

1-  ¿Cómo fueron sus inicios en las artes de pintura y grabado?  Refiera alguna de sus experiencias y pensamientos que lo motivaron a abordar esas prácticas.  ¿Se sintió atraído por ciertas obras de arte que particularmente lo estimularon en orientarse a pintar y hacer grabados?

Como todo niño, antes de saber leer y escribir, dibujaba.  Los incentivos recordables, aparte de los del hogar, fueron en la escuela:  la director, maestra y pintora, Rosa Casou nos hizo dibujar a todos los niños en el primer día de clases e hizo pegar en paredes y aulas los trabajos.  Otro factor importante fue el hecho de vivir en la calle donde se inauguró la Biblioteca y Museo donada por el hijo de Eusebio Giménez, con una importante pinacoteca, ampliada posteriormente con obras, entre otras, de Barradas, Figari, Sáez, Blanes Viale, Scolpini, Cúneo, De Simone, Michelena, Cabrera.  Pero la afirmación de mi vocación la determinó el conocer y recibir clases de don Luis Scolpini.  Tiempo después conocí a Luis Solari quién me incitó a concurrir a los salones del Interior en San José.  En uno de ellos conocí al grabador Nicolás Cúparo.  Yo había mandado unos dibujos a tinta negra, él los vio y me sugirió que grabara.  De ahí, y a los tropezones comencé e hacer xilografía.  Posteriormente fui miembro del "Club del Grabado" de Montevideo.  Por mi padre conocí museos y exposiciones en Buenos Aires pues sus frecuentes viajes a esa ciudad lo hacían posible, por lo cual, influencias estimulantes fueron muchas.  La que recuerdo de mayor impacto y ya más avanzada mi edad y con una mayor práctica fue una exposición de Mondrian (Montevideo, 1947), principalmente los óvalos y naturalezas muertas, los trabajos sobre árboles y el mar.  Posteriormente fue una exposición de la Bauhaus y en grabado los expresionistas alemanes.  Mas tarde y a través de los viajes ha ido creciendo mi interés por los mal llamados (yo creo) primitivos y por último, mi entusiasmo más reciente, por los aborígenes australianos.

2-  Respecto a sus trabajos tempranos, ¿cuál fue su temática y su tratamiento pictórico, la paleta colorística utilizada?

Mis trabajos mas tempranos fueron estudios con modelo, dibujo y claroscuro.  Posteriormente en pintura y a cuatro tintas, blanco, negro, ocre y siena, propuestas por Scolpini.  Ello me parecía contradictorio, por un lado ajustarse al "parecido" del modelo y por otro resolverlo con un grupo de colores limitados.  Me resultaba difícil de comprender.  La muestra de Mondrian antes señalada resultó como una revelación.  La cosa no estaba en los colores sino en la relación entre si de los mismos.

3-  Posteriormente, luego de varias décadas dedicado a la pintura, ¿prosiguió en el desarrollo del camino inaugural o tuvo cambios en su rumbo? ¿Cuáles fueron las variantes?

No creo que haya habido cambios de rumbo, mas bien puede ser el haber puesto mayor énfasis en algunos aspectos sobre otros.

4-  Ubicándonos en el presente, ¿cómo caracteriza Ud. su pintura más reciente?

En los últimos tiempos, tal vez la mayor preocupación haya estado en problemas de composición y del color como lenguaje.

5-  En el panorama artístico actual, ¿cuál es su concepción del arte, el rol a desempeñar por las artes plásticas en nuestra sociedad?

La concepción y el rol que pueda desempeñar el arte en nuestra sociedad creo que no puede partir de preconceptos.  Creo que debemos dejar surgir, "sin mayúsculas" lo que llevamos "adentro".  Si son pamplinas serán pamplinas pero sinceras.  Mal o bien, fatalmente somos parte de la época y la sociedad en que vivimos, y sus virtudes y defectos se reflejarán, nos guste o no, en nuestra labor.


"Fernando Cabezudo: El Pintor que vino de Mercedes", por Diario "El País" suplemento Domingos.

Es uno de los pintores que menos exponen en Uruguay, o lo hacen cuando realmente deben hacerlo. Se llama Fernando Cabezudo, y desde hace diez años está considerado como  uno de los talentos más genuinos de la plástica uruguaya. Ahora, en la Galería “Portón de San Pedro” exhibe una muestra de 20 grabados, una disciplina que ha sabido conciliar, minuciosamente con la pintura. Sobre su pintura, sus grabados y las preocupaciones que debe resolver un artista, habló una tarde con EL PAÍS DE LOS DOMINGOS.

 

Hace diez años irrumpió en el terreno de la plástica nacional  como uno de los pintores uruguayos más genuinos de la generación  anterior  a los Martín, García Reino y Solari. Pero la labor vicaria  de Fernando Cabezudo, 56, tenía ya  una larga trayectoria que había crecido en Mercedes, el lugar donde despúes  de la niñez,  decidió cobijarlo.

Ahora en la Galería “El Portón de San Pedro”, exhibe una muestra individual de sus últimos trabajos en grabado, una disciplina que le permite abrir un juicio: El grabado es un poco resistido por el “boom” de la pintura aquí, en Uruguay. Pero no son mis grabados la excepción. Mire, lo que sucedió con Rymer Cardillo: se fue a Estados Unidos y allí se le brindó una posibilidad que jamás habría conquistado. Y agrega: El grabado exige una especie de refinamiento. En la pintura la cosa es más directa y es una disciplina en la que siempre hay una posibilidad de cambiar. El grabado en el Uruguay, tendría que tener el lugar que ha conquistado en otras partes del mundo.

Pero no es por el grabado, sinó por la pintura, que Fernando Cabezudo se erige como una de las figuras uruguayas más notables: por haber tenido la valentía y el talento de abordar al ser nacional  y de aportar  en cada obra suya su peculiar imaginación. Y aunque instaura mucho de fantasía, en Cabezudo se mueve, principalmente, el deseo, la urgencia de insertarse en su medio natural, Mercedes –como lo ha sido Fray Bentos  para Luis Solari-, recopilando un mundo de fantasmagorías y creencias, ritos populares y acontecimientos vitales, y en donde la emoción para plasmar sus visiones, no es una lejana compañera.

Mercedes actúa en Cabezudo como muralla protectora contra las tentaciones; pero su esfuerzo denodado le ha conferido la gracia de nadar contra la corriente, de ser un hombre del interior –tranquilo y nervioso; reflexivo y sentencioso- pero tan  genuinamente nacional, que lo ubica en los umbrales de la universalidad, como los creadores que trascienden. Así, una charla con “EL PAÍS DE LOS DOMINGOS” reveló hasta donde el arte es para él una vitalidad indoblegable.

-  Su pintura, aparentemente, es muy diferente a sus grabados. Pero en gral, ¿cuáles son las diferencias fundamentales que establece entre la pintura y el grabado?

-  Hay diferencias en cuanto al gusto de la gente. Por ejemplo, este año he vendido  cuarenta cuadros y tres o cuatro grabados, quizá, porque un grabado sale la décima parte  que un cuadro. Pero este fenómeno no pasa solo con el grabado. También sucede con la escultura. Interesa como fenómeno más amplio: es como si usted encontrara lectores de poesía y lectores de prosa no. ¿Por qué? Bueno, en el periodismo, a algunos les interesa el deporte y a otros los editoriales. Eso es respetable. Pero no comprendo como a una persona puede interesarle solo un aspecto de la música. Eso es lo que está mal. Si a usted le gusta la pintura y el grabado no, algo raro sucede. Pero cuando la pintura y el grabado llegan a interesar, existen otros valores más profundos, más directamente allegados con la plástica. También  hay una deformación de apreciaciones que ha tocado el dibujo: la gente no gusta del dibujo como debiera gustar, con la excepción de Sáez, que fue aceptado de inmediato. Eso no sucede en Europa. Entonces si se gusta de la pintura y no del grabado veo que hay una cultura en desniveles.

 

Se descansa trabajando en otro trabajo

 

- Para  usted personalmente, ¿cuál es el lenguaje que pesa más, la pintura o el grabado?-

  

Mire, yo no tengo limitaciones. Yo actúo por cansancio. Llega un momento en que me canso –aunque soy muy trabajador- y entonces digo: voy a parar. Y para descansar paso de la pintura al grabado, porque hay una cosa de agotarse  y de retomar otra cosa con fe. Uno descansa de una cosa trabajando en otra. Y eso es muy cierto. De repente usted escribe y para descansar se dedica al deporte por un tiempo. Es una forma de equilibrar la fuerza. Yo hago una pintura y, de repente, empiezo a hacer un grabado en metal. El año que viene pienso dedicarme a la pintura y voy a trabajar con pintura nomás. Voy a hacer una recapacitación de una cantidad de cosas no solamente de problemas formales, sinó cómo se va a integrar mi grabado a la pintura figurativa. Porque evidentemenete, hay una raiz, una especie de guía en la pintura, y en los grabados puede haber otra cosa. Eso sucede siempre en la pintura, en las artes todas; el problema del misterio no es revelarlo, descubrirlo, sinó iluminarlo.. Y parecería que la pintura tiene algo de eso más que ningún otro arte.

  

La aventura que todos corremos

  ¿Cómo es su método de trabajo?

-  Yo me pongo a trabajar y como dicen los paisanos: “Salta pato o gallareta”. No me importa el resultado. Si salió una porquería, de pronto lo hice por algo que me gustó y no hago caso a los que me dicen: “¡Pero mirá!” ¿Por qué pusiste marco a eso? Eso –salvando las distancias- fue lo que sucedió con las “Mujeres de Avignon”, que fue la ruptura de todo, pero fue la base de todo un movimiento. También sucedió  con el movimiento Dadá, que le hizo bigotes a la Gioconda. ¡El escándalo que habrá causado, el haber roto un camino! Bueno, yo creo que esta época que vivimos es de experimentación: es una aventura que la corre tanto el que lo hace como el que la ve. Estamos viviendo en un fermento, y en un fermento qur hay que tener un ojo atento a que sucederá después. ¿ Puede ser la culminación de una cultura? No sé. Pero así han pasado en todos los ciclos: del Giotto al renacimiento, saliendo un poco de lo bizantino. ¡En fin!, no es que una cosa fuera mejor  que otra, sinó que era necesario pasar de una cosa a otra. Pero a través de la historia y, sobre todo, eso se da en los grandes –como Goya o Velázquez- hay una cosa común que los une; en cada uno de ellos se ve un elemento que es permanente y es de todos. Es que en última instancia, en cada obra, aparece la esencia que es la misma, en todas las obras de arte.

 

La pintura tiene su propio ritmo

¿Y cree que la pintura haya quedada estancada con respecto al cine?

-  No. Bueno...Por ejemplo, “Barry Lyndon”, de Stanley Kubrick, es una maravilla. Parecen pinturas en movimiento. Pero yo tengo una discrepancia con el cine y con el teatro, y que no la tengo con la pintura ni con la literatura. En cine hay un ritmo que lo imprime el director y que en el mejor de los casos es un ritmo standard. El teatro és la interpretación de un personaje que se da en forma inteligente o no. Pero creo que se pierde un poco el aporte personal. Porque mire que un cuadro o un libro no es del que lo pintó o lo escribió. Usted se encuentra en el cine que es un gran aparato, pero si el cine fuera un libro y se tratara de volver atrás se rompería un ritmo. Un libro se lee con el ritmo que usted le impone, no el que le imprime el autor. Y eso también sucede con la pintura.

 -  ¿Cómo fue su experiencia en Estados Unidos? ¿Qué posibilidades le abre ingresar a un medio como el de Nueva York?

-  Mandé para un exposición colectiva de pinturas en la Galería Sutton, de la calle 57, en Nueva York. Hay una proposición de hacer una exposición individual  que implica una responsabilidad muy grande, porque es una gran oportunidad. Miré que hay más de 400 inauguraciones por año en Nueva York, y habría que entrar allí para ver un significado, la trascendencia que tiene. Yo estoy en esa actitud, un poco, en que, a veces, uno empieza a copiarse a si mismo. Pero a mi me interesa más hacer una cosa experimental. No quiero que mi pintura se estandarice. Entonces uno dice: “Hago esto como obligación comercial por este lado y variaciones sobre este tema” Pero para mi es un poco castrarse. Y, yo... en Mercedes...tengo una tranquilidad absoluta. No me voy a romper a esta altura de mi vida, andando de un lado para otro, en otro medio.

 

Dónde se puede madurar una obra

¿Eso sólo ha encontrado en Mercedes? ¿Porqué vive allí, si nació en Montevideo? ¿Los personajes que han emergido en su pintura son de Mercedes?

-  Yo vivo permanentemente en Mercedes. Allí hay mucha tranquilidad. Y esa tranquilidad permite madurar una obra. No hay premuras, y eso permite madurar las cosas. También podría vivir en Montevideo; yo nací en el Prado, pero queda muy poco de aquello de mi infancia. Pero aún, en Montevideo, también se podría vivir, aunque sea un poco más grande que en Mercedes, porque conserva características de pueblo: usted puede meterse en un barrio y aislarse allí. Por suerte tenemos eso aún.. Yo, por ejemplo, en Brasil, en San Pablo, no podría vivir, ni cinco minutos. Uno vive en Mercedes, se levanta, y está viviendo en esto, mi pintura, y se saca esta tinta y se pone la otra; y no le gusta ésta y se pone la otra. En fin, es el tiempo largo que uno tiene para uno que no lo puede tener en otro lado. Esa es la contra que tiene Nueva York: puede ser que cuando vaya allá tenga satisfacciones en lo personal. Pero lo ideal sería ir hasta allá, mostrar y decir: “Lo que hago es esto y chau....” Y venirse. Pero entrar allí y todavía por contrato,  ¡ah!, eso no. Un caso raro es Solari: vive en Nueva York, en las afueras, y es el mismo canario que hace veinte y pico de años que antes era.  

 

Vivir la emoción de ese instante

 ¿No cree que hay una similitud entre la obra de Solari y la suya?

 -         El  tal vez sea más fraybentino que yo mercedario. ¡Fíjese lo que le digo! El prendió una cosa de Fray Bentos, de la comarca, que ha permanecido. El fijó más esos temas. No sucede como conmigo: yo soy más gallina loca y yo he andado picoteando. El fue fijando y puliendo determinados objetivos que estaban dentro de la obra. Y en mi caso, me parece, está más le experiencia. Con respecto a la exposición de los cardos, yo le decía a Vicente Martín: “No sé si es con el  cardo, pero es una experiencia que se puede hacer con otras flores”. O si usted lo quiere una experiencia andando en bicicleta. Y así está la cosa: una emoción que usted la puede fijar en un cardo, en un carro o en una bicicleta. Es fijar una emoción y proyectarla en la obra. Por eso le dije a Martín: “Mira Vicente, de pronto es más importante vivir ese momento de emoción que el propio momento de plasmarla”. ¡Porque por ejemplo, usted puede dibujar esa puerta o un farol o puede mirarlos. De pronto usted recrea más esa puerta o ese farol –sin proyectarla a los demás claro- que plasmándola en una obra. La intensidad que está viviendo esa experiencia es más valiosa. Yo siempre digo: “Hay gente que mira un cuadro que es más pintor que el que lo hizo”. Se dice: “No pinta quien tenga ganas, sinó quien pueda pintar” Pero no... pará... no por pintar se es pintor tampoco. Pintar es vivir una cosa y cuando aparece un arte, se vivió una cosa y lo transmite. Cuando pasa el tiempo, y aún una obra sigue transmitiendo, ahí está un poco, la función del pintor. Y eso ha sucedido con los grandes de la pintura, quienes es su momento no se daban cuenta de lo que estaban transmitiendo. Unamuno decía que Cervantes fue creciendo con el Quijote. El Quijote fue creciendo solo, fue viviendo, y ese personaje se le escapó a Cervantes. Y entonces el Quijote se lo llevó a Cervantes como escriba, como medium, para transmitirle todo y que él pudiera escribirlo. Esa es una paradoja que se da en todo arte.

Luego de tal reflexión, Fernando Cabezudo se detiene como si al hacerlo quisiera tomar un poco de aliento y pregunta:

¿Usted nunca va a Mercedes?

-  No. Nunca fui.

-  ¡Ah!, pero tiene que ir. Allá están las calles, los empedrados, los sitios aún intocados. Y además, en casa, tengo un gran patio con mucha luz y un duraznero que da mucha sombra.  

 

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